Películas españolas
Libélulas: Mujeres al vuelo

En algún lugar de la periferia madrileña, Luc Knowles imagina a la juventud sin futuro bajos las formas de dos ninfas descarriadas atrapadas en una trama de drogas, sexo, familias disfuncionales y policías corruptos. Sus Libélulas, el título de la película y el nombre con el que el cineasta denomina a sus etéreas criaturas, son mujeres desesperadas con la misión de una huida hacia delante, en busca de una verdad generacional local y global intercambiable, sin importar el lugar ni el tiempo.
El cine codifica gestos y formas, traduciendo estados de ánimo en motivos visuales, emociones en movimientos de cámara. Los actuales retratos de la juventud no dejan lugar a dudas del nihilismo, embellecido, que planea y atraviesa las perspectivas de los menores de 25 años, como también nos recuerdan que, generación tras generación, las batallas que se libran a menudo son similares. No es casual que Knowles invoque en su ópera prima tanto a los chicos malos de Larry Clark de hace 25 años como las turbulencias de Euphoria o las horas mágicas de Sean Baker.
Todos ellos, como Knowles, comparten una idea de fotogenia que, al menos aquí, se impone por encima del relato. En Libélulas lo de menos son los vericuetos de una trama en verdad poco imaginativa, porque lo que está en primer plano es el desbordamiento de sus protagonistas, cansadas de un proceso de letargo que las encierra en un extrarradio asfixiante. Con ganas de alzar el vuelo, el cómo y el cuándo, como parece anticiparnos la voz en off sobre la que se ancla la película, conducirá a la fatalidad.
El barniz del ‘angst’ adolescente

Si en Pacifiction, por poner un ejemplo reciente, Albert Serra deconstruye los tropos del cine de intriga y de espías, desmitificando el sueño y las imágenes del paraíso tahitiano, Knowles realiza la operación contraria en Libélulas, barnizando su propuesta de capas de colores vibrantes, one perfect shots y lugares comunes sobre el angst adolescente en busca de una atmósfera, de una evocación tal vez demasiado general.
De lo que no cabe duda es de lo bien engrasado que está el equipo creativo con el que ha contado el debutante, desde su director de fotografía Iván Sánchez Alonso, al responsable de su banda sonora, del artista John Vermont, o la actriz Olivia Baglivi, con quienes, en mayor o menor medida, lleva trabajando en diversos proyectos previos del mundo del videoclip y la publicidad anteriormente.
Libélulas: dos amigas y un destino

Milena Smit y Baglivi son Cata y Álex, a cuyo lucimiento se rinde la película de Luc Knowles de principio a fin. Sin duda, ellas, tanto juntas como por separado, dan lustre a la fantasía trágica que Knowles les ha preparado y la intensidad post-adolescente que imprimen a sus personajes llena de energía la pantalla. No solo se trata de una química excelente, sino también de una presencia que cubre vacíos y debilidades de un guion con pocas sorpresas y unas decisiones en ocasiones contradictorias.
Por supuesto, hay una escena cumbre y los casi cinco minutos sin cortes de reproches y gritos entre las dos amigas, momento climático de la cinta, sirve para evidenciar una doble certeza: la consolidación de Smit como promesa actoral de su generación y la irrupción de Baglivi como algo más que una notable compañera de baile.
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Paula Arantzazu Ruiz