Críticas
El rastre del llop: El hombre es un lobo para el hombre

Stills de 'El rastre del llop'. Montaje: ©Cine con Ñ
El rastre del llop (El rastro del lobo) se sitúa en un futuro no muy lejano, cuando los problemas de superpoblación y sequía han llevado a un gobierno de corte autoritario y medidas extremas, como la vacuna Saturn25. Una inyección que deja la esperanza de vida del sujeto en apenas 25 años y que debe inocularse la gente que decide tener más de un hijo para mantener la población estable. Es el caso de Gabriel, un payés, padre de Sofía y Xavi, que está al límite de su plazo cuando el segundo de los hijos muere y la primera vuelve a casa después de 10 años.
Coproducción entre Argentina y España que dirige Ángeles Hernández, quien suele jugar con los límites de los géneros para hablar de catarsis familiares y del duelo, como en la reciente El Faro (2024), también con la relación entre un padre y una hija como eje emocional central de todo el entramado. Aquí hablamos de una distopía, sí, porque una al año no hace daño, de esas que utilizan elementos del presente, como la sequía o la pandemia, y los llevan un poquito más allá.

Jose A. Cano