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Películas españolas

Un hombre de acción: Anarquízame si puedes

Ruiz Caldera dirige para Netflix una película de atracos y aventuras más que correcta pero que falla en cuanto a fidelidad con los verdaderos ideales de Urtubia
Un hombre de acción: Anarquízame si puedes 1

Un hombre de acción dramatiza la vida de Lucio Urtubia, famoso anarquista, falsificador y atracador de bancos, considerado una suerte de Robin Hood del siglo XX por los movimientos anticapitalistas de la Francia de la Guerra Fría, ya que repartía las ganancias de sus golpes entre los más necesitados. Se siguen sus peripecias en el París de la época y su más famosa estafa, la falsificación en masa de cheques de viaje de Citibank, que provocó incluso el cambio en la seguridad y la forma de gestionar ingresos y demás en bancos de todo el mundo.

Dirige Javier Ruiz Caldera y como hemos comentado por aquí alguna vez, lo hace con eficiencia estadounidense. Sí, la expresión suele ser germana o suiza, pero en lo de parir productos de entretenimiento con sentido del espectáculo, buena factura, que saben conectar con los personajes y se mantienen blancos e impolutos toquen el tema que toquen, los jefes son los americanos. Es lo que quiere Netflix, lo que se supone que pide el pueblo: algo que ver el sábado por la tarde o entre semana al volver del curro y sin ser una bobada, tampoco moleste.

Eso es Un hombre de acción. Como biografía de Urtubia no comete más que las adaptaciones justas para que todo sea narrativo. Nada es «mentira», simplemente está resumido y todo el contexto que podría explicar esta película no lo hace, porque lo que quiere es contar una historia de atracos y aventuras en la que el protagonista es muy listo y vence a gente rica, que siempre sienta bien. Pero sin jaleos. La justicia social es un aderezo de fondo que debe superarse cuando uno madura y tiene familia, más o menos. Te lo firma Warren Beatty en los 80 y habemus Óscares.

Lucio Urtubia, El Príncipe de los Ladrones

Un hombre de acción

Un hombre de acción es buena en su trabajo, casi que muy buena, se podría decir. El título viene de que el protagonista, entre los revolucionarios teóricos y los que pasan del dicho al hecho, bueno, está claro lo que elige. De hecho, se deja clarísimo que su comprensión del anarquismo es lo solo lo básica para entender que si se repartiese todo, su padre no habría muerto por no tener para pagar las medicinas ni él andaría en el exilio, pero que no tiene ganas de que le calienten la cabeza. Como héroe, lo hace honesto. Como explicación del anarquismo histórico, una filfa.

Esto, obviamente, es pedirle peras al olmo. Sin meternos en destripar nada, diremos que la película, excepto el final, que podía haber optado por muchas soluciones, sigue un esquema clásico de maduración del protagonista en el que primero es ingenuo, luego encuentra un mentor, lo pierde y a partir de ahí establece su propio camino. Tiene ayudantes, con un paralelismo tan obvio con los alegres compañeros de Robin Hood que no hace falta ni subrayarlo, y una pareja que empieza como él y luego se «modera» cuando son padres. Es un tipo simpático, llano. Uno de los nuestros. O uno que se te olvida.

Es decir, Un hombre de acción hace tan, tan bien, lo de ser un producto de entretenimiento, y hemos dicho producto con toda la intención, que es hasta aburrida. La de Urtubia es una épica obrera muy propia de la Guerra Fría y la Europa de la época, pero aquí son poco más que folclore, incluyendo cameos como el del Ché Guevara. Su final es que mejor no robar ni molestar mucho a los bancos o a la Policía, aunque el final real aquí matizado es que le «ganó» al City Bank en su propio terreno, y dedicarse al asistencialismo de las ONG. Aunque deje cierta moraleja de que un obrero siempre encuentra dignidad en trabajar con sus manos, es de un buenista demasiado fácil.

Un hombre de acción a cámara lenta

Un hombre de acción

Juan José Ballesta sabe muy bien cumplir con el trabajo que le encargan y darle ese aire de héroe popular y populachero que debe tener a un tipo que se retrata como un poco inconsciente pero tan humano que en su primer atraco se mea encima. Como, de nuevo, Robin Hood, este Urtubia ficticio es incapaz de hacerle daño a una mosca, aunque no tenga ningún problema en llevarse su cartera, y eso lo salva. De nuevo, está demasiado bien hecho para ser plano. Hasta hay un detective que lo persigue y en el fondo lo admira, rollo Atrápame si puedes pero en gabacho. El anarquismo como picardía entrañable.

Destacar, eso sí, la guasona banda sonora, que, igual que el mismo título del filme, está hecha para rebajarle pesadez a todo lo que ocurre. Además de para dar ambientación sesentera a la parte central de las andanzas de los personaje, sirve para dejarnos claro que el protagonista es un superviviente con mucho ingenio y un poco ingenuo más que un hombre de acción de los que pegan puñetazos, y eso siempre está bien. La narración, plana, la documentación con coches y ropa del momento, pues eficiente, como siempre. El París de las películas de época: cartón piedra, pero muy bonito.

Por cerrando el caso, concluiremos que Un hombre de acción es una producción 100% Netflix de fondo de armario. No pretende ser la más vista ni la más polémica, sino una de esas que uno ve sonriendo de medio lado porque el bueno gana y es un tío al que gustaría invitar a una cerveza. En otra época y con otras ambiciones, un biopic de Urtubia habría sido muy diferente. Es injusto reprocharle eso a esta película, pero es inevitable planteárselo mientras uno la ve.

Imágenes: Un hombre de acción – Netflix
Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.