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Entrevistas

«Fui a interpretación con 8 años, entré en el coche de mis padres y les dije que quería hacer eso para siempre»

Nominado al Goya como Mejor Actor Revelación por su papel en 'Lucas', Jorge Motos se destapa como actor joven a seguir
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Con 22 años, es el más joven del selecto grupo de actores que estará nervioso el sábado en la gala de los Goya. Aunque sigue siendo «un shock» y no lo concibe «como algo real» aún, Jorge Motos (Valencia, 1999) se sentará en una butaca del Palau de les Arts de su ciudad natal como nominado a Mejor Actor Revelación por su interpretación en Lucas (Álex Montoya, 2021). En la película interpreta el papel de un adolescente sin rumbo que entra en contacto con un pedófilo por el que también recibió premio en el Festival de Málaga.

Lucas ha sido uno de los hitos de su corta pero intensa carrera en la interpretación, mundo en el que encontró el «espacio donde ser libre» cuando era aún muy pequeño. Fan de Javier Pereira desde Stockholm (Rodrigo Sorogoyen, 2010), el vocacional Jorge Motos mantiene una conversación telefónica con Cine con Ñ semanas antes de los Goya para hablar de sus sensaciones sobre estar nominado, su papel en Lucas, su aprendizaje como actor o del cine de su tierra, del que se acuerda muy rápido.

Una oportunidad para avanzar en tu carrera, un espacio de mayor visibilidad… ¿cómo te tomas esto de los premios?

Tiendo a pensar que nunca nada es tan importante. Es verdad que me da mucha alegría porque estoy muy agradecido por lo que es el reconocimiento en sí, pero lo que me hace más feliz de la nominación al Goya, por ejemplo, es que los académicos hayan visto la película. Es un proyecto pequeñito, de tres años, que ha costado mucho que saliera. Después de ese proceso, el simple hecho de que un académico haya dedicado esa hora y 45 minutos a verla es lo más valioso para mí.

Tu nominación es un reconocimiento a la película en sí misma.

Sí, y no solo a Lucas (2021) como proyecto, sino también a todo el cine que se hace en Valencia. Se están haciendo unas producciones increíbles allí, por eso que esté una película valenciana en los Goya me hace tremendamente feliz.

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Jorge Motos en ‘Lucas’

Lucas es un adolescente que se enfrenta a temas complejos, adultos y moralmente difíciles como la pedofilia. ¿Cómo fue esa preparación del personaje?

Si mal no recuerdo, en conversaciones entre Álex (Montoya, el director) y yo solos no hablamos de esto nunca. Supongo que lo hablaría más con Cabrera. Yo en lo que me centré y profundicé fue en el viaje emocional de Lucas y por qué hace lo que hace, en toda su vida pasada, su presente, lo que le pasa por la cabeza. Trabajamos mucho en su línea de pensamiento, que era en modo de ataque permanente.

En la secuencia de la fiesta, por ejemplo, cuando decide irse con Álvaro después de saber lo que ha hecho, más que pensar en la reacción del público nos fijamos en por qué Lucas toma esa decisión. En ese momento no ve peligro en irse con él, se ve tan ahogado por su situación familiar y escolar que la única alternativa era marcharse con esa persona. Era todo preparar ese viaje de emociones.

«Me vino muy bien ir a teatro para conocer a otras personas, otros mundos, otras vidas, otras cosas distintas de las que vivía en mi día a día»

Tienes 22 años pero ya acumulas varios personajes a tus espaldas. ¿Con cuáles te quedarías?

Destacaría sobre todo tres o cuatro proyectos que me han marcado muchísimo a nivel profesional y a nivel personal. La serie Si fueras tú (2017) fue muy importante porque fue la primera vez que me enfrenté a un personaje que tenía un arco y vi lo que era la profesión de verdad y tuve que resolverlo rápido. Fue un aprendizaje muy rápido. Lucas era mi primer personaje protagonista y eso me requirió un nivel de trabajo elevadísimo. Estuve un mes trabajando el personaje de arriba a bajo, de derecha a izquierda, trabajando la cojera y toda su evolución. Y luego tengo debilidad por los dos personajes que escribió Agustín Martínez: el de La caza. Tramuntana (2021) y el de Feria: La luz más oscura (2022). He sentido una conexión tremenda con ambos que no puedo explicar con palabras, es muy emocional.

Yendo al principio de tu biografía, parece claro que eres del grupo de actores que prácticamente nació siendo actor, con una vocación muy temprana. ¿Qué recuerdas de esa primera pasión?

Si te soy sincero, recuerdo poco. Ese momento en el que pedí a mis padres que quería ir al teatro y ser actor realmente es una anécdota que me cuenta siempre mi madre, pero que yo no recuerdo. Lo que sí recuerdo de cuando era muy pequeño fue cuando una profesora mía de primera les dijo a mis padres: «Dejad de apuntar al niño a fútbol y apuntarlo a teatro. Es lo que le gusta».

Pero yo no recuerdo que hacía o qué decía para que esa profesora se diera cuenta. Yo sí se que el primer día que fui a interpretación con 8 años, entré en el coche de mis padres y les dije: «Yo quiero hacer esto para siempre. Me lo he pasado tan bien». Recuerdo la sensación de la alegría. Cuando eres pequeño conoces únicamente un universo que es el colegio, que es donde pasas muchísimas horas. Me vino muy bien ir a teatro para conocer a otras personas, otros mundos, otras vidas, otras cosas distintas de las que vivía en mi día a día.

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Jorge Motos, en el Festival de Málaga 2020. Foto: Ana Belén Fernández

¿Era una vía de escape de las cosas que se te imponían?

Sí, era un lugar donde ser absolutamente libre y donde ser el muñeco con el que jugaba en mi cuarto. Yo era muy de Playmobil y de jugar con muñecos, me pasaba horas jugando y emocionándome con ellos. En interpretación me convertí en uno de ellos, llegúe a un espacio donde podía hacer lo que me diese la gana y tener esa libertad. Un lugar donde crecí mucho y sigo creciendo: en la Escuela aprendí lo que era la inteligencia emocional, la empatía, mirar al otro o escuchar. Aprendizajes de los que la educación escolar, por lo general, carece.

Habiendo empezado desde bien pronto, ¿qué peso le das a la formación?

Cada uno se la toma como quiere. Para mí, la formación fue y es indespensable porque necesito un lugar desde el que investigar, donde poder permitirme fallos, un sitio donde explorar mi cuerpo y mis emociones. Sin tener miedo al error. Yo no tuve una formación regular de 4 años, fui a mi Escula de toda la vida de Valencia y a la de Madrid. Y de cada una de ellas he ido sacando cosas.

«La parte profesional de irme de Valencia fue un poco una excusa de lo que necesitaba a nivel personal»

¿En qué momento te diste cuenta que la interpretación podía ser tu forma de ganarte la vida?

Fue cuando cumplí 16 años y rodé la película Amar (Esteban Crespo, 2017). En ese rodaje conocí a Pol Monen, al que quiero muchísimo: es como mi hermano y mi padrino en el mundo de la interpretación. Cuando le conocí pude descubrir a una persona que se había mudado a Madrid no hacía muchos años, que estaba empezando en la interpretación, que le estaba yendo bien… fue un impulso conocerle. Llegué un día a mi casa y cuando mis padres se despertaron de la siesta les dije: «Yo en 2 años me voy a Madrid a intentarlo».

Ser actor joven de un lugar que no sea Madrid o Barcelona implica casi siempre salir de casa pronto y buscar suerte fuera. ¿Qué significó dejar a tu familia y a tu gente en Valencia?

Para mí la parte profesional de irme fue un poco una excusa de lo que necesitaba a nivel personal. En cualquier caso, fue curioso porque me vine a Madrid en 2017 y al llegar me tocó Si fueras tú, que fue mi primera serie y le tengo un cariño increíble, y justo después me salió La Vall (Pau Martínez, Ana Ramón Rubio, 2018) y Lucas. Para hacer esos dos proyectos me tuve que volver a Valencia durante un tiempo, que es de donde me había ido.

De todas formas, con Valencia tengo mucha conexión. Me encanta trabajar ahí y rodar en valenciano. Volver a casa de mis padres y poder estar con mi familia es una maravilla. Pero es verdad que en Madrid he generado mi familia, mi vida, mi rutina… todo.

En los últimos años el audiovisual valenciano ha cogido fuerza. Se rueda, se reconocen los lugares y se escucha hablar valenciano en películas y series. ¿Crees que se están haciendo las cosas bien en tu tierra?

Sí, veo que en los últimos años han salido varias producciones valencianas muy ricas y bastante buenas. Por otro lado, creo que algo que puede ayudar a conocer Valencia como ciudad tremenda para el cine es que otras producciones nacionales la estén utilizando como su escenario, como El embarcadero (Movistar+, 2019). En Valencia tienes infinitas posibilidades como escenario cinematográfico. Cuando rodaron en 2015 Tomorrowland: El mundo del mañana (2015, Brad Bird) lo hicieron también en la Ciudad de las Artes y las Ciencias y quedó espectacular. Tienes La Albufera también… la Comunidad es tan distinta en sus partes que puedes hacer lo que te de la gana.

Imagen de portada: Jorge Motos – Erion Hegel Kross
Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.