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El amor de Andrea: En plena búsqueda

Manuel Martín Cuenca se quita pesos de encima en este drama ligero que encuentra en su ascetismo fortalezas y límites
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El amor de Andrea plantea la búsqueda de Andrea (Lupe Mateo), una joven gaditana, de su padre. Una persona a la que no ha visto desde que él y su madre se divorciaron. Mientras tiene que hacerse cargo de buena parte de los cuidados y la gestión diaria de sus dos hermanos pequeños, Andrea no cesa en el empeño de establecer un contacto con su padre, que parece no querer ver a sus hijos.

La nueva película de Manuel Martín Cuenca plantea con esa historia lo que podríamos llamar «un drama ligero»: una película desde la mirada juvenil e infantil sobre las herencias familiares que evita la intensidad narrativa a lomos de un trípode, un 4/3, un grupo de actores debutantes y la luz natural del otoño de Cádiz. Es una película pensada y configurada desde una ausencia, desde la «falta de», y así también se expresa a nivel dramático y formal.

El amor de Andrea es una de esas películas que puede contagiar cierta frialdad, pero que también se guarda dentro una forma de ser particular, que reconforta y quiebra al mismo tiempo. Pese a que a veces su planteamiento anticlimático juegue en su propia contra, de ella sale una emotividad especial. Cineasta inteligente, Martín Cuenca ha preferido arriesgar y hacer un cine distinto al que venía haciendo. Y eso es una buena noticia, más allá de errores.

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Sí, en realidad El amor de Andrea se podría considerar una nueva ópera prima después de 20 años de largometrajes para Martín Cuenca, una especie de reset de su obra. Pero no porque El amor de Andrea no sea otro thriller psicológico de fondo malsano o violento que venía haciendo (La hija, El autor, Caníbal). Películas como su verdadero debut, La flaqueza del bolchevique, Malas temporadas y La mitad de Óscar estaban en otros tonos y géneros. Sino porque aparece un cine construido de otra forma.

El amor de Andrea tiene propuesta muy clara, límpida, destinada a evitar cualquier elemento de más en cuadro y cualquier arrojo dramático en el guión. Lo que no tiene por qué estar a partir de la historia y sus personajes, no tiene por qué quedar reflejado en el plano. Al mínimo común denominador en la representación. Por hacerme entender un poco más, verla es como cargar con una mochila semivacía; parece —solo parece— que no lleva nada dentro. En ese sentido, se podría asemejar a una forma de entender el cine menos europea y más asiática, en un estilo límpido y suave.

De fondo, un tema tan universal como la familia, los pesos que se cargan y la forma que tenemos de transmitirlos hacia arriba y hacia abajo en el árbol genealógico. En el medio de adultos sin capacidad de conectar con los demás aparece una joven normal, a la que Lupe Mateo da su propia vida, que quiere entender y ser entendida un poco más por las personas que quiere. Alguien que ha crecido demasiado rápido y necesita su tiempo para poder entender quién es, como cualquier adolescente.

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Es cierto que este nuevo cine ascético de Martín Cuenca es, al mismo tiempo, el gran agujero de El amor de Andrea: es tan calculadamente estricta la sencillez de la propuesta que a veces la película se ahoga en un vaso de agua, no fluye. Ciertos planteamientos del guión se quedan en la página porque planteados de esa manera resultan demasiado rígidos, justo lo contrario de lo que pretenden. Y eso dificulta aún más la participación de actores no profesionales o debutantes, a los que se le ven más las costuras en ese tipo de situaciones.

¿Es la valentía por replantearlo todo suficiente para valorar El amor de Andrea de forma positiva? Lo que sí es seguro es que al que no sea muy cinéfilo en España le puede importar un rábano lo que ha hecho o haya dejado de hacer antes el tipo que aparece en los créditos. Y puede desconectar o distanciarse de una película en la que sus personajes parecen que han salido de una película de Hirokazu Koreeda.

Martín Cuenca ha abierto una nueva puerta, un camino audaz que evidencia que siempre es un director al que hay que atender. Quizá El amor de Andrea no alcance todo el potencial que asoma en ese lejano saludo final en la playa, pero sí que propone cosas diferentes en un cine español que siempre digiere regular las notas discordantes a las corrientes principales. Puede ser el principio, una primera búsqueda como la que hace Andrea, para que el director desarrolle un cine entusiasmante.

Imágenes: El amor de Andrea – Filmax (Montaje de portada: Cine con Ñ)

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, en 2018 cofunda y dirige el medio especializado Cine con Ñ.

Twitter: @artena_