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EL CLÁSICO DE PEROJO

‘La verbena de la Paloma’: costumbrismo y pegamento social

La película de Benito Perojo es una muestra ejemplar de aquel cine republicano que se recibió en masa, el de una época dorada que la Guerra Civil cortaría dramáticamente
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Echar la vista atrás para tratar de estudiar el cine de las primeras décadas del cine español es una tarea sujeta a numerosas frustraciones. No hablamos, en absoluto, de una decepción que se produzca por enfrentarnos a películas de ««mala calidad», sino por la enorme dificultad a la hora de encontrar trabajos que, en muchas ocasiones, ya no existen. Su inexistencia no es figurativa, es una pérdida, un borrado literal de cantidades de material fílmico de nuestra historia que desaparecieron de la faz de la tierra.

Tal es la magnitud de estos hechos, que Román Gubern, en su Historia del cine español , asegura que «de la producción española anterior a la Guerra Civil se conserva en torno al diez por ciento de su volumen». Entre las causas de esta tragedia se encuentran, por ejemplo, la falta de infraestructuras y una dejadez sistemática en lo que a la conservación de las películas se refiere. No obstante, el cine sonoro republicano se vio sometido a una purga de la memoria histórica tras la victoria del franquismo en 1939.

La destrucción, ya por desidia o por convicciones políticas, nos deja en una posición delicada, en la que solo podemos acceder a un pequeña parte del patrimonio cinematográfico del país. Resulta especialmente doloroso si se tiene en cuenta que, durante el último bienio del periodo republicano (1934-36), el cine nacional alcanzó las mayores cotas de popularidad de su historia. Afortunadamente, de la que, para algunos, fue la edad de oro del cine español, conservamos La verbena de la Paloma (1935), famosísima película de Benito Perojo.

El cine sonoro llega a España prácticamente al mismo tiempo que la monarquía de Alfonso XIII se derrumba. Sin embargo, aunque la llegada del sonido parecería implicar consecuencias positivas para las posibilidades del séptimo arte, esta supuso un golpe mortal para la industria española, que apenas había sido capaz de adaptarse a las previas demandas del mercado internacional.

Los primeros años de la década de los treinta serán, por tanto, durísimos para el cine español, el cual tendrá que buscar –de nuevo– estrategias que le permitan salir a flote. ¿Qué había funcionado durante la década anterior? Pues, en términos de cine «reconociblemente español», no demasiados trabajos. La eterna pugna contra las cinematografías extranjeras se saldaba con las usuales derrotas o con la imitación estéril de géneros «no propios» –cuestión a la que volveremos en otros textos–.

No obstante, podríamos destacar la primera versión de La verbena de la Paloma (José Buchs, 1921) como ejemplo de cine popular español que sí triunfó en los años veinte. Esto nos da las claves que, sin duda, también se apuntaron diligentemente productoras como CIFESA en los años treinta: el cine que conectaba con el público español pasaba por la tradición popular pre-cinematográfica, por el género chico, por la zarzuela, por los números musicales. 

De este modo, para la temporada 1934-36, se producirían inapelables éxitos como, por ejemplo, La hermana San Sulpicio (Florián Rey, 1934), Nobleza baturra (Florián Rey, 1935) o La verbena de la Paloma (Benito Perojo, 1935) —en la que nos detendremos enseguida—. Todos ellos tendrían varios denominadores comunes: no eran argumentos cinematográficos originales, ya que sus fuentes provenían del teatro popular; la inclusión de números musicales dinamizaba el desarrollo de sus argumentos; su ambientación tendía a un marcado costumbrismo y folclorismo, no exenta de humor en absoluto.   

Un cine, en definitiva, que nos indica el triunfo de la evasión y del entretenimiento en un momento sociopolítico muy tenso. Examinar con más atención un hito de nuestro cine popular como La verbena de la Paloma nos permite comprender mejor qué buscaba el público de la época.

La de Benito Perojo cumple con todos y cada uno de los elementos que mencionábamos. Su argumento, anterior al cine, gira en torno a una comedia de enredos en la que Julián y Susana, enamorados pero enfrentados entre sí, juegan al gato y al ratón. De por medio, el boticario Don Hilarión, viejo verde con dinero al que la propia Susana y su amiga, Casta –ojo al nombre–, dan falsas esperanzas. Será en la verbena del barrio, tras varios encuentros y desencuentros, donde los protagonistas aparquen su enfado y, contra todo pronóstico, se reconcilien.

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‘La verbena de la paloma’ (1935)

Definitivamente, estamos ante una historia que se articula a través de ejes muy sencillos, como equívocos del día a día o una versión simplificadísima de los celos y las relaciones de pareja. Serán los números musicales los encargados de vehicular parte de la acción para un público aún no muy habituado al cine sonoro, pero sí a la distracción de espectáculos de variedades que ha frecuentado con anterioridad.

La ambientación, tal vez, sea el elemento más interesante de La verbena de la Paloma, ya que nos informa de la importancia de los ritos culturales y los lugares de socialización más típicos como esenciales para unificar a la comunidad. Bodas, bares, restaurantes y, por supuesto, la verbena –con su feria, música, baile, etc.–, serían piezas fundamentales del pegamento social.

Toda esta amalgama de elementos, en los que también podríamos destacar el énfasis en el vestuario o en la utilización de dichos populares, es resultado del deliberado costumbrismo que exhibe La verbena de la Paloma. Si algo es predominante es la búsqueda de lo costumbrista, de aquello que capture la esencia cotidiana de una sociedad particular, un núcleo identitario en el que el público se reconozca.

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Tres de los protagonistas de ‘La verbena de la paloma’ (1935)

Ahora bien, en esa representación de lo comúnmente aceptado, lo costumbrista suele tornarse estereotípico, alejado de la confrontación contra aquello que pone en pantalla. Como resultado, el costumbrismo de La verbena de la Paloma busca el afecto del público en su ligereza y falta de pretensiones. Recordemos que estas películas llevan con orgullo su condición escapista, una de las razones de su éxito popular. 

Sin embargo, no querría cerrar este análisis dando la sensación de que el filme de Perojo no ofrece hallazgos audiovisuales estimulantes. De hecho, el director toma interesantes decisiones de montaje entre diferentes escenas, que se entroncan a la perfección con el juego de expectativas amorosas entre los dos protagonistas.

Por ejemplo, en algunas ocasiones, Perojo opta por ligar los espacios de Julián y Susana a través de barridos de cámara muy agresivos que conectan dos escenas diferentes. En vez de optar por el típico corte, la intensidad del barrido establece una conexión muy particular entre los mundos de los personajes.

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Rimas visuales en ‘La verbena de la paloma’ (1935)

Otro caso en esta misma línea es la creación de rimas visuales mediante el montaje. Así ocurre cuando escuchamos el número musical de Julián mientras trabaja en la imprenta: la cámara se acerca a una rueda giratoria de las máquinas del lugar que dará paso, en un corte, a la rueda de la máquina de coser del taller de costura donde trabaja Susana. Con un gesto tan simple, Perojo enfatiza una conexión especial –y espacial– entre los mundos de la potencial pareja, un certero estímulo a las expectativas de su encuentro.

La verbena de la Paloma es, a modo de conclusión, una muestra ejemplar de aquel cine republicano que se recibió en masa, el de una edad dorada que la Guerra Civil cortaría dramáticamente. Más allá de su insistente costumbrismo, bastante estereotípico y acrítico, merece la pena dar una oportunidad al expresivo trabajo de Benito Perojo, definitorio de una época casi borrada del mapa.

La puedes ver online en

Fernando Sánchez López

Doctorando en el programa de Estudios Ibéricos de The Ohio State University, con especialización en Estudios Fílmicos. Graduado en Estudios Ingleses y Máster en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad de Salamanca. Su línea de investigación principal es el cine español y ha publicado artículos académicos en revistas como Secuencias: Revista de historia del cine, Transnational Screens o Filmhistoria online, entre otras.

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