Reportajes
De hacer instrucción con los actores a aclarar cómo hablar un guardia civil: el papel de Policía y Ejército asesorando el thriller español

Luis Zahera en 'Tierra de nadie', de Albert Pintó. ©Marina Caputo
En 1995 Pedro Olea tuvo que rodar Morirás en Chafarinas, un thriller ambientado en el acuartelamiento de Regulares de Melilla del Ejército español… con uniformes prestados por el Ejército italiano y cero colaboración, incluso rechazo explícito, por parte de las Fueras Armadas de nuestro país. El problema era que el caso central hablaba de tráfico de drogas en el seno del Ejército de Tierra, con un oficial implicado, aunque fuesen otros militares quienes lo destapaban y denunciaban. Justo 30 años después, no solo es dudoso que se produjese un escándalo como aquel, sino que lo más probable es que se rodase con ayuda y hasta asesoría militar.
«En Tierra de nadie hay un agente corrupto y no pasa nada: los otros que lo descubren no lo son. Si me sacas un cuartel donde hay 20 personas y todas son corruptas y drogadictas ya me molestaría más, me parecería dañar la imagen del cuerpo porque sí, pero entendemos que el guión tiene que crear una trama y nosotros mismos sabemos que en cualquier institución tan grande hay corrupción», explica Ana Arias, de la Oficina de Relaciones Informativas y Sociales (ORIS) de la Guardia Civil.
«Normalmente cuando nos piden asesoría para una historia nos centramos más en que se dé una imagen realista, en el sentido como lo de que la gente cree que una desaparición no se puede denunciar hasta que pasan 48 horas», añade. «No es cierto, eso es en Estados Unidos, en España se puede denunciar en las primeras horas y de hecho se recomienda porque es un tiempo clave. Lo mismo cuando sacan como que va a una chica a denunciar una agresión sexual y no la atienden, ahí tengo que pedir que no lo hagan así, porque puede hacer que las víctimas no quieran a denunciar, y nosotros tenemos protocolos muy estrictos que conocen todos los agentes».

Jose A. Cano