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Críticas

Galgos: Haciendo series con tiralíneas

Una muy buena serie diseñada y realizada con precisión, con un guión de manual y unas interpretaciones más que correcta, que está pensada para ser tan eficaz que le falta un giro para ir más allá
<strong>Galgos</strong>: Haciendo series con tiralíneas 1

Galgos es la historia de la familia Somarriba, propietaria de Grupo Galgo, una gran empresa de la bollería industrial y los postres que se enfrenta a la amenaza de una regulación restrictiva, la llamada Ley del Azúcar. La empresa debe tomar decisiones clave que la permitan sobrevivir hasta llegar a su tercera generación, pero por el camino debe decidir si opta por adaptarse a la nueva regulación, cerrar algunas de sus fábricas o buscar nuevos socios capitalistas y ponerse en mano de personas ajenas a la familia, sin descartar la vía de la presión política.

Movistar Plus+ tuvo en 2023 seguramente su mejor año en calidad media de las series desde que las produce al ritmo actual. Este 2024 empieza fuerte con una propuesta de tiralíneas, sin esa figura tan socorrida del creador para ampararla, más bien otra serie «de estudio» surgido de las entrañas Buendía Estudios, donde quizás la figura de Sonia Martínez, directora de series de la productora, es lo más parecido que se adivina a un factótum, y que ha reunido un pequeño dream team: Félix Viscarret y Nely Reguera para dirigir un guión de Lucía Carballal, Francisco Kosterlitz, Pablo Remón y Clara Roquet.

<strong>Galgos</strong>: Haciendo series con tiralíneas 2

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Hay una comparación para Galgos, odiosa y evidente, que los responsables de la serie han abrazado para desmentirla desde el principio: Succession (2018-2023). Lo cierto es que aquí las dinámicas son completamente diferentes, y en seguida hablamos de por qué, pero en cualquier caso ambas se inscribirían en esa sana tradición de ver como los ricos se apuñalan por el poder en sus propios tinglados familiares.

Uno se puede remontar hasta The Magnificent Ambersons (1942), de Orson Welles (El cuarto mandamiento en España), que trataba sobre la industria del automóvil, o mirar las más recientes Trust (2018), de Simon Beaufoy, con Donald Sutherland de empresario del petróleo sin escrúpulos, o nuestra Crematorio (2011), sus Bertomeu y la corrupción urbanística como pyme familiar. Una de las cosas interesantes aquí es el área de negocio elegida. Pero vayamos por partes.

Galgos Serie Movistar Plus+ empresa familiar Adriana Ozores María Pedraza Óscar Martínez Luis Bermejo Patricia López Arnaiz series españolas en 2024

Galgos es otra serie que nace de una mesa de análisis, de un brainstorming, este más creativo y menos estratégico que el de otras, y va sumando talentos a la idea original, mientras la afina. Las piezas se ven perfectamente, aunque eso no quiera decir que no estén colocadas de manera armónica y que, como en parte era su objetiva, la serie no se salga de algunos raíles habituales de la ficción española reciente. Escapar de Madrid ya no es novedad, tampoco el protagonismo femenino —aunque quizás sí el de una mujer de la edad de Adriana Ozores, que lo borda—, ni la subtrama política —sin mencionar siglas ni leyes reales, eso sí—, pero todo junto, en este marco y con esta ambición narrativo sí que resultan más raros.

La inspiración de Grupo Galgo parece estar a medio camino entre Gómez Cuétara y los Botín, que para algo la acción se sitúa en Santander, aunque pasados por el filtro de una serie de arquetipos reconocibles en nuestras tan queridas y españolísimas, con perdón, familias pijas (aunque don Emilio o su hija Ana les darían sopas con hondas a los Somarriba, en el fondo unos tiernos corderitos). Galgos los trae a la cotidianidad a través de los postres y galletas para niños y plantea una regulación del azúcar que no suena tan loca en nuestra actualidad, aunque uno echa de menos un poco más de esperpento, que el hermano aspirante a político, además de dárselas de defensor de la España vaciada el muy jeta, se atreva a una foto en redes poniéndose tibio de bollería industrial y etiquetando a Von der Leyen.

Viscarret y Reguera proponen una narración a base de primeros planos y cámara en mano, siguiendo a los personajes por los pasillos de la sede de la empresa o la mansión familiar sin hacer muchas diferencias entre una y otra, siempre ansiosos y dolidos con otro miembro de la familia. Los planos generales tienden a enmarcarlos y trazar la evolución de sus relaciones, sobre todo del personaje de Ozores, que protagoniza el cierre de la serie. Digamos que el primer episodio de Galgos empieza con una anécdota sobre una boda de hace años, y nos presenta a todos los miembros de la familia con sus reacciones, y el último nos despide en el baile de otra, dejándonos clarísimo que todo se repite y nada acaba nunca del todo.

<strong>Galgos</strong>: Haciendo series con tiralíneas 3

En Galgos está todo tan bien medido, tan eficazmente ejecutado, que molesta. La simetría del guión y como espeja situaciones empaquetadas por episodios es de manual, las interpretaciones son estupendas —que Patricia López Arnaiz, Luis Bermejo u Óscar Martínez estén bien no es novedad, pero ojo a Jorge Usón o Antonio Dechent y sus personajes que son de los pocos en aportar mamarrachismo—. El final no tiene moraleja, que eso siempre está bien, y los vicios de los personajes se retratan solos y ya dejan al espectador que lidie con lo que les parece —incluso los más trepas, clasistas o caraduras tienen razones para ser cómo son, digamos—. Viscarret y Reguera planifican que da gusto verlo. Es tan precisa, tan buena-buena, que se le olvida tener un algo más que ser «un drama ‘empresarial-familiar’ españolizado».

Por ponerle una pega, tenemos el habitual tono blanco, desideologizado y pensado para no molestar a nadie pero dar acabado «de prestigio» de siempre. Es una opción, claro. Galgos solo quiere describir una realidad con el filtro de la ficción y con la mejor técnica posible, pero no le interesa cuestionarla o rastrear sus bases. Hacer lobby en Bruselas o amagar un cierre para que los políticos metan pasta pública por miedo a la pérdida de empleo en plena precampaña son opciones. Plantear que seguramente el abuelo Somarriba levantó la gran empresa que tiene por ser cercano a las autoridades franquistas, quizás incluso con algún pufo y explotando a sus trabajadores, eso sería incómodo. Solo sale un sindicalista, y es corrupto y amiguete. La perspectiva del currito solo aparece cuando se desclasa, y ahí lo que le pase se lo merece, por trepa.

Pero eso es por ponerme en modo supertacañón. La realidad es que Galgos es una muy buena serie, diseñada con tiralíneas, otro ejercicio de producción, guión y dirección desde la precisión absoluta, semejante salvando las distancias a la reciente Cristóbal Balenciaga, aunque un escalón por debajo en ambición —y en presupuesto, claro—. Otro producto de Movistar Plus+ que la consagra como la plataforma que produce mejor material español de media, siempre poco pero bien peinado, y una muestra de la sofisticación industrial y creativa que puede alcanzar nuestra televisión actual cuando se lo propone.

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Jose A. Cano

Jose A Cano (Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha colaborado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con El Salto, El Español o revista Dolmen. Socio de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE).

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