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Luis Ciges, un secundario eterno en 5 grandes momentos

Como robaplanos máximo de papeles que a veces solo eran ‘conserje’ o ‘guardia’ en el guión, Luis Ciges no se conmemora con una lista de películas, sino de momentos

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Luis Ciges es ese secundario mítico del que muchos espectadores no conocían el nombre pero cuando lo veían sabían que les sonaba de aquella otra, ¿no te acuerdas? Que hacía un papel muy gracioso. En este país que tanto ha cultivado a sus ‘característicos’, el madrileño, conocido por su capacidad de improvisación -aunque lo odiaba- y su seriedad para el humor absurdo, sobrevivió desde la posguerra hasta el siglo XXI como secundario, pero no de lujo, sino completamente coherente con su papel.

Tanto es así que va y hace coincidir su centenario con los de Luis García Berlanga y Fernando Fernán Gómez, garantizándose, más que tener un protagonista todo el año, el limitarse a una escena de robaplanos, que se queda en la retina y te deja riéndote no sabes muy por qué, y aunque no es fundamental para la trama es lo que sigues recordando años después de ver la película.

De Luis Ciges no vamos a hacer una lista de títulos inolvidables, aunque los tenga, sino de momentos, momentos icónicos de ese rostro de españolito de a pie más castigado que la sandalia de un romano, de ese señor de pueblo que en el fondo no quiere complicarse la vida pero que si puede, también te estafa. La falsa ingenuidad del que mala gente no es, pero tonto tampoco.

A la vejez, viruelas en Farmacia de Guardia

Uno de los parroquianos de la farmacia de Lourdes Cano es don Ricardo, quintaesencia del calzonazos, del señor mayor controlado por su muy maruja y burguesa señorona -doña Rosa, enorme María Luisa Ponte lidiando con un tópico muy extremo-, contra la que se rebela de inesperadas formas pasivo-agresivos. Medio minuto de robaplanos a lo largo de 21 capítulos en cuatro años de la serie de Antonio Mercero. Excepto uno. En A la vejez, viruelas Ricardo, literalmente, contrae la viruela pese a ser ya un jubilado. La emergencia médica no es tanta como la personal, pues coincide con su rebelión contra su tiránica esposa, aunque todo, como es natural en una serie familiar, acaba en tierna reconciliación.

El discurso al anochecer en El milagro de P. Tinto

Sería difícil escoger un solo momento de la primera obra maestra, marca MIKASA, de Javier Fesser -Ciges y él trabajaron juntos por primera vez en el corto Aquel ritmillo poco antes-. Vamos a quedarnos con el culterano discurso de P. Tinto ante un anochecer a cámara rápida que ríase usted de los que contempla Luke Skywalker en cualquier entrega de Star Wars, en el que su hijo adoptivo Panchito se dispone a abandonar el nido y el protagonista considera que ha llegado el momento de revelarle el mayor secreto familiar: es negro.

Un hombre en la cama en Amanece que no es poco

Lo fácil aquí sería tirar por Dostoievski o por el momento de la confesión ante el Comisario. Icónica para la generación millennial y para gente que ya peina canas, la obra maestra de José Luis Cuerda tiene en el personaje de Jimmy, el padre de Teodoro, profesor en Oklahoma, uno de sus chistes que peor ha envejecido de cara a la era de lo políticamente correcto. Así que rebocémonos en la coñita así como vagamente homófoba, para empezar porque tiene gracia por el escándalo que provoca en el personaje de Resines, y luego porque el que más y el que menos ha tenido que compartir cama con un colega varón y se lo ha soltado para ver cómo reaccionaba.

Atrincherado en un campanario en Todo por la pasta

Porque Luis Ciges, sí señor, también rodó con Enrique Urbizu. En una cinta tan macarra como Todo por la pasta, el secundario eterno -que no eterno secundario- interpreta a un jubilado en una residencia de monjitas que, harto de todo, se sube al campanario de la capilla y usa el copón bendito como arma arrojadiza mientras brama «¡Estoy harto de vivir entre viejos! ¡Y de ver la tele, que solo salen hijos de puta!». La falsa psicóloga Azucena, con el rostro de María Barranco, lo convence de que se rinda con una lógica aplastante: si sigue vive, fastidia más a los familiares que lo han encerrado allí que si se suicida.

Espectador del Apocalipsis en Así en el cielo como en la tierra

Luis Ciges ganó el Goya a Mejor actor de reparto por una película de la que, supuestamente, era el protagonista. Solo él podía interpretar a Matacanes, ese españolito de a pie que se muere, sube al Cielo, y resulta que el Más Allá tiene el aspecto de un pueblo español, pequeñito y precario, con San Pedro con tricornio y uniforme de la Guardia Civil. Matacanes es testigo con moderada retranca de cómo se organiza el Apocalipsis, sin tener muy claro cómo reaccionar la mitad de las veces. Sobre todo, con el ánimo del que se sabe secundario y tampoco lo lleva mal. Viendo pasar la vida procurando que no moleste mucho.

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