CRÍTICAS
Los Williams: No es solo fútbol, es también la vida

Fotogramas de 'Los Williams'. Montaje: ©Cine con Ñ
Son hermanos, son negros, son vascos y son del Athletic: son Los Williams. Raúl de la Fuente dirige el documental que ha seguido durante casi dos años la trayectoria de Iñaki y Nico Williams, futbolistas del Athletic de Bilbao nacidos en España de padres ghaneses. La película refleja por igual la expectación en la tierra natal de la familia ante el debut de ambos en el pasado Mundial de Qatar como la temporada siguiente, en la que se proclamaron juntos campeones de la Copa del Rey junto a su equipo, aprovechando para repasar la historia de como sus padres atravesaron África hasta llegar a Bilbao.
Una historia que habla sobre fútbol, pero también sobre la vida y todo lo demás.Un documental sobre deportes que no es como los demás, y esta vez no es una frase hecha. No solo porque haya inaugurado la Sección Zinemira del Festival de San Sebastián 2024 y el director tenga tres Goya, sino porque la historia de los hermanos Williams es muy particular.
Estamos ante una epopeya familiar que habla de la identidad y cómo está puede construirse alrededor de varias familias y pertenencias que parecen contradictorias, pero siempre sobre la base de la lealtad y la humildad. Una muy especial, como lo es el Athletic Club entre los clubes de élite o lo es la vida del migrante, siempre con un pie en cada extremo del mundo.
Para empezar, aunque el mayor peso del metraje, por una cuestión probablemente presupuestaria, descasa en Bilbao y un par de largas entrevistas a los hermanos en diferentes momentos, en paralelo a su éxitos y fracasos sobre el verde tenemos la historia de otros hermanos ghaneses, dos niños que tienen que salir a pescar con su abuelo todas las mañanas. Y también la del propio viaje de Félix y María, sus padres, en la que vieron morir de sed o hambre a amigos y conocidos. Precisamente por la potencia de todas esas historias, es una pena que Los Williams se quede a medias y conforme avance su metraje se deje hipnotizar por los goles, olvidándose de lo que podría haber sido.
Los Williams, de Ghana a Qatar

Raúl de la Fuente es autor de varios cortometraje documentales de claro enfoque decolonial: Minerita (2013), I Am Haiti (2014), La Fiebre del Oro (2017) y El infierno (2019). Incluso su largo animado, dirigido a medias con Damian Nenow y sobre el papel un biopic del periodista polaco Ryszard Kapuściński, Un día más con vida (2018), es en realidad una historia sobre la independencia de Angola. Por eso parecía el director perfecto para que Los Williams no fuese otra hagiografía egotista sobre un deportista de éxito y por eso decepciona que, aunque se libre de eso en parte gracias a la propia personalidad de los protagonistas, se quede a medias en llevarlo mucho más allá.
Lo cierto es que el punto de partida si suena más típico: la doble participación de los hermanos en el Mundial 2022 (relativamente excepcional, casos parecidos han ocurrido con los Boateng, los Xhaka o los Alcántara). El giro es que De la Fuente y su equipo se trasladasen en parte a Ghana, a seguirlo con el abuelo paterno de los Williams, George, quién convenció a Iñaki de jugar con Ghana y él mismo fue futbolista amateur en su juventud. Probablemente porque ni los Black Stars ni La Roja lo hicieron demasiado bien, la cámara se queda con los hermanos después y acaba montando una historia de caída y redención alrededor de la Copa del Rey (eliminación en 2023, título en 2024).
Y claro, ahí Los Williams se diluye. Todo está muy bien, a medias y con prisa. Es una pena, porque el documental tiene clarísimo su núcleo emocional y lo sostiene contra viento y marea gracias a la complicidad de los Williams y la potencia de testimonios como el de la madre. De la Fuente sabe mostrar el tema —la pertenencia, la lealtad y las identidades con muchas capas propias del inmigrante… y del vasco— sin refregarlo, pero no lo envuelve en un hilo narrativo sólido. La segunda mitad es el mismo documental de siempre sobre un deportista joven que triunfa, una especie de versión del de Ilia Topuria pero con dos protagonistas menos ególatras.
Los Williams, de Bilbao a Berlín

Un ejemplo para que se entienda: la historia de Félix y María no está bien explicada. En cualquier reportaje al azar sobre los hermanos se dan detalles que la enriquecerían mucho y afilarían la mirada crítica sobre la desigualdad neocolonial que le falta a Los Williams. Por ejemplo, cómo un abogado de Cáritas recomendó a los padres decir que eran de Liberia, país entonces en guerra, para ser considerados refugiados y quedarse en España. Algo que habría ayudado a contar mejor la importancia de Iñaki Mardones, el cura padrino del hermano mayor, en su dinámica familiar, e incluso contextualizaría los recuerdos bañados en lágrimas que aporta la madre en algún momento.
No se trata de dar detalles de la intimidad de los Williams que ni le interesan a nadie ni vendrían a cuento. No necesitan melodrama para caernos bien porque basta escucharlos en una mala entrevista diez minutos para ver que no tienen las tonterías de otros deportistas de élite. Pero son una excepción, un rayo atrapado en una botella. La historia de los niños ghaneses no acaba de encajar con el resto, los partiditos descalzos y sin camiseta con los chavales del barrio no se desarrollan. Cuando deberían tener más importancia que la Eurocopa. Lo dice Nico: irte a un equipo grande hace que ya no tengas una vida normal, y esa decisión no es solo fútbol, es también la vida.
Como ya estamos en el descuento, lo resumo. Este redactor es del Betis, que es como ser del Athletic pero con más tasa de paro y nuestros democristianos en el PP y no en el PNV. Yo al Betis no le pido que gane, ni siquiera le pido que juegue bien. Eso es propio merengues. O peor, de culés. Le pido lo mismo que a De la Fuente, a Iñaki y a Nico: que hagan lo que tienen que hacer. Este no es el mejor documental posible sobre los Williams y lo que significan para el fútbol vasco y africano, o sobre pertenecer a una familia o un país en siglo XXI. Pero sé que ese documental está por ahí, en alguna parte, sin montar. Y eso es lo que me molesta: tener que darla una mala crítica.

Jose A. Cano