Películas españolas 2026
Esperando a Dalí: Un reloj derretido que no sabe a nada

Esperando a Dalí es una película que nos lleva a la Barcelona de 1974. Dos hermanos cocineros (Iván Massagué y Pol López) tienen que huir de la ciudad por la lucha antifranquista del más pequeño y encuentran acomodo en el famoso pueblo de Cadaqués, en concreto en el restaurante de un excéntrico francés (José García) con un local dedicado a Salvador Dalí, ilustre vecino que el dueño intenta sin éxito atraer al lugar.
El director David Pujol fusiona en Esperando a Dalí los aprendizajes y pasiones de sus dos largometrajes previos: si en 2009 se acercaba a los misterios y excelencias de la alta cocina en elBulli, historia de un sueño, en 2018 documentaba la inabarcable figura, vida y arte del artista en Salvador Dalí, en busca de la inmortalidad. Todo confluye en esta ¿comedia dramática? ambientada en esa Cadaqués afrancesada y hippy de los años 70.
La cuadratura de artes, mitos y épocas no cuaja en esta película, que arranca de forma sugerente y se va derritiendo como uno de los relojes de La persistencia de la memoria. Enamorada de su planteamiento, Esperando a Dalí no se decide ni por unos personajes ni por otros, ni escoge un un tono y tampoco termina de aclarar qué aporta en el fondo lo del affair con el legendario artista a su contexto de restauración.
Dalí… o Dalí

Sí, el principal problema de Esperando a Dalí sea la insistencia con el propio Dalí o, más bien, con la representación de Dalí. La repetición y la obsesión con el de la generación del 27 tiene una cierta gracia en un inicio porque lo convierte en una figura mítica, caprichosa y fantasmal. Pero del mito se pasa a repetición. El artista catalán es lo único que completa al demasiado protagonista José García, que se acaba comiendo la película en un registro cómico que pasa de simpático a demasiado caricaturesco.
Pero lo peor es lo que Dalí se deja de camino: una historia que tenía a dos personajes interesantes, los dos hermanos interpretados por dos actores en racha (Massagué y López), con diferentes personalidades. Tampoco se renuncia a ellos, pero sus historias se vuelven vagas y atropelladas y, sobre todo, dejan en un comentario al viento el interesante marco de la cocina. Había una disputa ahí entre lo francés y la esencia mediterránea, mucho más apegado al territorio que la insistencia retórica con el reclamo de Dalí.
El ingrediente final que falta

Esperando a Dalí se termina liando durante largos minutos sin encontrar un sentido más allá de la cansina búsqueda del artista. Así, lo que parecía en un prometedor inicio una especie de cuento setentero con comentario histórico-culinario y sentido del humor pasa a ser una especie de comedia romántica… pero no del todo. Una sensación de relato a medias que hace del todo irrelevante incluso el desenlace, que por otro lado es exactamente el que cualquier podría esperar desde el minuto 20 de la película.
Lo que queda al final es una película insípida, que no sabe a nada porque se empeña en el mismo ingrediente, el de Dalí, que no pasa de leit motiv simpático. Ya sea por simple reclamo o mitomanía intelectualizada, la persecución acaba por deslucir todo el resto, que tenía mucho más recorrido que el de tratar de lejos a la leyenda. No termina de ser molesta pese a alguna escena de sonrojo, pero sí está claramente alargada en el montaje. Un pinchazo.


Arturo Tena