CRÍTICAS
También esto pasará: La factura de la fiesta para los hijos de la ‘gauche divine’ catalana

Stills de 'También esto pasará'. ©Andrea Resmini. Montaje: ©Cine con Ñ
También esto pasará es una frase que le decía a Blanca (Marina Salas) su madre (Susi Sánchez), una importante editora e intelectual barcelonesa que ha fallecido recientemente. El dolor y la pena pasarán, como la alegría o la euforia. Blanca pasa el duelo por su pérdida mientras se debate con el rencor hacia esta madre ausente y la culpa por si ella misma no está sabiendo criar a sus hijos. A modo de expiación o autocastigo, reúne a sus mejores amigas, sus dos ex maridos y hasta a su amante casado actual en la casa que acaba de heredar en Cadaqués, una lujosa villa burguesa de vacaciones, para pasar unos días en verano, y mientras decide si visita o no el cementerio.
María Ripoll no para de rodar, vuelve a Málaga solo un año después de estrenar aquí Yo no soy esa (2024), y eso es una buena noticia. La cineasta lleva al cine la novela semi-autobiográfica de Milena Busquets del mismo título, una ficcionalización nada disimulada de la relación de esta con su madre, Esther Tusquets. Se trata de un ajuste de cuentas generacional desde la comprensión adulta entre dos etapas de la élite cultural liberal y progresista catalana —la siguiente etapa ya es lo que se veía Autodefensa (2022) o Calladita (2024), supongo— y que viene a enmendarle la plana a esas historias de burgueses muy leídos enrollándose entre ellos de forma aleatoria.
Eso sí, También esto pasará, aun con todos esos elementos de comedia negra y de crítica de la burguesía catalana, es una película fundamentalmente luminosa. Primero, porque así es el estilo de su directora, que extrae armonía de lo que sea. Segundo, porque está rodada en Cadaqués en verano, que quieras que no, ayuda, aunque evita tanto convertirse en un panfleto turístico como algunos tópicos sobre amores de estío, incluso jugando con las posibles expectativas al respecto. Esto último sobre todo en las relación de la protagonista, Marina Salas, con el tópico con patas que es el personaje que interpreta Carlos Cuevas.
También esto pasará y el narcisismo hereditario

El conflicto fundamental entre la madre (Susi Sánchez) y Blanca es que la primera era una persona narcisista y egocéntrica, capaz de organizar un sarao con timba de póker con el marido recién fallecido (esto, por cierto, está regular explicado en el arranque y quizás solo se pilla si conoces el libro), y la hija tiene miedo de ser igual, o muy parecida, porque se reconoce en sus propios tics egoístas. De hecho, el hijo mayor de Blanca —que tiene un padre que es un cacho de pan blanco— presenta rasgos de niño con madre narcisista, ejerciendo a veces de adulto en la relación y mostrando una madurez (y cierta rabia) impropias de su edad.
La protagonista, a la que Salas interpreta magníficamente en todo su registro, es caprichosa, inconstante, no admite su enfado ni su pena y acumula amantes casi por ansiedad. de los dos exes, ignora o maltrata al que es buen padre y la sigue queriendo y sigue acostándose con el que la rechaza, incluso suplicándole que vuelva con ella. Mantiene al amante casado solo mientras siente que se adapta a sus caprichos y tontea con un desconocido que vio en el funeral de la madre. Cambia de opinión sobre ir al cementerio, deja a sus amigas con la palabra en la boca y aunque no es «mala madre» del todo, tiende a la ausencia. Incluso a abandonar a la perra de la familia, así al descuido.
Sin embargo, Ripoll y Salas se las apañan para que caiga simpática, o al menos que no resulte tan insoportable como debería. En parte, gracias al monólogo que articula la película, que se hace pesado e innecesario en algún momento, pero cumple su función de que al menos entendamos que Blanca no es idiota del todo y en momentos de lucidez se entiende tanto a sí misma como a la ausente. La conclusión parcial es que esta nueva hornada de gauche divine catalana, que mantiene sus cenas a vinazos en los que a todo el mundo se le vuelven las manos largas, al menos es consciente de que no todo el monte es orgasmo y de su propio privilegio, y es menos hipócrita. No mucho, pero menos.
La vida burguesa, la vida mejor

Además, María Ripoll consigue que También esto pasará sea una película bonita en el sentido estético más naïf que se le pueda aplicar al término. No muestra, como decíamos, un Cadaqués excesivamente de postal —aunque aquella sea un Disneylandia burguesito—, pero aprovecha su luz y sus espacios abiertos sin idealizarlos. También se recrea en primeros planos de Salas y el elenco de guaperas que le coloca alrededor, y juega muy bien con los espacios en el plano y en las localizaciones para hacer «danzar» a los personajes en función de sus relaciones en evolución.
Por cierto. Esther Tusquets firmó en 2007 un tomo de memorias de su infancia y adolescencia que tituló Habíamos ganado la guerra. Primeros amoríos aparte, que habrá a quien le interesen más o menos, el tomate estaba en reprocharle tanta tontería a cierta burguesía barcelonesa recordándole que en 1939 recibieron a Franco con los brazos abiertos, hartos de tanto obrero pidiendo derechos y tanto anarquista sucio, y solo luego algunos de sus hijos se convirtieron en «progresistas» o nacionalistas.
Como También esto pasará es una historia de madres, hijas y narcisismos varios, deja la parte política en elipsis. Como ya vamos saturados de historias de ricos y sus dramas, y la casa de Cadaqués bien podría salir en la mencionada Calladita o Casa en flames (2024), pues no está de más comentarlo. Como dijo Javier Krahe, al que por aquí se respeta porque nunca tuvo lengua de serpiente: no todo va a ser follar.
Pero bueno, esto son detalles. El balance final de También esto pasará es más que positivo porque si algo sabe hacer Ripoll son películas sólidas, con un concepto central interesante que se respete tanto en el fondo como en la forma, y estéticamente armoniosas. Además, el reparto en general está estupendo, con la protagonista absoluta, Marina Salas, a la cabeza, y es de agradecer que, ya que estamos ante el enésimo drama burgués, sea uno cargado de autoparodia y que carga con humor negro contra todos los tics irritantes del pijoprogrerío de antes, de ahora y el que vendrá después.


Jose A. Cano