Críticas | Filmin
Una perra andaluza T2: Madurar es morirse de frío

Una perra andaluza debutó hace un año con una primera temporada en Filmin, a donde ahora vuelve, en el delicado equilibrio entre el selftape, la broma privada y la mamarrachada sin complejos, esto último que siempre celebraremos en esta casa. Una comedia más o menos romántica sobre jóvenes y jóvenas homosexuales en diferentes combinaciones en la Sevilla actual y sus cuitas de convivencia en pisos compartidos, declaraciones de amor al mejor amigo hetero que acaban en desastre o fantasías sexuales inadecuadas varias. Todo con muchísima retranca, lenguas viperinas y, por supuesto, ternurica.
Ýa el título te viene a indicar la cantidad de autoparodia presente, tanto para la idiosincrasia de la sevillanía —que no tengo claro si se captará fuera, porque servidor siendo natural pero con más años de exilio que el Teniente Coronel Tagüeña, a veces se pierde— como de los dramas del colectivo LGTBIQ+ y las siglas que sean menester añadir. Pablo Tocino, el director, al que ya entrevistamos por la primera entrega, y coguionista Melania Bobi, se reservan dos personajes bisagra y con mucha guasa que junto al teórico protagonista Marcos (Jota Palacios, hilarante en lo suyo) sirven de cruz de guía entre la marabunta.

Jose A. Cano