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Ispansi: Memoria de la tierra de nadie

Carlos Iglesias dirigió una película fallida en el tono pero con el mérito de recuperar la historia olvidada de los españoles que se quedaron en la URSS

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Ispansi cuenta la historia de un grupo de españoles exiliados en la URSS durante la Segunda Guerra Mundial: niños de la guerra, antiguos combatientes e incluso alguna falangista con un secreto a sus espaldas. Allí se enfrentan al doble exilio, ya que por una parte no pueden volver a España, pero por la otra no son precisamente bien vistos por las autoridades soviéticas.

Carlos Iglesias se atrevió aquí con una producción ambiciosa y de corte clásico en su segunda película tras el éxito de crítica de Un franco, 14 pesetas. El testimonio, aunque más original, es menos efectivo, quizás porque aquella podía ser solo intimista y esta no encuentra el equilibrio, ni de tono ni narrativo, entre la épica buscada en la parte central y el tono tierno del final.

Aún así Ispansi es una película interesante por lo que cuenta y como intenta contarlo. La ambientación está lograda y la base del relato es lo suficientemente potente como para que siempre haya algo que lo sostenga: los «alemanes del Volga», los trenes soviéticos, la organización -por llamarla de alguna manera- soviética tras las líneas…

Crítica de Ispansi con spoilers

Ispansi: Memoria de la tierra de nadie 1

Ispansi es una huida constante, de la guerra y hacia el frío, pero también de los personajes de sí mismos. Los traumas podrían estar más afinados, porque no se profundiza en ellos salvo para la protagonista -madre soltera y falangista encubierta-, pero cumplen su función de hacer a los miembros de la expedición más empatizables que simplemente «gente de que es de tu pueblo y atraviesa Rusia en invierno».

Por el camino se permite un par de guiños cinematográficos, tanto al cine clásico de Hollywood como al español… lo cual implica reflejar la odisea de un grupo de republicanos en la URSS haciéndole homenajes a Saénz de Heredia. Pero así es la vida. Al final por esa vía acaba siendo más tierna que épica, como decíamos, aunque no se corta en ser cruda y matar niños cuando le parece necesario.

Irónicamente, lo más interesante llega ya en la última media hora, con la Segunda Guerra Mundial ya terminada y los protagonistas intentando hacerse una vida… en la URSS de Stalin. Esa trampa de la paz y del desarraigo que lleva al arreón final habría dado para una película entera, quizás hasta para convertir todo en una serie.

Español en tierra extraña

Ispansi

En Ispansi hay una escena en la que un grupo de divisionarios rescata a prisioneros españoles que combaten para la URSS de manos de los alemanes cuando estaban a punto de ejecutarlos. Cinematográficamente queda muy épico, aunque es poco creíble. Un voluntarismo parecido a la escena de los guardias y los maquis de El Ministerio del Tiempo. Lo mismo que un señoro más comunista que Santiago Carrillo con una camiseta del Ché Guevara llamando «El Caudillo» a Franco en vez de, qué sé yo, Paca la Culona.

De últimas Ispansi es la historia de amor entre una falangista y un comisario político comunista, con un espíritu conciliador encomiable pero que a poco que el guión da un quiebro chirría un poco. Lo salva más Esther Regina, que lo da todo por levantar a su personaje, que Carlos Iglesias, que lleva mejor, alejado de su registro habitual, las partes desagradables de su personaje que las humanas.

Una lápida con una estrella roja en la que figura «maestro español» bajo el nombre y rodeada de otras cirílico resumiría un poco el espíritu de la cinta. Es ahí donde se faja Iglesias director, y un poco actor, cuando retrata el desarraigo e incluso se atreve con el doble giro del regreso en el que el país al que se vuelve ya no se parece en nada al de los recuerdos.

Son esos momentos los que rescatan una película que merece su pequeño lugar en la historia del cine español solo por el mérito de recuperar la memoria de un doble exilio olvidado: los que eran igual de incómodos para la propaganda de los dos bandos. Al final, por mucho que chirríe, queda el discurso de Beatriz al reencontrarse con su hermano militar franquista -que por otra parte es un tipo más o menos decente, más allá de lo de matar gente en la guerra, que no se merece el broncazo que le cae-: «La vida no es así. Nosotros hacemos la vida y nuestros actos marcan el curso de la Historia».

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