Películas españolas 2026
La manzana de oro: La extraña seducción del último verso

La manzana de oro es el gran premio de poesía que reúne a un grupo de poetas de varias generaciones en una hospedería gallega. Allí, sus distintos personajes, la mayoría con historias pasadas que resolver, conviven durante un fin de semana. Pronto aparecen antiguos recelos, viejos y no tan viejos amoríos y algunos nuevos por descubrir. Mientras, la poesía sigue abriéndose paso.
A sus 80 años, Jaime Chávarri ha vuelto a dirigir una película. El histórico director de El desencanto rompe su silencio cinematográfico —no hacía una desde Camarón (2006), biopic del genio del flamenco que le valió el Goya a Óscar Jaenada— para firmar una comedia que busca su propia lógica en el mundo de la poesía. No tanto para «hablar de» sino para «hablar como», usando el género literario para navegar en una historia que tiene su esencia de sátira, sus metáforas escondidas y hasta letrillas de motivos repetidos.
¿Qué se puede sacar de estos versos? Pues una película extrañísima. La manzana de oro funde un cierto clasicismo formal, a veces directamente vetusto, con una expresividad bizarra, socarrona de la forma más descolocante. Y eso hace, por momentos, que la propuesta sea más plomo que pluma. Aún así, la película se salva por idealista, por empeñarse en mantener sus rimas en objetos y tramas, en seguir recitando incluso a riesgo de que ya nadie te escuche.
Poesía para todos

La manzana de oro es una película hipercoral. Hay muchos personajes con sus respectivas personalidades y líneas argumentales, en un empeño de Chávarri y José Ángel Esteban —que ya había cofirmado el guión de otra película de Chávarri, Besos para todos (1995)— por representar de una forma amplia distintos perfiles y relaciones con la poesía. Aunque no tienen todos el mismo espacio ni minutos, hay por lo menos 10 personajes que tienen su propio desarrollo (muchas veces entremezclado) en esta adaptación de una novela de Fernando Aramburu (Patria) que se respeta solo en las coordenadas principales.
Arriesgándose con tanto poeta y poetisa, Chávarri busca el discurso más heterodoxo que se puede permitir, tanto para reírse de la poesía como para reivindicarla. Me explico mejor: la presencia de tantos personajes es un empeño por hacer comedia con la identificación superficial del género literario (me río del lenguaje elevado de la poesía y sus intensidades y trascendencias) y, al mismo tiempo, reivindicar su potencialidad evocadora (se mantiene como fuerza primaria que la hace moldeable e intergeneracional).
Ese empeño por cubrirlo todo, además de un particular sentido del humor, hace que la película sufra muchísimo como el puro divertimento que en realidad pretende ser. Varios personajes se cubren a tientas y la tensión dramática se pierde en una tela de araña argumental muy frágil y demasiado alargada. Todo esto se lo pone muy difícil a los giros que cuidadosamente Chávarri y Esteban han confeccionado para su último acto.
Chávarri contra la IA

Dicho esto, la película es una refutación tan frontal a cualquier tipo de comedia domesticada que se hace en España que consigue seducir de la forma más rara. En ese sentido, y como le pasó a José Luis Garci en El crack cero (2019), Chávarri sí que ha conseguido que su toque de cine añejo y ajeno a nuestros tiempos llegue a un estado gaseoso que atrae y descoloca. Desde lo intensamente barroco de la palabra hasta la suavidad de las imágenes y su música. Un sainete moderno.
Chávarri recita así convencido hasta el final, principalmente sostenido por los personajes de Marta Nieto y Sergi López, que aguantan con personalidad cualquier envite, desbarre y diálogo difícil de tragar. Desconcertante, del todo rechazable, pero también con un encanto particular que con el tiempo le puede dar un estatus diferente. Jaime Chávarri, director de un tipo de producción que ya casi no existe, estrena una posible última película que existe no se sabe muy bien cómo ni por qué. Quizá todo lo que suene a despedida tiene algo de poético.
Imágenes: La manzana de oro (Montaje de portada: Cine con Ñ)

Arturo Tena