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El mundo es vuestro: El que nace lechón, muere cochino

La quinta película de Alfonso Sánchez es la más compleja de un director que ya «nació» con madurez discursiva pero que corrige su ‘trilogía del enterismo’ con un giro pesimista

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En El mundo es vuestro los compadres Rafi y Fali acaban en una montería organizada por el suegro del segundo para cerrar tratos con un empresario chino. Están invitados políticos de todo pelaje y personas vinculadas con el poder. Fali quiere usar esos días para reconciliarse con su mujer demostrando que ha cambiado y Rafi para hacer negocios y pegar el pelotazo que lo quite del trabajo y las miserias. Pero en en esa finca nada es lo que parece y los amigos tendrán que poner a prueba su relación y sus propias convicciones para salir adelante.

La tercera parte de la bautizada como ‘trilogía del enterismo’ de Alfonso Sánchez, con Alberto López como compañero de correrías y todo su elenco habitual de colaboradores, es una comedia amarga, con momentos de humor negro y otros de sátira cafre. Una película bastante autoconsciente -y no solo por lo homenajes a la historia del cine español, que lo hay- sino por lo que sabe que se espera de su tipo de humor a base de tópicos, empeñando en darles la vuelta sin dejar de respetarlos.

Resumiendo mucho antes de los spoilers, diremos que El mundo es vuestro es la película más parecida a El mundo es nuestro de Alfonso Sánchez pero al mismo tiempo la más diferente, con toda la pirotecnia -en algún momento literalmente- y dificultad que ha querido añadirle un director que ya «nació» en su madurez discursiva pero ahora dispone de muchos más recursos para despendolarse. Por el camino, eso sí, se ha vuelto también más socialmente pesimista.

Crítica de El mundo es vuestro con algún spoiler

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La duda que surge tras el visionado de El mundo es vuestro es si toda la pericia técnica, artística y actoral detrás de ella puede funcionar como el tipo de comedia mainstream, que reviente cines, que aspira a ser. Sánchez decide usar una gran variedad de recursos narrativos para contar una película en la que la cámara cambia su forma de moverse según el momento de la historia del cine y de las miserias de España en los que se quiere centrar. En la que, sí, hay un homenaje a Berlanga tan evidente que hasta se dice «austrohúngaro» a gritos para que quede claro, pero no quiere quedarse en el mero artefacto de reflexión metacinematográfica.

Otra cosa es que su forma de actualizar el astracán, o la sátira, tan españolísimos, lo haga de la manera tan fluida como lo lograban los cortos que los hicieron virales en redes, su más gamberra precuela o la mucho menos personal Superagente Makey. Quizás hoy Berlanga haría series de televisión antes que comedias de autor y los tipos exagerados, aunque el guión los lleve por caminos inesperados, ya no resulten tan cercanos al público (aunque El mundo es vuestro lo sabe y se cuida mucho de montar un fachas contra rojos, más bien propone un desesperados contra parásitos en el que los primeros empiezan perdiendo 5 a 0 y con tres jugadores menos).

Por otro lado lo que no se le puede negar es que es una película construida con mimo y hasta el detalle, en la que cada encuadre tiene una función doble de dar información y ser gracioso -que esto se dice fácil, pero complicadísimo y pocos saben hacerlo en el cine español actual como se hace aquí- y con un reparto que transmite la sensación de estar pasándoselo bomba -aunque los veteranos están bastante mejor que los jóvenes y Sánchez y López, que llevan más de 10 años acompañando a sus personajes, sean los más sueltos-. Si algo la puede matar, eso sí, es la ambición. Quiere tanto mear para todos lados y no dejarse una colleja sin dar que las metáforas cafres se van superponiendo y la traca final se salva más por la historia personal de los protagonistas que por el interés en lo que están haciendo el resto de personajes y que se supone que condiciona la acción.

Berlanga nunca muere, pero el futuro sí

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Sánchez, como sus dos referentes que admite más abiertamente, Berlanga y Wilder, es colectivamente pesimista pero individualmente optimista. Si El Culebra y El Cabeza eran capaces de sacrificarse por el bien de unos desconocidos a los que descubrían como sus iguales, por pura solidaridad personal, aquí los Compadres hacen el camino inverso y deciden renunciar al mundo aspiracional de «los poderosos» para redimirse -incluso, podríamos decir, madurar- por la vía de la lealtad y la comprensión de las circunstancias del otro, con el personaje de Cayetana, la esposa de Fali, como catalizador.

Es también, de forma consciente, un comentario sobre el ciclo del desencanto en la política española, que va desde aquel 15M con el que se hablaban los parados de chapú en chapú que iban a sellar la cartilla con el mono de trabajo en El mundo es nuestro y que ahora vuelven convertidos en patitos de tiro al blanco para solaz de los milmillonarios y con la complicidad de un político bolivariano y con coleta. El grupo de jóvenes antisistema haciendo una pequeña La vida de Brian en mitad de la capea, cada uno con sus pegas a la forma de guillotinar, no creen tener futuro, solo están enfadados y quieren sangre. En El mundo es vuestro la salvación, si llega, será individual y vendrá de una compresión desapasionada de las propias circunstancias, no de ningún tipo de solidaridad colectiva.

Para no acabar mal, porque hablamos de una comedia hecha para que hasta en las escenas más amargas te rías un poco, diremos que también de Berlanga y Wilder hereda Sánchez un vitalismo disfrutón, en el que se reprocha antes prohibirle a alguien comer jamón que ponerle los cuernos. Además el «vuestro» del título no se refiere a ningún personaje de la ficción, ni siquiera al grupo de variopintos antisistema que representa a una juventud de la que el autor ya parece sentirse ajeno, sino a los propios espectadores, que son invitados a tomar responsabilidades sobre las situaciones que en ella se denuncian, sin esperar soluciones fáciles de nadie, ni siquiera de él mismo… o de Berlanga.

Imágenes: El mundo es vuestro – MundoFicción

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