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Cuando Emma Cohen se puso detrás de la cámara

La Filmoteca Española recupera los cortometrajes que dirigió la actriz y escritora en los 70

Emma Cohen

Nuestras clásicas del cine español siempre guardan facetas que han permanecido ocultas al gran público. Emma Cohen es recordada por sus papeles en Solos en la madrugada, El viaje a ninguna parte o Al otro lado del espejo (que le valió la Medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos). También por ser la persona que estaba dentro de la Gallina Caponata en la versión española de Barrio Sésamo. Pero también, además de escritora, fue una cortometrajista prolífica sobre todo en la década de los 70. Ahora la Filmoteca Española y la Filmoteca de Cataluña recuperan la memoria de estos trabajos.

Helena de Llanos, comisaria del programa ‘Emma Cohen, cineasta’, recuerda cómo la actriz y escritora financiaba sus cortometrajes con parte de las ganancias de los trabajos alimenticios en el cine de la Transición en el que «le tocó enseñar teta». «Eso es lo único que se mostró al caer el régimen, pero no hubo cambios profundos ni auténticos», señala la historiadora que lamentaba la actriz. Esos proyectos propios eran también un ejercicio de desintoxicación, en busca de un discurso propio -el último de 2011, El Aleph-. El Cine Doré de Madrid recupera esta semana, también a través de su canal de Vimeo Flores en la Sombra, cuatro de esos cortos.

Emma Cohen, su principal crítica

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El séptimo día del sol. (1980)

La propia Emma Cohen explica sus cortos en una entrevista recuperada por la Filmoteca, realizada por Matías Antolín en 1979 y publicada en el número 48 de la revista ‘Cinema 2002’. Allí la actriz recuerda que «casi empecé antes a dirigir cine que a interpretar». Su primer corto se tituló La primera historia de Bartio, que se proyectó en el Doré en la primera tanda de la recuperación de ‘Emma Cohen, cineasta’ el pasado enero.

«El film cuenta la alegría de un náufrago por su supervivencia, por estar vivo entre los muertos. Surgió de un material que nos dio [Pere] Portabella, generosamente, porque se sentía mecenas de posibles nuevos valores», explicaba la propia Cohen en el 79. «Esto parte de una historia frustrada, cada uno del grupo escribe el tema para un corto, pero el mío es rechazado por mis amigos, opinando que era una tontería. Entonces yo, con el dinero que me pagó Rovira Beleta por La larga agonía de los peces, compro el material y me voy con Manuel Esteban a Cadaqués a filmar».

Un primer rodaje que no estuvo exento de accidentes: «Cojo la cámara, se me cae entre las rocas, se rompe –no la sabía bloquear, ¡mierda!–, pero la termino y la enseño a Portabella y Pere Fages; este último estima que es una estupidez. Portabella no pensó lo mismo. Me lo pasé bomba rodando. Hoy ignoro si el filme existe, no sé dónde estará». La historia de los cortos de Emma Cohen es una historia de arqueología: ella misma no sabía que había sido de la mayoría de las copias apenas 5 ó 6 años después de rodarlos.

En el DNI, Cohen fue siempre Emmanuela Beltrán, pero su padre le pidió cambiarse el apellido para el nombre artístico para que la familia no se viese salpicada por tener un miembro en la farándula. El nuevo apellido vino del gusto de la actriz por Leonard Cohen y a una suerte de homenaje a los avatares del pueblo judío, cuya historia a la escritora, con su admiración por la capacidad de supervivencia propia y ajena, le fascinaba.

«Me horrorizó, pero los productores sí quisieron montarlo»

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Yo qué sé. (1980)

En esta segunda entrega de ‘Emma Cohen cineasta’, la Filmoteca -o las filmotecas- recuperan cortos con la participación activa y muy presente de Fernando Fernán Gómez, del que fue pareja durante más de 30 años. La relación entre ambos intérpretes se ve también en la filmografía de aquél, que celebra este año su centenario, con la presencia constante de Cohen como secundaria de lujo en El viaje a ninguna parte o Mambrú se fue a la guerra.

En El séptimo día del sol, la escritora comenta las dificultades que se encontró para reflejar su idea, una historia de amor mitológica entre el Sol -con la voz de Fernán Gómez- y la propia Tierra. «Pero, claro, esta cursilada era un juego de brillantez técnica y yo tenía una cámara viejísima que aceleraba las imágenes. Al ver el copión me horrorizó y no quise montarlo. Pero los productores sí querían montarlo. Llamé a Augusto Martínez Torres y juntos hicimos un ejercicio de montaje que a mí me interesó muchísimo. Pasó de ser Clea la protagonista a ser el Sol». De nuevo, 1979: «Un corto que no sé dónde está».

Cortos autofinanciados y con medios precarios en los que aparecen Julieta Serrano, Manuel Aleixandre e incluso Ana Belén en el fragmento ‘Tiempos rotos’ de Cuentos eróticos, y que llegan a incluir el documental La Chari se casa, montaje de poco más de un cuarto de hora que sigue los preparativos y la celebración final de una boda gitana en el año 1978.

Una serie de piezas que recuerda un cine experimental más precario e ignorado que el actual, pero también una voluntad expresiva y poética propia de un momento como la Transición. Y también nos señala voces como las de Emma Cohen, autora crítica y de gran preparación, a las que las circunstancias relegaron a un papel en el que no siempre estuvieron cómodas pero que nunca renunciaron a su independencia vital e intelectual.

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