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Les dues nits d’ahir: Pasar el duelo cámara en mano

Explorar el duelo desde el naturalismo y un toque de humor absurdo.

Les dues nits d'ahir: Pasar el duelo cámara en mano 1

Les dues nits d’ahir cuenta la historia de Enric, Ona y Marcel, quienes roban las cenizas de su fallecido amigo Pol para poder despedirse de él lanzándolas al mar. Mientras más se alejan de casa y más dudan de qué hacer con las cenizas o con sus propias vidas, más se exponen al dolor de la pérdida y a una cada vez mayor desconexión de la realidad.



La ópera prima de los directores Pau Cruanyes y Gerard Vidal es una road movie que busca hablar tanto del horizonte sin demasiado futuro de la juventud actual como de las formas de lidiar con el duelo y las propias emociones de dicha generación. La película parte de un planteamiento sencillo para, mitad con un poco de naturalismo ensuciado, mitad con algo de humor, no llegar a ninguna parte porque ese es el destino final.

Dos Biznagas del Festival de Málaga y la nominación a Mejor Película en los próximos Gaudí sirven de presentación a este drama que no se aleja demasiado de algunos tópicos de este tipo de películas pero al menos lo sabe, e insiste en no tomárselos demasiado en serio. Un proceso de duelo rodado cámara en mano, sí, pero también robando jamones en gasolineras y con las cenizas de un chaval muerto viajando en tupper, que son detalles de calidad.

 

Les dues nits d’ahir: chavales gritándole al vacíoLes dues nits d'ahir: Pasar el duelo cámara en mano 2

La película tiene, además, el enorme mérito de surgir, como no se cansa de repetir la promoción, de un trabajo de fin de grado. El listón, por el acabado y la complejidad, queda muy alto para Cruanyes y Vidal nada más arrancar sus carreras, confiando además en un puñadito de actores novatos pero, la mayoría de ellos, capaces de dar credibilidad al espectro de emociones extremas que reflejan sus personajes. Es más difícil de lo que parece reírse como si uno estuviese muy drogado sin estarlo.

Luego está la cuestión de que Les dues nits d’ahir entra en el subgénero del drama de «chavales gritándole al vacío». En su escapada a ninguna parte los protagonistas irán acumulando tópicos, incluido el de rescatar a una autoestopista que sirve de baremo para su huida de la realidad: el nuevo personaje no puede creerse lo que ve u oye en la mitad de sus escenas. A veces, un poco, el espectador también.



Como ya se ha dicho, al menos el cámara en mano y la búsqueda de cierto naturalismo sucio consiguen restarle solemnidad a los momentos «chicos intensos» y filtrar los golpes de humor absurdo de manera que tienen más gracia, por chocantes, que si se subrayasen exagerando la comicidad.

 

Les dues nits d’ahir: formas de huir del dolorLes dues nits d'ahir

No deja de ser adecuado que el estreno de esta película coincida en el mismo fin de semana con el de Los inocentes y, aunque ambas estén rodadas mucho antes, con este último mes de disturbios callejeros vía excusa de Pablo Hasél o agresión de Linares. Unos enfrentándose a un desalojo a pedradas y los otros no sabiendo con quién quieren acostarse porque están tristes por la muerte de un amigo, pero todos sin saber asumir un futuro sin esperanza.

Los protagonistas lidian mal con su duelo, si es que existen formas de lidiar bien, suspendidos en la irrealidad de esa tregua que se conceden antes de asumir la edad adulta. La inevitable fiesta de cualquier película de «chavales poniéndose intensos con cosas de personas mayores», rodada con frialdad y su punto de sordidez, nos deja claro, antes de la escena final, que todas las respuestas forzadas acaban siendo vacías.

Por ir acabando: brillante a ratos, absurda a otras, intensa cuando toca y cuando no pero con la ventaja de que tiene la decencia de reírse de ello, Les dues nits d’ahir es un drama más que correcto en el que todos sus participantes destacan por su talento y profesionalidad. Porque hasta para gritarle al vacío -como sustituto de ir a terapia- hay que saber.

 

Jose A Cano (@caniferus)

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