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Críticas

Tras el verano: Nuevos modelos de familia sin equilibrio

Yolanda Centeno dirige un drama familiar efectivo, que basa su fuerza en lo poco tratado que está el tipo de conflicto que recoge y el compromiso de su reparto
Crítica de 'Tras el verano', película de Yolanda Centeno

Tras el verano es la historia de Paula, Raúl y Dani. Paula y Raúl son pareja desde hace cinco años, Dani tiene seis y es hijo de un matrimonio anterior de él. Paula y Raúl se están separando, es una cuestión de tiempo, pero ella y Dani tienen un vínculo muy fuerte. Solo que Dani ya tiene un padre y una madre y no hay una fórmula legal que le permita a ella seguir siendo parte de su vida. Al mismo tiempo, Raúl disputa la custodia compartida a su ex mujer, quiere tener a Dani con él el mayor tiempo que sea posible. Y Paula reconstruye su vida junto a otra persona.

Yolanda Centeno, premiada cortometrajista con títulos en su haber como Imposible decirte adiós (2021) o Zugzwang (2014), entre otros, estrenó en el Festival de Málaga su primer largometraje. Un drama familiar sólido en su narrativo, apoyado en un gran trabajo por parte de Alexandra Jiménez —pocos papeles dramáticos le están para lo bien que se le dan— y Juan Diego Botto, pero que no acierta a encontrar el equilibrio entre algunas decisiones narrativas y expresivas muy delicadas y sutiles y otros momentos de recordarnos el tema de la historia refregándolo por el rostro del espectador con recursos de melodrama.

El argumento de Tras el verano es, la verdad, original, dentro de la sobreexplotación de los «nuevos modelos de familia» por cierta ficción reciente —sobre todo vía filtro estadounidense, es decir, despolitizado—. El dilema que plantea, afrontado desde la naturalidad tanto narrativa como de guión, es sobre el papel de los progenitores de una de esas familias reconstituidas sí, por alguna razón, la relación con el padre o madre biológico del hijo que en parte ha contribuido a criar, se rompe. No es algo tan exclusivamente actual como a veces nos parece, pero es verdad que se ha tratado poco o nada en el cine, y menos con la sensibilidad y el detallismo que lo hace Centeno.

La luz de Tras el verano

<strong>Tras el verano</strong>: Nuevos modelos de familia sin equilibrio 1

La directora elige una narración muy contenida, que va al grano, no parándose ni a aclararnos de qué trabajan Raúl o Paula —aunque en Tras el verano todo el mundo es bastante burgués— y avanzando a las escenas justas y necesarias para la historia (se intuye que alguna subtrama ha podido caerse en la sala de montaje). La luz juega al naturalismo, contribuyendo a expresar el momento vital de cada personaje, con un Botto que se pasa gran parte de la primera mitad cada vez más engullido por las sombras pero aprende a salir de ellas o una Jiménez que alterna luz y oscuridad según los personajes, sobre todo el niño, que la acompañen.

Son grandes ideas de dirección, muy bien ejecutadas, que hablan de una ópera prima bastante madura. Y aún así, se alternan con otros momentos excesivos o torpes, como el arranque con Paula y el niño jugando en el agua a cámara lenta, un par de diálogos que dan excesivas explicaciones y molestan más entre la sutileza habitual de los silencios de la película o ese final en el que irrumpe una canción casi de anuncio impropia de una película como Tras el verano donde la banda sonora brillaba por su ausencia y a veces jugaba a «borrar» a la propia cámara.

También señalar que aunque a veces se cuelen recursos de melodrama tontorrón o representaciones un poco esquemáticas —el personaje de Ruth Gabriel o el de la madre, Tamara Arias, cogidos con pinzas—, en general el tono es bastante adulto y comedido. Las reacciones o conversaciones entre los personajes se sienten reales, sus decisiones son bastante lógicas. No hay el tipo de excesos al que a veces nos acostumbra la ficción, todo lo contrario.

Crítica de Tras el verano

Por otro lado, si por algo destaca la película es por el trabajo de Alexandra Jiménez, actriz normalmente asociada a la comedia y que aquí destaca por la contención y naturalidad del personaje, y Juan Diego Botto, al que le cae un personaje que fácilmente podría caer fatal al espectador pero al que tanto él como la dirección vuelven suficientemente humano como para que entendamos su situación. El actor infantil Álex Infantes, por su parte, se beneficia de un guión y una dirección que saben lo que pueden pedirle.

Así pues, Tras el verano es un drama familiar efectivo, que basa su fuerza en lo poco tratado que está el tipo de conflicto que recoge y el compromiso de su reparto, pero que a veces no puede superar cierta sensación de película que se siente a sí misma como menor o que no confía del todo en su público, y desaprovecha grandes decisiones de dirección con otras más facilonas. Una pena, porque la deja a medio camino de algo que podría haber sido mucho más relevante cinematográficamente, y no solo a nivel emocional.

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Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.