Suscríbete Iniciar sesión

Críticas

Black Sunday: Érase una vez en Bilbao

Una historia sobre el desarraigo del migrante que lucha muy fuerte por superar artísticamente sus límites de presupuesto, aunque quizás resulte demasiado esquemática en su superficie para conseguirlo
Black Sunday: Érase una vez en Bilbao 1

Black Sunday sigue los pasos de Sumo y Luca, dos jóvenes argentinos emigrados a Bilbao, donde luchan contra la precariedad para abrirse paso en el mundo de la música electrónica, su gran pasión. El problema empieza cuando Sumo decide que necesitan más dinero y que lo conseguirá convirtiéndose en traficante de drogas, un negocio fácil y rápido. Hasta que una venta sale mal y se encuentra desbordado por una deuda imposible con uno de los más peligrosos jefes del narco en la ciudad.

Esta serie es el aterrizaje en España de la realizadora argentina Ludmila Wagnest, más conocida en su país y premiada por su trabajo en la miniserie Prohibido Silbar (2018). El reparto está compuesto a medias por actores argentinos que en algunos casos cruzan el charco por primera vez y caras conocidas de la televisión en España como Ramiro Blas (como siempre, de villano) o Mina El Hammani. Podría ser una de esas coproducciones panhispánica que buscan públicos por pesca de arrastre a las que nos hemos acostumbrado, aunque hay algunas diferencias clave.

Esta Black Sunday, en realidad, no cuenta nada que no contase, por ejemplo, Fanático (2022), o, a su manera, Fariña (2018) o cualquier otra serie sobre ascenso de un don nadie en el mundo de las drogas, aunque no sea comparable con ninguna de las mencionadas. Entre otras cosas no es comparable por la falta de medios: Wagnest ha producido esto a pulmón, y si estamos ante cuatro episodios de 20 minutos y no seis de 45, por ejemplo, se intuye que es por obligación, aunque vengan con la ventaja de que se ha reducido la historia a la síntesis absoluta.

Sin hogar ni lugar

Black Sunday Prime Video Ludmila Wagnest

Hay una lectura puramente argentina que en España es más complicada de entender porque nuestras migraciones políticas y económicas o quedan más lejos o se han transformado en una variante de clase media alta aspiracional con hijos de altos cargos de PP y PSOE quejándose de que en Bruselas les dan curros de plebeyos. La base de Black Sunday es el desarraigo del migrado que busca una vida mejor, una que es imposible en su lugar de origen, pero aún así lucha por no olvidar quién fue. Eso para la identidad argentina es fundacional, y aquí llevado a Bilbao, sin ese contexto, resulta chocante.

Así, la historia se asemeja a una versión contemporánea e hispanizada, en un sentido amplio, de las fábulas del recién llegado a Nueva York que nos ha vendido Estados Unidos en tantas ocasiones, con amigo que ejerce de conciencia, un señor de las tinieblas que ejerce de tentador y una presencia femenina que parece el puente a esa vida mejor que el protagonista, y el espectador a través de él, creen merecer. No es raro encontrar así algún eco de Scorsese en la presentación de la historia, aunque quizás no sea el bueno de Martin el que irrumpe, sino el zeitgeist.

Por lo demás el mundo de la música electrónica y las drogas van muy unidos en la vida real y es inevitable retratarlos como simbióticos, pero en lo que atiende a su representación en la ficción audiovisual se han convertido en un cliché demasiado recurrente. Es cierto que quizás Black Sunday no aspira a decir nada nuevo sobre ellos y los utiliza como un marco para su personaje, pero el problema de los atascos narrativos es que afectan a la percepción del espectador y acaban sonando a algo ya visto y, por tanto, aburriendo. No es la única serie que cae en ello, pero ya que juega en condiciones de inferioridad material, no puede permitirse ciertos tropezones.

El mismo narco

Black Sunday serie Prime Video

Por otra parte es evidente, dada esa falta de soporte en producción del que ha adolecido la directora y productora, que Black Sunday está escrita y rodada para abrir la puerta a una segunda parte y contar la historia completa (y la voz en off es un spoiler en sí misma). Aunque el final que tiene sería válido —de una manera u otra el descenso a los infiernos del protagonista se completa de la mano de su nada disimulado Mefistófeles hortera—, se intuye que todo esto es solo el principio de un arco en el que los temas sobre el desarraigo, la creación artística y el perder la perspectiva de uno mismo se desarrollan plenamente.

En fin, que Black Sunday es una serie en general bien contada y que lucha muy fuerte por superar artísticamente los límites que le impone el presupuesto, pero también una historia que en su superficie suena a demasiado manida para que sea efectiva la forma en la que desea expresar los temas de su subtexto. Wagnest es una autora con una visión de lo que quiere hacer y su reparto le tiene respeto al texto —y bueno, Ramiro Blas se lo está pasando como un enano haciendo el mamarracho—, así que aunque a veces encajonarse en un esquema limita más que no tener un coproductor, Black Sunday es un título que merece una oportunidad.

Imágenes: Black Sunday – Prime Video

Jose A. Cano

Jose A Cano (Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha colaborado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con El Salto, El Español o revista Dolmen. Socio de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE).

APÚNTATE A LA NEWSLETTER DEL CINE ESPAÑOL

Get the latest business resources on the market delivered to you weekly.
Recibe en tu correo las últimas novedades sobre el audiovisual estatal
LA NEWSLETTER DEL CINE ESPAÑOL
Recibe en tu correo las últimas novedades del audiovisual estatal