Películas españolas
Mi vacío y yo: Normalizar la mirada sobre lo trans

La historia de Mi vacío y yo es la de Raphi, una joven trans que viene de Francia y vive en Barcelona. Diagnosticada con disforia de género, Raphi empieza un camino de descubrimiento de sí misma. Premio Especial del Jurado en el Festival de Málaga, la película trata las experiencias de Raphi en ese proceso, a través de sus experiencias en citas con hombres, en su trabajo, en su escritura, con las vivencias de otras personas trans o a través de una compañía de teatro.
Adrián Silvestre vuelve con una nueva película que se estrena menos de un año después de su último filme, Sedimentos. Si en esa propuesta se trataba desde el documental la reunión y convivencia de seis mujeres trans en un pequeño pueblo de León, ahora con Mi vacío y yo estamos hablando de una ficción -aunque creada a partir de experiencias muy reales- desde una experiencia individual. Juntas forman ya un díptico inédito -y, por tanto, histórico- sobre la cuestión de lo trans en el cine español, uno profundo y sincero.
Es indudable el peso social de una película como Mi vacío y yo: Silvestre ha creado las condiciones para que una mujer trans como Raphaëlle Pérez cuente su propia historia, desde el guion y protagonizándola, conquistando el relato y exponiéndose en su autodescubrimiento. Una vez valorada esta importantísima representación y punto de vista, cabe también preguntarse si la película consigue asimilar de verdad el testimonio sobre lo que suponen las condiciones de género e identidad en la vida de su protagonista. Si lo que propone tiene un valor cinematógrafico propio y dialoga realmente con el tema que trata.
La ética de la imagen

Mi vacío y yo es un camino de varios meses por la vida de Raphi. La película muestra su realidad de una forma seca, recreando difíciles experiencias reales, con toda la dureza psicológica de la transición y la presión social que la rodea. Lo hace dejando que sean las caras y las reacciones de Raphi las que dominen los tiempos y los espacios. Es decir, la sensibilidad de Silvestre está en darle realmente un peso propio a Raphi como persona/personaje en los planos de la película, sin necesidad de revestir lo que ocurre. No hay «inmersión», hay más bien una serenidad sincera y respetuosa con lo que se retrata.
Lo que en otro tipo de película podría considerarse como una forma de narrar acomodada o homologable comercialmente, es quizás uno de los principales méritos de Mi vacío y yo. Dándole al filme ese lenguaje audiovisual limpio y funcional, muy centrado en lo que hay de humano en el encuadre, Silvestre normaliza la mirada sobre lo trans. Ser trans es ser une más, y por eso el audiovisual no debería centrarse en dramatizar o espectacularizar su discriminación, parece decir el director desde una imagen que ya no es excepcional. Limitar el artificio o la coreografía hace más evidente su sufrimiento, sus dudas o su pasión, porque son las de todos.
Lo rompedor en Mi vacío y yo

A toda esta ética de la imagen se adhiere otro método: el gusto -que se ve al recoger las dinámicas de un colectivo teatral- de Silvestre por confundir los límites entre la ficción y la no ficción, con cuyos dispositivos y métodos de trabajo (espontaneidad, falta de diálogo escrito, actores no profesionales…) se siente claramente cómodo y domina. La intuitiva fotografía de Laura Herrero Garvín (La Mami) crea un efecto de imprevisibilidad en varias de las secuencias. Así sacude más la violencia o la vergüenza cuando va deslizándose en algunas de las vivencias de Raphi.
Mi vacío y yo se puede considerar como una película claramente rompedora. Lo es, como decía, en el empoderamiento de la protagonista como sujeto activo de su propia historia y en esos dispositivos formales y de dirección que acompañan su viaje en busca de un lugar solo suyo. Pero también lo es, paradójicamente, adaptándose a algunos códigos narrativos y formales de la ficción más clásica, apropiándoselos para crear un relato distinto de las vidas trans, asociadas siempre a la marginalidad del discurso.
La puedes ver online en

Arturo Tena