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Críticas

El canto de las manos: En busca de la sinestesia

La ópera prima de María Valverde se enfrenta con relativo éxito a la tarea casi imposible de transmitir cómo un músico con discapacidad auditiva experimenta su propio arte
Crítica de 'El canto de las manos'

El canto de las manos sigue el trabajo de un coro de músicos sordos que trabaja durante un año la representación de la ópera Fidelio en lenguaje de signos. Dirigidos por el compositor Gustavo Dudamel, preparan las pruebas, más tarde los personajes y finalmente la puesta en escena de un concierto muy especial, que sirve para reflexionar sobre las vidas de las personas con discapacidad auditiva o la misma naturaleza del arte y la música, en la que es una de las óperas que Beethoven compuso cuando ya era sordo.

La actriz española María Valverde debuta en la dirección con este documental que tiene algún elemento en común con En silencio, de Sara Sálamo, salvando las distancias. Conocidas actrices cuya ópera prima consiste en un seguimiento de la actividad profesional de los respectivos maridos, también famosos pero por otras disciplinas, pero que buscan llevar más allá, hacia una posible lectura social que se desprenda de la actividad pública de los mismos.

Resulta difícil reseñar una película de este tipo dado que, al tratarse de un documental, lo más relevante tiende a ser la manera de retratar la realidad que está reflejando. Y eso, a veces, casi equivale a hablar del interés del tema en sí. Lo reflexionábamos hace poco con Supernatural, de Ventura Durall, y los modos del documental de creación reciente.

El canto de las manos incluso se rinde un poco antes de empezar y pone contexto con rótulos, además de contar con la propia narración en off ocasional de Dudamel. Sin embargo, hay detalles de estilo que la rescatan de ser otra película más de este estilo que sumar al montón.

El canto de las manos, en color

El canto de las manos

El canto de las manos empieza con el compositor y coprotagonista comentando por una parte la importancia que tiene para él llevar esta interpretación a su país, Venezuela, y por otro la relevancia de Fidelio. La idea de Dudamel es que si fue una de las óperas que Beethoven ya compuso con problemas para oír, con la orquesta de la realidad combatiendo con la percepción imbatible de su cabeza, es necesario no ser oyente para entender de verdad la naturaleza cuasi subliminal de su fuerza.

Esto se complemente con las experiencias de Jennifer, Gabriel y José, los tres músicos sordos seleccionados para participar en la representación y a cuyas vidas ha tenido acceso Valverde. En el seguimiento hay momentos algo más previsibles sobre las dificultades de su vida diaria, pero también un intento de fundir la esencia misma de la narración audiovisual con la manera en que estas personas, con sólida formación musical, experimentan su arte.

Ese difícil equilibrio sinestésico, en el que el cual el audiovisual tiene que dar vida a un espacio intermedio entre lo escénico y lo subliminal para llegar a espectadores que poseen una percepción sensorial muy diferente a la de los protagonistas, es el que otorga su carácter único a El canto de las manos y hace, además, que el debut como directora de la actriz resulte tan interesante. Sabiamente, además, aunque Dudamel tiene un peso innegable, no lo convierte en una apología de su pareja.

El audiovisual sin sonido

<strong>El canto de las manos</strong>: En busca de la sinestesia 1

Resulta relevante que un documental como este se estrene en el año de Sorda, de Eva Libertad, aunque en principio vaya a tener mucha menos relevancia. Desde luego quien fuese ignorante de la existencia de los coros como el que aparece aquí, saldrá al menos entendiendo su función, su forma de trabajar y parte de los logros estéticos que pueden alcanzar, lo cual para un documental «de creación» empieza a ser casi un mérito.

El canto de las manos, en fin, es una película recomendable para los amantes de la música o para quienes estén sensibilizados con la realidad de la personas con discapacidad auditiva, pero también para los aficionados al cine que deseen observar los recursos de este puestos al servicio de una forma de expresión a la que sus armas audiovisuales no acaban de estar acostumbradas.

Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.

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