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Reportajes

La loca historia de ‘Los resucitados’, el homenaje al fantaterror que tardó más de 20 años en estrenarse

La comedia documental 'Mi adorado Monster' repasa el caso de la película de 1995 de Arturo de Bobadilla, el fan que llevó hasta el final su sueño de hacer cine
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1994. Rodaje de El día de la bestia. Álex de la Iglesia, el director, y Manuel Tallafé, uno de los actores, están sentados en la zona del combo. Detrás de ellos y entre los dos, aparece una mano con un casete de Manolo Escobar. El hombre de la mano, que se presenta como Arturo de Bobadilla, le regala la cinta a de la Iglesia y se marcha. Pero en realidad no se ha ido. Ese extraño curioso vuelve a aparecer en el catering del equipo, comiéndose un sobao con Cola Cao. Se acerca otra vez a Tallafé y le dice que quiere contar con él para una película que está preparando con Santiago Segura y Paul Naschy. Se llama El hombre lobo contra los templarios (Los resucitados).

Esa fue la primera vez que Tallafé escuchó el nombre de una película que rodó y no vio, pero de la que oiría hablar durante más de 20 años. El nombre de la película aparecía recurrentemente en las conversaciones entre los aficionados al fantaterror, que hicieron leyenda a su director y hicieron crecer las expectativas con Los resucitados, que no se estrenaría hasta 2017. Uno de aquellos fans del género que conoció a Bobadilla a principios de los 90, el director Víctor Matellano (Regresa el Cepa, ¡Zarpazos! Un viaje por el spanish horror), ha contado ahora esta historia en el documental Mi adorado Monster, una comedia de monstruos, frikismo y pasión por el cine.

Un rodaje estrambótico que acabó en leyenda inacabada

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Santiago Segura, uno de los actores de ‘Los resucitados’

Los resucitados es un homenaje y rehabilitación del espíritu de las películas de género que hicieron el propio Paul Naschy, Amando de Ossorio o León Klimovsky en los años 70 y que habían caído en el olvido en los 80 y 90. La película de Matellano, que se estrena en cines seleccionados este 21 de enero, repasa con humor y distintos perfiles -que van desde Alaska a Antonio Miguel Carmona- todo lo que rodeó a esta película de templarios y posesiones demoníacas basada libremente en textos de Bécquer. Desde su estrambótico proceso de creación hasta la peculiar figura de su director, colaborador fundamental en Mi adorado monster.

El rodaje de Los resucitados, que se hizo entre la casa de Bobadilla y distintas localizaciones de Madrid y Toledo, osciló entre lo caótico y lo underground. Literalmente: iban a hacerla en metro, con varios de los actores ya vestidos de cruzados o religiosos por los vagones. Por supuesto, nadie cobró una peseta de una película que, como se dice en el documental, «no llegaba a ser ni serie Z» . No había ni para pagar el billete de metro de vuelta. De hecho, Matellano explica a Cine con Ñ que se acabó el dinero también para pagarle los taxis a Naschy, que era «lo único que había pedido» como condición cuando aceptó hacer la película.

Mi adorado Monster, en clave de mockumentary, da todo tipo de detalles del improvisado y alocado proceso de creación de Los resucitados, que van desde el pan de molde que se daba en casa de Bobadilla, pasando por un accidentado uso de una espada, hasta el intento de rodar solo con la luz de un mechero. La película se grabó con distintas cámaras y formatos (sobre todo en SuperVHS, pero también en Super 8 o 16 milímetros) y, aunque el director de Los resucitados lo niega, varios de los involucrados aseguran que la película no tenía guion y Bobadilla escribía en un papel los diálogos el mismo día de rodaje o directamente se los recitaba a los actores antes de grabar.

El documental explica, a través de los que lo vivieron, lo que fue hacer esta especie deThe Room (Tommy Wiseau, 2003) española. «A mí todo aquello me parecía un despropósito», dice Matellano sobre sus impresiones del proyecto entonces como amigo de Naschy, al que visitaba frecuentemente. El mítico director y actor «sí que creía que podía salir una película de ahí» y fue uno de los principales responsables de que Los resucitados se acabara haciendo: era el catalizador para atraer a los demás actores. Pero Jacinto Molina Álvarez, alias Paul Naschy, no pudo ver el resultado antes de morir en 2009.

«Yo era una de esas personas que se encontraba a Arturo a lo largo de los años y le preguntaba por ella», cuenta Matellano, «y él decía siempre lo mismo, eso de ‘estoy ahí, la tengo casi’. Era algo que me llamaba muchísimo la atención». El director resume así lo que sucedió durante dos décadas con la película, que se convirtió en una leyenda porque su director no la acababa. Por recursos, cintas perdidas, esperas interesadas…, fuera lo que fuera, Los resucitados llegó finalmente a estrenarse en 2017, a toda prisa y con mucha guasa, en Sitges o la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, los hábitats naturales de Arturo de Bobadilla.

El sueño americano friki de Arturo de Bobadilla en Mi adorado Monster

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Arturo de Bobadilla, director de ‘Los resucitados’

Es el director el gran protagonista de Mi adorado Monster. En todo tipo de situaciones y disfraces, Bobadilla colabora entregado al espíritu esencialmente cómico del documental. «Primero le dije que no podía hacer la película sin él y, segundo, le comenté que iba a haber humor, que mi planteamiento iba a ser desde la comedia. Le conté también que Tallafé le imitaba, que contaba la historia imitándole». Y el director aceptó el juego cómplice «de una forma absolutamente generosa», dice Matellano, que asegura que se autoimpuso «el límite del respeto y el cariño» con él. «Reírte con algo no significa perderle el respeto», aclara.

Así es como, durante todo el documental, Bobadilla es perseguido por un templario monstruoso. «Como todas las personas, Arturo es muy poliédrico. Me interesaba hacer como un desdoble o tresdoble, entre lo que somos, lo que nos ven los demás y lo que nosotros vemos de nosotros mismos. Lo que podría ser la realidad, que no sabemos cuál es», explica el director, que asegura que «Arturo ve otra película de la que vemos nosotros en Los resucitados» y que por eso le interesaba proponer que de la pantalla de cine «pudieran salir nuestras pasiones y nuestros demonios» como ese particular monster que se convierte en una especie de conciencia.

Persona y personaje, el director de Los resucitados aparece en Mi adorado Monster sobre todo como un gran aficionado al cine y al mundo del fantástico y el terror. Ese es el origen de toda la historia y del planteamiento para que se hiciera realidad aquella loca idea. Su pasión por el género le llevó a hacer distintos cortos y a acudir a los festivales de cine, primero como espectador aficionado y después como colaborador de la revista especializada Fangoria. Una trayectoria de energía que le llevó a convertirse en toda una referencia en la Semana de Cine de San Sebastián. Hoy regenta su libreria Ozymandias, en pleno centro de Madrid, también especializada en fantasía.

La alargada figura de Arturo de Bobadilla crece al encarnar al fan que consiguió hacer su película de forma héroica. El sueño americano del friki. «Él tiene la suerte o desgracia de ser ese fan que lleva hasta las últimas consecuencias lo que le gusta. El resto de los fans solo se convierten en espectadores, es raro que alguien consiga hacer una película», explica Matellano, que asegura que quería homenajear «esa persistencia que tienen muchos fans de ir hasta el final, de llevar las cosas hasta la última consecuencia independientemente de los resultados».

En el horizonte del propio Bobadilla hay incluso una posible secuela. Un Los resucitados 2 que continuaría la leyenda. «Estamos en unos parámetros completamente diferentes a los del rodaje original, sería como fabricarla de nuevo», comenta Matellano, aunque no descarta la posibilidad porque es lo quiere hacer ahora Arturo de Bobadilla, que está trabajando en ello con Paco Limón (Sesión salvaje). «Me parecería muy bien que pasara. Hay que luchar por los sueños, que es también uno de los mensajes de Mi adorado Monster. Él tiene ese sueño ahora. Y es real».

Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.

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