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Análisis

«¿Te aburrimos, francés?»: los Goya están condenados a ser previsibles y sosos

Las polémicas con la gala de los Premios Goya son una tradición, como el discurso del presidente o los posados en la alfombra roja, pero, ¿y si que los critiquen por ser muy planos es lo mejor que les podría pasar?
"¿Te aburrimos, francés?": los Goya están condenados a ser previsibles y sosos 1

Las polémicas sobre la gala de los Goya son una tradición casi tan asentada como el discurso del presidente de la Academia o las fotos en la alfombra roja (aunque a veces sea azul). Los presentadores ya las integran en sus intervenciones, incluyendo lamentar que Pedro Almodóvar se les adelantase en viralidad en los Feroz. Aparte de las ya habituales, y lamentables, sobre el físico de las actrices, este 2023 hemos tenido conspiraciones bizantinas sobre la falta de premios a Alcarràs, que desmentían con sorna en redes cineastas y periodistas.

Pero lo más llamativo, por poco habituales, han sido críticas como las de Borja Terán en 20 Minutos, describiendo «una gala contenida, sin sensación de fiesta y aburrida de seguir por televisión si no eres un espectador implicado con las pelis» y pidiendo buscar mayor implicación del espectador. Por su parte, la guionista Ángela Armero, desde Twitter, lamentaba una gala sin trazas apenas de humor más allá de la autoparodia de Antonio de la Torre y Clara Lago, algo que atribuía a que «el humor parece que ya no cabe en el espacio público, es visto como algo conflictivo y potencialmente dañino».

Mientras tanto la Academia presumía de que esta gala de los Goya superaba ligeramente los buenos números de audiencia de la de 2022 (23,4% y 2,6 millones de espectadores), otro cineasta y otra periodista, el productor Enrique Lavigne y la crítica Elsa Fernández-Santos, uno desde Público y la otra desde El País, se centraban en las películas protagonistas en sí. Lavigne subrayaba la ironía de la ausencia de una Pacifiction que arrasa en los César franceses y Fernández-Santos criticaba que el cine independiente siga sin ser completamente reconocido (aunque a esto Luis López Carrasco en sus redes ya respondía que la propia As bestas, por tamaño y responsables empresariales, se puede considerar como tal).

Sea por no premiar cine lo suficientemente indie o suficientemente comercial, por hablar mucho de política o hablar poco, por poner dos presentadores que juegan a la corrección desde la autoparodia o por poner uno imprevisible, al final parece que la gala de los Goya no va a satisfacer nunca del todo a nadie. Lo que pasa es que probable que esté pensada para que así sea, y que eso sea hasta bueno.

Cine con zeta

Gala de los Goya No a la Guerra Polémica
Willy Toledo y Alberto San Juan en la gala de los Goya de 2003. Foto: Archivo.

Manuel Rodríguez, politólogo y analista de Cámara Cívica, comenta a Cine con Ñ que cree que «hay una parte del público que percibe un conflicto entre lo que la gala de los Goya es y lo que dice que es. Se habla de la fiesta del cine español, la mayor proyección de la cultura española, de vender una determinada imagen de modernidad del país hacia el extranjero… pero al mismo tiempo siempre sobrevuela la duda. Lo que se proyecta en la gala, ¿nos representa a toda España, al mundo del cine, solo a la Academia? Si el argumento es que el cine es un embajador de la marca España, lo que se pone en discusión es qué significa esa marca».

El punto de ruptura que señala Rodríguez no es difícil de imaginar porque surgió en la previa de la gala y durante la misma por cumplir 20 años: la edición del ‘No a la Guerra’ y el posterior apoyo de parte los rostros más conocidos del cine español a José Luis Rodríguez Zapatero en las elecciones de 2004 y 2008. «En los 90 había cierto consenso sobre que el cine había cambiado la imagen de España fuera», explica. «Era una idea aceptada que, por ejemplo, cuando Mujeres al borde de un ataque de nervios (Pedro Almodóvar, 1988) triunfa en Francia se rompe con el estereotipo de España como un país atrasado y en Europa ven que somos no solo igual de ‘modernos’ que ellos, sino incluso más».

Pero a partir de 2003 «se vuelve a discutir qué valores se quieren trasladar a esa imagen de España que proyecta la gala de los Goya, primero a través de las películas que se nominan o premian y luego de la propia ceremonia». Una parte conservadora de la sociedad «mantiene una actitud de sospecha hacia el sector, o una parte de él, por entender que tomó un partido concreto. Pero además, porque se quiere discutir el modelo de país que entienden que se propone desde el cine. Vivimos en una cultura conservadora, pero en el audiovisual predomina cierta élite intelectual progresista».

Por otra parte, subraya la ironía del presidente de la Academia de Cine, Fernando Méndez-Leite, diciéndole a las autoridades que no les va a pedir nada «cuando todos sabemos que se está tramitando la nueva Ley del Cine». Rodríguez subraya la nutrida representación política —en año electoral— de la noche del 11 de febrero: el presidente del Gobierno, la vicepresidenta, el Ministro de Cultura, la Ministra de Igualdad, el líder de la oposición… «Algo ha cambiado, porque antes solo iba el Ministro de Cultura, si acaso».

Vamos, cine

Gala de los Goya 2023 marca España polémica
Antonio Banderas, Penélope Cruz y Pedro Almodóvar en la gala de los Óscar del año 2000. Foto: Archivo.

Rodríguez nos propone dos comparaciones. Una, con Rafa Nadal, «que se entiende que representa los valores de esfuerzo, abnegación y humildad que a todos nos gustaría tener» y otra con… Operación Triunfo 2017, «cuando se habló que emergía una generación de jóvenes que presentaban una España más actual, la que vemos ahora, más centrada en la salud mental o el empoderamiento femenino». Cuando surgen quejas de que la gala de los Goya «se politiza mucho… se está ignorando que esto sucede en todas partes, y quizás la queja es que se ‘politice’ de forma que se entiende como progresista, que no suba alguien y recoja un premio reivindicando la libertad de tener armas sin licencia o algo así».

Así, el mecanismo que opera alrededor de los Premios de la Academia de Cine no es tan diferente al que lleva a que los aficionados al fútbol hablen en primera persona del plural y enfadados cuando la selección española falla en una tanda de penaltis («¡Qué malos somos!») o a que otros se quejen porque no ven adecuada la canción que representará al país en Eurovisión («¡Siempre hacemos el ridículo!»). Eso, en última instancia, sería algo bueno: la gente discute sobre los Goya porque los considera algo propio, pero que falla en la percepción que quiere que transmitan sobre nuestra identidad.

Los premios son promoción, como comentaba María Guerra en la previa de los Premios Feroz, nacidos para equilibrar el academicismo de la Academia, pero quienes lo saben son las personas dentro de la burbuja. Hacia fuera se recibe como otra cosa, como algo más. La sensibilidad de la gala fue progresista en parte porque lo es la del sector, pero también porque es la que abarcaría a más público posible, y esto es una constatación estadística. La misma lógica que lleva a Santiago Segura a llenar las salas con sus comedias familiares (que muchos critican sin ser conscientes de su contenido) es la que invita a una gala que no busque el conflicto (aunque cada presentador o premiado diga lo que le parezca, por supuesto): intentar que esté más gente presente.

¿Es posible, entonces, que la gala de los Goya esté condenada a ser siempre sosa y previsible, y cuando no lo sea a perder a una parte del público al que quiere representar? ¿Es el rechazo de los odiadores profesionales del cine español un rechazo a sí mismos y al país que aspiran también a representar a su manera, cuya vertiente progresista, y probablemente mayoritaria por simple cuestión de estadística, no soportan? ¿O al final es bueno que la performance de ese España que queremos ser y en la que caben todos funciona mucho mejor cuando «aburrimos al francés»?

Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.

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