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La Unidad T2: El corazón del hombre de hojalata

La segunda temporada de la serie de Marini y de la Torre sigue siendo un gran policial, pero uno más previsible y tópico, irónicamente por intentar ser más humano

La Unidad T2: El corazón del hombre de hojalata 1

En La Unidad T2 la muerte del hijo de un importante líder conservador musulmán provoca que este decida tomar represalias en las familias de los agentes de la unidad antiterrorista de la Policía Nacional. La misma Carla Torres o el jefe Sanabria se convierten en objetivos de una yihad esta vez más difícil de detectar porque su cabecilla es un empresario legal que colabora con el CNI. Y lo peor de todo: los terroristas conocen demasiados detalles sobre los agentes, lo cual solo puede querer decir que entre ellos existe un topo.

Si la primera temporada de La Unidad era un policial donde lo importante era reflejar de la manera más realista posible el trabajo antiterrorista y las subtramas personales eran apenas la guarnición, aquí Marini y de la Torre deciden que ambas opciones se fundan en un thriller mucho más exagerado, aunque siga teniendo su ánimo documentalista, y manipulador, en el que la retórica de frialdad formal se acaba relevando como tramposa, pero que sigue estando muy encima de la media en cualquier sentido a lo que se produce en España.

El resultado es una temporada muy redonda a cuanto a guión pero que habla más de la familia que de antiterrorismo y algunas de cuyas representaciones resultan problemáticas o, directamente, difíciles de tragar. Hay hasta un comentario al respecto, cuando el personaje de Nathalie Poza le dice a su hija que la gracia del disfraz de Hombre de Hojalata es que está incómodo y necesita un corazón para ablandarse, por eso es un reto de interpretar. Aquí la (aparente) ausencia de estilo de la Torre, un gran director de acción y de suspense que sabe cuando «borrarse» en favor de las narrativas fluidas, roza aquí los clichés visuales, que además se contagian a la caracterización de los personajes en algún momento.

Crítica de La Unidad T2 con detalles de la trama

creadores de La Unidad

Lo mejor de La Unidad T2 es como thriller hace su trabajo perfectamente, manteniéndote en tensión por cómo se resolverán los atentados hasta el último minuto del último capítulo. Lo malo, que lo que la hacía única era, precisamente, no caer en ese esquema básico y manipulador de serie alemana de sábado por la tarde o blockbuster americano. Aunque aquí, por supuesto, sigan estando Homeland o las más recientes Fauda o Kalifat, sobre todo a nivel visual. Y ni hace falta decir que el reparto está impresionante, con Nathalie Poza y Luis Zahera, aunque sea más secundario, a la cabeza.

Otra cosa buenísima es como el guión asume que el tema de la temporada son la familia y el dolor por la pérdida, tratando un aspecto de los atentados que quedaba cojo en la entrega anterior, que era la experiencia de las víctimas. Se tratan las relaciones familiares -de sangre o creadas por la lealtad personal o laboral- desde varios puntos de vista de forma sutil, organizándolas temáticamente por episodios y con contraste entre el líder yihadista de apariencias repestables y la vida desordenada de los agentes. Hay ocurrencias originales y felices por lo coherentes que resultan, como que el agente curtido e incluso heroico sea incapaz de expresar sus emociones mientras el fanático religioso no tiene problemas en llorar públicamente por la muerte de un ser querido.

La serie crece, es decir, se vuelve diferente al resto, cuando hace lo que se supone que la define: explicar, con medios de la ficción, los protocolos reales y documentados de actuación de determinados cuerpos de seguridad. Por ejemplo, en el rescate de los supervivientes de una explosión a los que se localiza con perros, el ritual de un funeral de Estado, con imágenes tan fieles a la realidad que duelen un poco, o la vida en el campo de refugiados de Zaatari. Incluso la personalidad del «villano» de esta entrega y sus relaciones con los servicios secretos están tomadas de la vida real, como fue el caso del imán de Ripoll y su papel en el 17A en Barcelona.

La sensación general de La Unidad T2 es que sigue cierta tendencia de las producciones recientes de Movistar Plus+, donde se pegan tiros en el pie constantemente al tirar del manual del «formato de prestigio» audiovisual. Todo lo hacen correcto, pero previsible. Sin llegar a la brillantez en nada. La Fortuna, quintaesencia de este estilo, tenía la virtud excelsa de mimetizar contenido y estilo y evolucionar con ellos haciendo comentarios sobre la propia ficción. Aquí eso no está, simplemente de la T1 a la T2 dan un salto de cierta frialdad argumental, que quizás le venía bien a este tipo de thriller, a buscar una empatía con los personajes innecesaria y quizás exagerada.

La verdad y «la verdad»

La Unidad T2: El corazón del hombre de hojalata 2

En la última gala de los Goya el madrileño Nourdin Batan era uno de los actores jóvenes y racializados que participó en el sketch en vídeo sobre que siempre les daban los mismos papeles, en su caso de terrorista o de migrante. Aquí lo tenemos de nuevo de terrorista radical, suicida y asesino de niños. Nada, como dato. Por cierto, hay un momento en el que una mujer es secuestrada en Marruecos y que la planificación visual es un spoiler más grande que dejarlo aquí por escrito: plano aéreo de la ciudad, primer plano de alguien sirviendo té, ambiente cargado de un bazar… y movida violenta de golpe. Hay otros «autospoilers vía cliché visual» aún peores, pero no los voy revelar porque son claves para la temporada.

Por otro lado, por dos veces en esta temporada tenemos líos de cama entre compañeros de trabajo, que igual son cosas que pasan en la vida real, pero que en esta serie eran como lo de menos. Que Zahera lleve a una chavala espectacular a una fiesta era la guarnición, no lo principal. Pues bien, los dos subordinados racializados son «castigados» por el guión, la una por sospechosa de infiltrada y el otro para morir trágicamente. También muere un agente a punto de jubilarse que pide a sus compañeros que cuiden de su mujer. Y el final son los dos divorciados reunidos con la hija en común en estampa tradicional, tras verse amenazados por el malvado terrorismo y olvidando sus escarceos anteriores.

Lo mejor que tenía La Unidad en su primera entrega es que le daba completamente igual que algunas de las situaciones que recogía no fuesen políticamente correctas. Podía molestar por igual a tirios y a troyanos, por decirlo así, como Antidisturbios de pero de maneras menos explícitas (y menos políticas). Pero en esta segunda temporada han visto que el villano que usa de tapadera una fundación para reinsertar radicales o la maltratada que vuelve con el marido salafista era demasié para el cuerpo y ha hecho falta refregarnos por la cara a una agente de origen árabe dando discursos macarras y siendo sexualmente agresiva para «compensar». Ya que estamos fundiendo el topicómetro: excusatio non petita, accusatio manifesta.

En resumen: La Unidad T2 es una más que efectiva secuela a nivel técnico, muy por encima del policial tipo, pero que para seguir adelante manteniendo el interés del público ha decidido meterse en unos jardines temáticos de los que solo se salva de milagro. Sigue siendo una muy buena serie, pero una menos única y potente de lo que fue en su primera entrega, que es capaz de llegar a momentos de verdad humana, pero de la manera tópica y previsible que siempre han llegado las demás, esas a las que impugnaba.

© Fotos La Unidad T2: María Hervás (Movistar+)
Montaje de portada: Cine con Ñ.

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