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El ocaso africano de Karen Blixen en Extremadura

María Pérez Sanz explica las claves de su antibiopic sobre el declive en Kenia de la escritora de ‘Memorias de África’

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En agosto de 1931, Karen Blixen volvió a Dinamarca. La colona y tardía escritora de éxito cerraba una etapa de más de 15 años «al pie de las colinas de Ngong», a las afuera de Nairobi (Kenia). La película Karen, de María Pérez Sanz (Malpartida Fluxus Village), recoge ese breve período de tiempo en el que Blixen cerraba su etapa africana, ya en plena decadencia económica y personal. Si fue el cine el que la convirtió en un icono dramático gracias a la adaptación Memorias de África (Sydney Pollack, 1985), ahora vuelve a ser el cine el que desmitifica su figura y la coloca en un antibiopic extremeño sobre el destino y el colonialismo.

En conversación con Cine con Ñ, Pérez Sanz se desmarca rápidamente de una lectura de Karen como acercamiento biográfico o psicológico. Al principio, la escritora era más bien un vehículo: «Estaba buscando algo para filmar el paisaje extremeño. Ya había rodado unos cuantos cortometrajes, y tenía esa idea de llevar una especie de odisea africana a Trujillo. Y fue cuando empecé a poner en pie los elementos de la película que me di cuenta de que era importante que el personaje principal fuese mítico o conocido por el público; me permitía no tener que dar demasiadas explicaciones y así centrarme más en el relato, que era lo que me apetecía», explica Pérez Sanz.

Karen, Karen y Christina

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A medida que avanzó en la investigación de la vida y obra de Blixen, Pérez Sanz sí que sintió «identificaciones y conexiones» para crear un personaje femenino que le acabó pareciendo «enigmático, fascinante y muy contradictorio». Pero eso significaba también un duro trabajo: «Cuando te enfrentas a alguien con tantas capas, tan emblemático, te puedes perder por el camino. En el guión -escrito junto a Juan Carlos Egea- hubo que llegar a un punto en el que sintiera que estaba haciendo mi película y que Karen la podía transitar, sin que se fuese a un lugar que no queríamos o en el que ya había estado, como la película de Sydney Pollack», dice la directora.

La película acabo centrándose en los últimos tiempos de Blixen en Kenia, en los que languidecía en su finca y sus plantaciones de café: «Queríamos trabajar en esa idea de final de época y qué le hizo ser la escritora que fue después. Fue una escritora tardía, y volvió a Dinamarca con una mano delante y otra detrás antes de escribir Siete cuentos góticos (1934) y luego Memorias de África (1937). Ahí detrás está esa idea de fracasar para encontrar, de morir para nacer. Me interesaba esa idea y ese lapso».

Junto a este retrato estaba también un concepto muy presente desde los primeros títulos de crédito del filme: el de destino divino. Para Pérez Sanz, «hay personas que creen en el destino y otras que no, que piensan los hechos como una sucesión de situaciones azarosas. Blixen era una mujer de destino impresionante: en todos sus cuentos y su literatura hay un dios que mueve los hilos; pensaba que todos somos marionetas y todos estamos engañados por él».

Para interpretar a esta Blixen, Pérez Sanz ha confíado en la artista Christina Rosenvinge. «Lo que me interesaba de Christina era más su ser que su parecer: por su origen danés, por su experiencia vital, porque es una artista, porque siempre ha sido una extranjera, tanto aqúí como en Estados Unidos. Había muchas conexiones», dice la cineasta, que cree que Karen es también «una película sobre Christina Rosenvinge. No es Christina intentando ser otra persona. Intenté trabajar con ella de una manera bressioniana: es mi modelo, me apetece filmarla. Es fabulosa. Ya es ella. Luego ya era sólo que el guión ocurriera. Mi trabajo fue más de intentar quitarle cualquier ambición que de añadirle cosas».

Farah y el colonialismo

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Junto a Blixen-Rosenvinge está también el otro gran protagonista de Karen: su criado local Farah Aden, encarnado por Alito Rodgers. «Leyendo muchas de sus cartas, lo que nos dimos cuenta es que la vida de Blixen en Kenia fue de muy de puertas para dentro, muy enferma, al borde de la ruina todo el tiempo. No tuvo muy buena relación con el resto de colonos británicos; fue diferente e incluso mal vista. Lo que pensamos es que su relación más importante ahí fue con Farah«, asegura María Pérez Sanz.

En ese ámbito doméstico, Farah también sirve como referencia para evidenciar esa antigua noción aristocrática en la que se movían ambos, incluso en el claro declive económico. Según la cineasta, «aunque no les quedara un duro el tío no podía comprar poco cardamomo en el mercado, tenía que comprar mucho porque en una casa como esa era lo que tocaba. Farah vivía un poco como en las Mil y una noches, con un imaginario común de grandiosidad, de generosidad y de casa noble. Era una especie de paraja perfecta, un matrimonio que estaba destinada a encontrarse».

Por supuesto, también se deja claro la gran desigualdad real de fondo entre Farah y Karen. Ahí está el símbolo de las contradicciones del colonialismo, otro de los grandes temas que sobrevuelan la película. «Hay una relación en la que los dos defienden lo suyo. Pero claramente ella manda y él está al servicio. Y Karen piensa que eso es por mandato divino. La justificación de todo en su vida viene de arriba», reflexiona la directora, que cree que «casi todo el colonialismo viene de un mandato superior que hace pensar que tienes una misión y un papel en el que te puedes servir de los demás para lograr tus objetivos».



Kenia es Extremadura

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Para Pérez Sanz esa dimensión colonial africana se podía fácilmente transladar a su Extremadura natal. Está convencida del ejercicio de ficción de llevar historias a la comunidad. Y, según ella, eso, además de encajar a nivel visual y de ambientes («los atardeceres con las encinas, las aves que migran hacia allí») también significaba un estimulante pacto con el espectador: «Quería rodar en un sitio que no corresponde, en un idioma que no corresponde, en una especie de atmósfera atemporal. Hacer esa apuesta y que pudiera funcionar. Porque no podíamos modificar el paisaje. Lo que queríamos ver es qué pasaría si introducíamos a los personajes ahí y lo filmábamos».

Y, por detrás, también una conexión entre la historia de los terratenientes en Extremadura y el colonialismo africano, que encaja a varios niveles: «Extremadura, en su aristocracia rancia, sus fincas y su estética también conecta con esas coordenadas coloniales. El atrezo, la caza, todas esas familias viviendo para el señorito. Encontramos también unas conexiones en nuestra España feudal y servil con esa dimensión colonial».

Fue una de las películas españolas más destacadas en el pasado D’A Film Festival 2021 de Barcelona, llevándose el Premio Un Impulso Colectivo del certamen. Ahora Karen estrena en más de 30 salas comerciales en España de la mano de Begin Again Films, en busca de un público que se acerque a esta historia de tiempo indefinido que deja caminos abiertos a la interpretación más allá de la mítica figura de Karen Blixen.

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