Críticas
El silencio de Marcos Tremmer: Duelo, romance y privilegio

El silencio de Marcos Tremmer cuenta la historia del susodicho protagonista, un publicista uruguayo residente en Madrid y de posición acomodada al que le detectan una enfermedad terminal. La noticia lo sorprende cuando su mujer, Lucía, española, se está recuperando por la muerte reciente de su hermana. Así que Marcos decide ocultarle lo que ocurre e incluso alejarse de ella o tratar de romper la relación para ahorrarle sufrimiento. Pero, ¿tiene realmente derecho a tomar esa decisión por ella?
Llega directa a Prime Video (en España) esta coproducción entre España, Uruguay y República Dominicana, que es otro de esos intentos de una filmografía panhispánica y que venda un determinado estilo de vida en Madrid para latinoamericanos de clase alta, ocupando el papel que de momento todavía sostiene Miami. En ese sentido, el segundo largometraje de Miguel García de la Calera, que demuestra ser un realizador con oficio, camina en una línea muy similar a la de Caribe, todo incluido (2020), incluso tratando algún tema similar como el del adulterio, solo que en clave de melodrama y no de comedia de enredo.
El resultado, como se intuye, es irregular, sobre todo porque se adivina que la historia original podría ocurrir en Madrid con un uruguayo o en Finlandia con un senegalés, e incluso con alguien que se mude dentro del mismo país de una región a otra lo suficientemente lejanas también valdría. Por otro lado, por mucho empeño que le ponga el reparto, la historia no consigue abandonar del todo cierta impostura de culebrón, y la dirección, aunque correcta y buscando acabado de drama de prestigio, no ayuda a que nada parezca particularmente novedoso.
El silencio de Marcos Tremmer y la identidad

La presentación de El silencio de Marcos Tremmer no anda muy lejos de algo que hemos analizado por aquí de ese cine o series de «la España de las piscinas» o ese Madrid estilizado para latinos con dinero. De hecho, recordando a un tipo concreto de cinematografía en español a la que se podría acusar de los mismo que al cine indio en Los nuevos reyes del mundo: Bollywood, dizi y k-pop, de Fatima Bhutto: renunciar a relatos constructivos en favor de estilos de vida aspiracionales ultracapitalistas, con imaginarios colonizados por el neoliberalismo anglosajón y, aunque se empeñen, carentes de alma.
Es más: El silencio de Marcos Tremmer levanta el vuelo más cuando trata la relación de Marcos (Benjamín Vicuña) con su madre (Mirta Busnelli, leyenda argentina), que continúa en su pueblito en Uruguay, que con la esposa (Adriana Ugarte). Casi se podría leer como una especie de argumento decolonial desde lo conservador en el que se abomina de la esposa europea, que propone parejas abiertas y movidas modernas, y en favor de las raíces si no fuese por lo profundamente clasista y privilegiado que es todo alrededor de los Tremmer y su mundo de exilio latino en Madrid, donde se ofenden por el enfoque de las relaciones locales mientras disfrutan de una vida muelle alejada de la realidad.
El silencio de Marcos Tremmer y el tiempo

Por otro lado, el problema de El silencio de Marcos Tremmer es que resulta lenta, deslavazada y poco natural en el tiempo interno de la ficción, donde todo se sucede a una velocidad inusitada y presentando a los personajes como poco menos que infantiles o estúpidos a pesar del empeño en lo sofisticado de su entorno. La factura técnica impecable, especialmente en el uso de las luces del Madrid nocturno, no esconde un acabado narrativo de culebrón a medio cocer, en el que las cosas pasan un poco porque sí y las moralinas neoconservadoras no consigue camuflarse bajo la vida de lujo y obras de arte posmodernas de los protagonistas.
En fin, que El silencio de Marcos Tremmer, siendo un producto de un acabado profesional y un nivel de producción notable, no deja de ser la enésima coproducción que busca lo panhispánico desde la estilización tramposa, el clasismo y las leccioncitas de vida neoconservadoras, que además no consigue funcionar a nivel de melodrama por lo artificioso de las situaciones. Miren como El Eternauta, que sigue siendo un producto recauchutado de Netflix, no ha necesitado tanto matraca.


Jose A. Cano