Críticas
Mi otro Jon: Qué mal cuerpo

Stills de 'Mi otro Jon'. Montaje: ©Cine con Ñ
En Mi otro Jon Carmen Maura es Merche, una mujer que descubre que tiene una grave enfermedad y que le queda poco de vida. Por eso mismo, en vez de lamentarse, decide aprovechar su tiempo: primero haciendo realidad el sueño de sus amigas de la residencia y después el suyo propio. Pero para conseguirlo no solo necesitará de la compañía de su hijo, sino que directamente deberá cambiar de cuerpo.
Hijo del fundador del Grupo VIPS, Paco Arango se ha acabado distinguiendo como director por lavinculación de sus producciones a su compromiso como filántropo. Después de las series ¡Ala…Dina! (2000) y El inquilino (2004), ha sido el éxito incuestionable de Maktub (2011), producción que destinó sus beneficios a financiar, a través de la Fundación Aladina, también fundada por Arango, un nuevo proyecto de ayuda a niños enfermos de cáncer. Desde aquella ha repetido la fórmula solidaria y emotiva con una aventura en inglés (Lo que de verdad importa) y una incursión en el cine familiar (Los Rodríguez y el Más Allá), todas ellas alineadas a valores morales católicos tradicionales.
No es una excepción esta Mi otro Jon, un nuevo despliegue en busca de la fibra sensible con familia, duelo y ganas de vivir. En este caso, la novedad de esta película benéfica está en su homenaje a todo tipo de motivos y situaciones de la comedia clásica norteamericana. Pero este «cosas que hacer antes de morir» no funciona más que como excusa pillada con pinzas para un desfile de cameos bienitencionados y comedia de respiración asistida.
Mi otro objetivo

Digamos que Mi otro Jon es una coctelera indiscriminada de ideas… poco elaboradas, vamos a decir. Aunque la trama de ‘si la vida te da limones…’ puede resultar ya de un mr.wonderfulismo difícil de aguantar, el hecho es que esto mismo se puede hacer bien sin cambiar su esencia amable (o su «alma», como dirían en esta película). De hecho, el esqueleto inicial de la película —Carmen Maura haciendo el bien junto a su grupo de simpáticas amigas, el cambio de cuerpos, el tema del volcán de La Palma de fondo— podría resultado en algo muy respetable si se le hubiera puesto un poco más de atención a lo que va pasando en guión.
Pero parece que el esfuerzo ha ido el objetivo benéfico y juntar a los actores para conseguirlo, y luego ha venido lo de encajar algo rápido con esas piezas. Cualquier enredo, relación entre personajes o equívoco está reducido a la noción más superficial posible. Aunque se escriba para niños, una situación cómica es muy difícil que esté bien: requiere una cierta elaboración, un ritmo, una cadencia y una chispa determinada. Y Arango, más especialista en ir a tocar lo emotivo, cree que puede resolverlo con dos brochazos.
El homenaje y la comedia

La coartada de la comedia clásica tampoco funciona como forma de excusar su humor perezoso. Rendir homenaje no significa replicar los elementos superficiales de una película o un género, es recoger su esencia y replantearlo a tu manera, aunque sea exactamente con los mismos mimbres. No me quiero poner muy posmoderno, pero esa es la forma de rendir pleitesía a un tipo de cine o sus situaciones: demostrar que las has entendido convirtiéndola en algo que, por lo menos, tenga un giro o una mínima reelaboración.
Lo que pasa en esta película no salva nunca la sensación de pegote de varias tramas y situaciones de guión que hasta una IA gratuita habría descartado por demasiado sobadas. Juntando todos sus trozos, además, Mi otro Jon se hace larguísima para el tipo de película que es, con una estructura incomprensible que solo se explica por la cantidad de caras conocidas que había que meter de alguna forma u otra. Lo mejor: el placer cinéfilo patrio de ver un rato juntas a Carmen Maura, María Luisa Merlo, Marisol Ayuso y María José Alfonso.


Arturo Tena