Críticas
La boda: Un montaje sin amor

Fotogramas de 'La boda'. Montaje: ©Cine con Ñ
La boda es la de Felisa y Sebastián. Se conocen de toda la vida, se están casando, pero parece que no hay mucha química entre ellos. La realidad es que, una vez se van de luna de miel a Motril, hacen vida por separado. El motivo real de la boda es económico. Pero cuando empiezan a pasar los días en el hotel, algo cambia.
Elena Furiase y Daniel Chamorro son una pareja de aparentes opuestos, de esas que solo un pueblo puede forjar, en la primera película de Pedro Cenjor como director. A su manera, La boda reivindica un espacio para el drama romántico costumbrista, de baja intensidad y poco aspaviento, desde esa normalidad anormal tan reconocible en muchos pueblos españoles.
Cuando la película incide en esta descripción ambiental para sus dos protagonistas y les da unas dinámicas íntimas, Cenjor encuentra un espacio de verdad al que dan forma Chamorro —especialmente— y Furiase. Su problema es cuando tiene que desarrollar un argumento dramático, con un nudo y un desenlace. Ahí, probablemente lastrada por un montaje problemático, la película se desinfla sin encontrar un nuevo impulso.
Luna de Motril

Aceptando el punto de partida —que es de aquella manera o no está muy bien explicado (para ganar dinero de verdad con una boda se necesita mucho dinero de los invitados)—, la película acierta al arrancar desde un espacio de una cierta duda o misterio sobre lo que está ocurriendo de verdad entre sus protagonistas. Y más en un lugar determinado, tan de andar por casa como puede ser un hotel cualquiera de Motril, en el que están condenados a coincidir.
Esta sensación de incomodidad permite ir conociendo a los protagonistas al mismo tiempo que ellos se redescubren, a sí mismos y entre ellos. Es un margen psicológico y dramático interesante, en el que cada uno puede ir encontrando su sitio y todo tiene una cierta ironía de fondo. Aquí se concentran algunas secuencias descriptivas, las mejores de la película, que permiten a sus dos actores protagonistas ir un poco más al matiz de lo no hablado, al subtexto, y menos a hacer avanzar obligatoriamente la trama.
La boda y la tijera

Cuando termina el viaje, la película empieza a entrar en barrena. Las tramas paralelas de los dos personajes y la resolución romántica no tienen tensión dramática, y todo se acaba resolviendo a brochazos, por unos cauces muy básicos. Hay aquí una sucesión de secuencias que se quedan cortas en todo (escritura, dirección de actores, intensidad actoral…) y simplifican la película hacia la pura resolución argumental.
La sospecha que sobrevuela con La boda, como pasa en otras muchas producciones, es que o se ha cortado o directamente no se ha rodado parte del desarrollo que habían escrito Cenjor y Corina Salerno. Ya sea por temas presupuestarios o por exceso de metraje, se nota que a la película le falta cuerpo para convencer.
Por ir cerrando el convite: La boda es una película que resulta insípida en la resolución del destino de esta ‘extraña pareja’. Es una lástima, porque el trabajo con sus dos protagonistas está bien hecho y tiene un arranque que promete una riqueza basada en la mayor de las humildades. No ha podido ir más allá.

Arturo Tena