Críticas
El loco. Los silencios de Quintero: Sabes más que los ratones coloraos

Fotogramas de 'El loco. Los silencios de Quintero'. Montaje: ©Cine con Ñ
El loco. Los silencios de Quintero es un resumen y análisis, desde la admiración, de la carrera del periodista y estrella radiofónica Jesús Quintero. Dos episodios dedicados a contar la trayectoria del famoso entrevistador un poco a salto de mata, más centrándose en su particular método de crear un ambiente de confianza con los famosos, o anónimos, que acudían a su programa, que de explicar las vicisitudes profesionales de su carrera o su figura como intelectual o personaje mediático.
La miniserie es otro estreno de RTVE Play, así un poco como al descuido, que en este caso llega tras estrenarse en el Festival de Sevilla, adecuado dado que era la ciudad de residencia del protagonista. Produce Freemantle España, responsable sobre todo de realities o programas de entretenimiento para el abierto, pero que también está detrás del documental Los Williams (2024), de Raúl de la Fuente, y dirigen Rocío Cañaveras y José Rueda (La leyenda de Sergio Ramos).
El desfile de famosos, como se pueden imaginar, es espectacular, dada la popularidad de Quintero, sobre todo en su etapa de madurez, y el nivel de los invitados que solían pasarse por su programa. Además de admiradores y de la familia, que ha estado muy pegada a la producción y se nota, se dejan caer Angels Barceló o José María García, que de entrevistar algo deben saber. Por una vez, estamos ante un documental biográfico en el que traerse a personajes conocidos que apenas habían coincidido dos veces en su vida con el interfecto tiene sentido.
Y aún así.
Malas preguntas, peores respuestas

El problema con El loco. Los silencios de Quintero es que acaba valiendo más por lo que no cuenta que por lo que sí. Es una miniserie ejecutada desde tanta admiración al protagonista, y con tanta complacencia de la familia, que resulta inane. Se parece a todos los documentales deportivos y musicales de los que abominamos tanto en este medio. Y no es que me moleste porque yo particularmente tenga nada en contra de Jesús Quintero, que para mi quinta de estudiantes de periodismo en Sevilla era una especie de referente hippie. Es que es un homenaje muy pocho.
Para empezar, porque la miniserie imita del interfecto su capacidad de agasajar al entrevistado, pero no la de ponerlo en aprietos desde la amabilidad y la zumba. No hay nada que incomode ni sorprenda en este documental, todo es complaciente con un aura de respetabilidad e intelectualismo que, por mucho que se empeñen, Quintero no tuvo toda su carrera. Al contrario, casi hasta bien entrados los 90 era considerado una especie de friki. Que Supergarcía ya lo respetase no quiere decir nada, solo que el ínclito era otro adelantado a su tiempo.
Silencio ante El Loco

Precisamente por eso El loco. Los silencios de Quintero ni siquiera pone su carrera en contexto adecuado. Parece que siempre fue un referente admirado y respetado con el que todos querían entrevistarse y que se la jugó en diferentes momentos optando por retratar perfiles más diversos. Y naranjas de la china. Es cierto que actuó con una libertad inédita en ciertos ámbitos, y que programas como Cuerda de presos (1996) resultaron rompedores, pero la frasecita popular era «estás como para que te entreviste el Loco de la Colina».
En fin, que tampoco pasa nada. Es lo que tiene ya no estar y el paso del tiempo, que lo que se queda es la despedida y cierre, y bien está que sea así. No es el estilo de miniserie que hace justicia a la figura ni se mimetiza con el personaje —por aquí ya hemos alabado la capacidad de hacer eso de Charlie Arnaiz y Alberto Ortega o de los biopics de Laura Hojman—, pero al menos si no tienes ni idea de por qué el tipo era tan magnético, al acabar los dos episodios de algo te has enterado. No aporta demasiado y probablemente la justicia venga más adelante, pero menos da una piedra.

Jose A. Cano