Críticas
Nosotros: Mirada al vacío

Nosotros empieza con el proceso de separación de Ángela (María Vázquez) y Antonio (Pablo Molinero), una profesora de historia y un periodista/escritor. Casados y con una hija, Antonio y Ángela se enfrentan al posible fin del matrimonio tras varios años juntos. ¿Qué pasó? ¿Por qué ya no pueden estar juntos? El repaso a su relación, desde que se conocieron, va desvelando todo lo ocurrido para haber llegado hasta ese punto.
Basada en la novela Feliz final (Seix Barral, 2018), de Isaac Rosa, la veterana directora Helena Taberna vuelve a la ficción —Acantilado, la última no documental, es de 2016— con este drama de dos personajes frente al abismo de una relación de pareja. A partir de una crónica de momentos seleccionados que recorren toda una década, la película va pasando por la convivencia de ambos y desde qué perspectivas y sensaciones se construye y se destruye su vínculo.
Nosotros es un drama concienzudo en los detalles y el desarrollo de sus dos personajes principales. Quizá no vaya más allá porque se enreda entre lo directa y accesible que quiere ser en la construcción de lo cotidiano y lo evocadora que resulta en la descripción del vacío y la codependencia de la pareja, a veces quedándose en tierra de nadie. Pero se mantiene como una película con su carácter.
Rossellini en Bilbao

Si se conoce un poco el cine de Helena Taberna (Yoyes, La buena nueva), normalmente con un claro tema social y/o comentario político, sorprende un poco que haya querido dirigir una película como Nosotros. Aunque a esta, como a todas, se le puede hacer una lectura política —en esta película hay referencias a temas como la vivienda, la inseguridad o la insatisfacción laboral de sus protagonistas o incluso un comentario sobre sus diferencias de clase—, estamos ante una película mucho más recogida o, si queremos tirar del tópico, íntima.
Lo que acaba funcionando como nexo de unión es, cómo no, el cine. La película se abre con el personaje de María Vázquez viendo Te querré siempre (Roberto Rossellini, 1954). Es la película de la pareja, la que ven siempre juntos, pero esta vez ella ya la ve sola. Es una bonita referencia cinéfila que, si se ha visto la película, avisa también de la tecla concreta que quier tocar Nosotros: el colapso de la pareja y el constante anhelo romántico de una posible reconciliación. La película va en realidad, como le pasaba a Ingrid Bergman mirando al horizonte en la película de Rossellini, del abismo interior ante la perspectiva del final, lo que imposibilita que se produzca.
O nosotros o yo

La película está construida desde un principio que es «el final» y a golpe de elipsis, que van rellenando huecos y construyendo la verdadera historia de una pareja que sabemos que en un determinado momento va a derrumbarse. Quizá para siempre, quizá solo momentáneamente. Por ahí Taberna se da prisa por contar el inicio de la relación, el enamoramiento y las bases de su vínculo. La película da saltos entre el presente y el pasado, en una descripción demasiado literaria y a golpe de diálogo que no le sienta nada bien ni a las interpretaciones (sufre especialmente Pablo Molinero, una buena elección de casting pero empequeñecido frente a los registros interpretativos de como Vázquez) ni al estado de ánimo que quiere crear.
Nosotros mejora cuando se vuelve más silenciosa y solitaria. Seguramente lo más interesante de la película, en la que Taberna repite una y otra vez el tipo de planos rosselliianos hacia la terraza y los personajes mirando al cielo turbulento de Bilbao, es cómo es capaz de mezclar en sensaciones los deseos de los personajes con sus propios miedos. ¿Querer salvar la relación es una voluntad genuina, de sentimiento hacia esa persona, o lo que te empuja a querer buscar una solución es no sentir un fracaso vital de ese calibre (y lo que eso podría significar también entre las personas que te rodean)?
Al final, el problema de Nosotros, como pasa con otros dramas «intimistas» de este estilo, es que no consigue reconciliar su vocación de película de narración clara y accesible con una exploración sentimental de voluntad compleja y de ligeros matices. Su guión, que se nota demasiado dependiente de su fuente literaria original, no está a la altura de este reto tan complejo. Con todo, la dirección de Taberna consigue dejarnos unas sensaciones coherentes que, en la segunda mitad de la película, tocan las notas tristes que busca. Haya o no, al final, reconciliación por las calles de Nápoles.

Arturo Tena