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‘Cuerdas’: aprendiendo a alzar la voz en Cannes

Estibaliz Urresola presenta en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes una revindicación de nuestras abuelas en la que no se da puntada sin hilo

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Existe alguien en la película de nuestras vidas, un personaje secundario, que prácticamente nunca adopta un rol protagónico. Siempre se mantiene en segundo plano, asistiendo al protagonista, pero invisible. Se trata de nuestras abuelas, esas mujeres criadas durante la posguerra y la España en blanco y negro de Franco, abnegadas amas de casa que nunca pudieron expresar su opinión sobre nada. Esas mujeres no sólo no han podido ser protagonistas de sus propias vidas, sino que también se les negó el derecho a decir lo que pensaban.Y no sólo han sido invisibles en nuestras vidas sino que tampoco han gozado de un espacio en el cine español.

Abocadas a un segundo término fuera de foco, las mujeres mayores sólo tenían entidad propia como contrapunto cómico y con poquísimo desarrollo psicológico. En el cortometraje Cuerdas, de Estibaliz Urresola, se reivindica esa figura, porque esa abuela se convierte en una mujer con deseos y penas, alguien con un mundo interior y, por tanto, con una entidad propia tradicionalmente ausente.

Presentado en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, cuenta cómo Rita, madre de Ramón, enfermo por la contaminación de la fábrica en la que trabaja, debe afrontar la difícil decisión de aceptar o rechazar una subvención de esa propia fábrica al coro en el que canta. Un viaje de emociones pequeñas pero poderosas, y narrado con una sensibilidad y humanismo impecable.

Cuerdas y qué es lo correcto

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Urresola maneja los códigos narrativos con extrema solvencia, creando una metáfora sencilla pero efectiva sobre cómo no debemos quedarnos callados sino aprender a alzar la voz ante la injusticia. El desarrollo industrial voraz y deshumanizante está representado aquí por una fábrica omnipresente a través de un diseño sonoro ominoso que recuerda a un monstruo acechando, invisible pero siempre listo para llevarse las vidas de los lugareños mediante el cáncer. El personaje de Rita, a pesar de tener muy poco diálogo, está descrito a la perfección gracias una dirección centrada en ver el mundo a través de sus ojos y, especialmente, a la interpretación de la actriz no profesional Begoña Suárez.

De forma sutil, a través de los silencios y las miradas y una interpretación muy natural, entendemos la angustia que siente por su hijo, pero sobre todo una gran lucha interior por discernir qué es lo correcto, que muchas veces no es lo que más nos conviene sino lo que nos permitirá dormir tranquilos por las noches. Merece especial mención cómo se pone de relieve la importancia de organizarse y la función cohesiva del activismo para vertebrar a las comunidades, especialmente cuando se trata de luchar contra enemigos invisibles como grandes corporaciones. También ese coro de mujeres y de actrices no profesionales como ejemplo de sororidad y cómo, a pesar de todo, David tiene el deber de enfrentarse a Goliat.

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Begoña Suárez y Estibaliz Urresola en la presentación de ‘Cuerdas’ en la Semana de la Crítica de Cannes. Foto: Marco Barada

Estibaliz Urresola no da una sola puntada sin hilo en Cuerdas. Su dirección es sólida y con matices. La narrativa se cuece a fuego lento, consiguiendo generar una emoción muy potente en unos últimos minutos en los que Begoña Suárez deslumbra con su interpretación contenida pero llena de verdad. Urresola, con una dilatada carrera en el mundo del cortometraje, va a ser, sin duda, uno de los grandes talentos del largometraje español en los años venideros -pronto con 20.000 especies de abejas-. No le pierdan el ojo porque dará de qué hablar. 

Imágenes: Cuerdas

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