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Críticas

El hombre del saco: This is (not) it

Desaprovechada revisión de la leyenda del secuestrador de niños, con un terror engullido por sus referentes norteamericanos
El hombre del saco: This is (not) it 1

Aunque el hombre del saco parecía una leyenda ya dormida, hoy un pequeño pueblo vuelve a sufrir desapariciones de niños. La llegada de una familia a la localidad tras perder a la figura paterna aumentará la presión sobre la fuerza oscura que se cierne sobre ellos. Pese a no contar con la confianza de sus padres, los niños emprenden la misión de recuperar a los niños perdidos.

La famosa leyenda del asustaniños del folclore español pasa al cine. Aunque es la primera vez que lo vemos en pantalla con el nombre nacional, las coordenadas generales del hombre del saco (la oscura figura que se lleva a los niños que se portan mal en un saco) ya se han visto en otras películas de terror extranjeras con el concepto del boogeyman —o derivados—. La mala noticia para la película española es que esto ha pasado hace muy poco: en mayo se estrenó en los cines españoles The Boogeyman, de Rob Savage.

Y es precisamente el referente norteamericano el que acaba engullendo a El hombre del saco, y lo hace de la peor manera posible. Gana un homenaje sin personalidad, un prestado estético y narrativo sin ninguna justificación o adaptación a la historia que está contando la película. Ángel Gómez Hernández (Voces) no da con la tecla del «terror con niños y adolescentes», que tan bien funciona últimamente en Estados Unidos, y se deja por el camino el potencial que tiene entre manos.

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El hombre del saco es un ejemplo perfecto, para mal, de lo que está significando muchas veces la demanda de cine diseñado para alimentar al monstruo de las galletas del streaming. Es este audiovisual —aquí las series han aportado mucho— glocal: una ficción que coloca elementos superficiales de un determinado territorio mientras que en el fondo se rehace a códigos visuales y narrativos «universales» (de Hollywood, vaya). Un toque exótico, pero sin desubicar a nadie ni en Brasil ni en Canadá. Y a eso se junta lo de asustar un poco a los niños, pero no tanto como para que no vayan a verla.

Después de un prometedor prólogo que remite a una tradición histórica del cuento en España, pronto la película de Ángel Gómez Hernández se convierte en una versión reconcentrada y de bajo coste de dos referentes: It (Andy Muschietti, 2017) y Stranger things (2016-). Más allá de las limitaciones de recursos y originalidad, este cálculo no sería un problema si fuera una operación comercial que se hiciera con algo de sentido y buen gusto, pero no es el caso.

Enervan las coincidencias argumentales y de arcos dramáticos de la película del payaso, tantas que pasan de homenajes a copias. Pero lo peor de todo es el empeño de la película por resultar ochentera en el diseño de producción, puesta en escena, vestuario o peluquería… cuando está ambientada en la actualidad. Es una referencia estética hueca y sin sentido, pura cosmética para intentar evocar algo que no existe ni siquiera en el guión.

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Todas estos tropos visuales enlatados y al tuntún, unidos como pegotes por la esquizofrenia comercial, no ayudan en nada a que luego funcione todo el resto de la película, que acumula malas decisiones también en lo narrativo. A los aficionados al género les dolerá sobre todo cómo se desaprovecha el potencial terrorífico del hombre del saco, reducido al mínimo y desdibujado por miedo a perder público joven, cuando debería ser el núcleo. No es una entidad clara, no se sabe bien cómo se comporta y aparece demasiado poco. Es decir, se falla en un elemento básico de este tipo de terror «de monstruo», que es que el bicho sea una amenaza real y de miedo.

Pese a que la media hora final mejora en ritmo, Gómez Hernández no consigue que el pack de actores jóvenes, tan importante, sostenga el peso del argumento. No están bien escritos ni dirigidos y solo la aparición de un secundario de lujo como el interpretado por Manolo Solo hace que suba el nivel de la película. El hombre del saco es una oportunidad desaprovechada para sacarle punta en versión española a un mito con potencial aterrador y camino redentor para los niños. Una adaptación mal entendida de Stephen King cuando había potencial para construir nuestro propio Pennywise.

Imágenes: El hombre del saco – Featurent (Montaje de portada: Cine con Ñ)

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, en 2018 cofunda y dirige el medio especializado Cine con Ñ.

Twitter: @artena_