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Críticas

Un largo viaje: Cine social de centro comercial

Un intento de película de corte social que intenta salirse de los caminos de siempre para acabar volviendo a ellos sin remedio
<strong>Un largo viaje</strong>: Cine social de centro comercial 1

Un largo viaje es la historia de Violeta y su hijo Samuel, que se encuentran de la noche a la mañana ella sin trabajo y ambos sin casa. Violeta, quemada por diversas experiencias, no es precisamente la clase de persona que la sociedad espera de ella, así que cuando la empresa donde trabaja su hermana la deja al cargo de una autocaravana, decide utilizarla para que ella y Samuel tengan las vacaciones que nunca han podido permitirse. Solo que cuando no tienes ni 50 céntimos, salir siquiera de Madrid ya puede ser toda una aventura.

Dirige Víctor Nores, cortometrajista de largo recorrido que debuta en el largo con esta película. Una comedia dramática social, el género por defecto de las óperas primas, con el plus de ser road movie, aunque con algunos detalles que la diferencian de lo acostumbrado. Como también es habitual, se basa mucho en las interpretaciones de sus dos protagonistas, que están todo el tiempo en pantalla y solos la mayor parte.

Es complicado hacer cine de ese que llamamos social porque los tópicos sobre el mismo lo tienen muy estigmatizado entre el público, en parte también entre la crítica… y porque reflejar ciertas realidades sin caer en estereotipos un poco tontorrones que lo hacen previsible lo es aún más. Un largo viaje tiene un poco de todo en ese sentido, tanto cosas buenas como cosas malas, aunque no logra separarse de la sensación de irrealidad que acaba envolviendo algunas de estas propuestas.

A mi qué me cuenta

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Un largo viaje tiene una cosa muy buena: su protagonista es antipática. Violeta es cortante, irónica y arisca, pero no de forma carismática o «guay». Es graciosa involuntariamente, en situaciones en las que sería natural, y todos sus pequeños golpecitos de picaresca son improvisados y acaban regular nada más, en el mejor de los casos. El hijo más ordenado que caótico, pero igual de desnortado, es un contraste adecuado, y aunque los dos suenen a roles muy preestablecidos, al menos no son los extremos habituales.

Otra cosa poco habitual y como idea de partida, bastante adecuada: las vacaciones sin salir de Madrid. Una road movie en la que prácticamente no hay road porque la protagonista no tiene ni para gasolina es una propuesta chocante, una especie de Nomadland inverso —aunque, ay, igual de desideologizado— que aprovecha los escenarios despersonalizados, pero que resultan al mismo tiempos costumbristas y cercanos, de esos centros comerciales, áreas de servicios y naves industriales de extrarradio.

Finalmente, podríamos considerar al dúo protagonista casi lo mejor de la película, ya que los anteriores elementos se quedan en lo que parecen, puntos de partida interesantes para lo mismo de siempre. Elisabet Gelabert y el joven Christian Checa (que también estaba en En los márgenes, ya es casualidad) dotan de naturalidad y credibilidad hasta los diálogos más inverosímiles de sus personajes, sobre todo ella, que la veteranía en estas cosas es un grado, y dan vida a una relación madre e hijo menos original de lo que se cree pero al menos con personalidad propia.

Desahuciados de película

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El problema es lo que nos comentaba por aquí hace un año Santiago Fillol a propósito de su película Matadero: estamos acostumbrado a un determinado cine llamado social (él se refería a la pornopobreza del cine latino, pero se puede aplicar a Españita mirándose el ombligo) en el que el pobre las pasa canutas, deja valiosas moralejas y finaliza con un gesto de triunfo moral. Un largo viaje las cumple una por una, sacando consecuencias poco realistas del conato de vivir en la calle de los protagonistas y dándoles un final de huida hacia adelante que se sentirá muy épico pero no acaba de tener sentido en un tono realista que se pretende crudo, aunque sea con comedia.

La moraleja de Un largo viaje, de hecho, es que necesitamos más empatía y conexión con los demás, pero la primera que adolece de ello es Violeta. Es una buena protagonista porque a uno le encanta verla mandar a la mierda a la gente, pero es que lo hace hasta con quien explícitamente le dice que puede prestarle ayuda. La tragedia que les sucede en el vecindario es por esa falta de empatía, pero la situación de ella para llegar a donde la vemos, parada casi motu proprio y enfadada con el mundo, es tan rocambolesca que es cero representativa de lo que quiere retratar. Estos no son desahuciados de verdad, sino desahuciados de película.

Aparcando ya, que hay que llenar el depósito, Un largo viaje es un intento de película de corte social que intenta salirse de los caminos de siempre para acabar volviendo a ellos sin remedio. Acaba enarbolando una fantasía de huida de las reglas del capitalismo que es más fantasía de clase aspiracional que reflejo de ninguna exclusión social real, y por eso mismo acaba siendo un producto de centro comercial como los que contemplan sin poder pagar sus personajes, y sin atreverse a impugnar de forma directa el sistema que supuestamente critica.

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Jose A. Cano

Jose A Cano (Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha colaborado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con El Salto, El Español o revista Dolmen. Socio de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE).

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