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El amor en su lugar: La vida se abre camino

Rodrigo Cortés dirige una película sencilla en su mensaje y compleja en su defensa del amor y el arte como forma de libertad frente a la tragedia

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Es 1942 y un grupo de actores judíos representa una obra en un viejo teatro del ghetto de Varsovia: El amor en su lugar. Durante la representación, varios de ellos deben tomar una decisión vital en un drama que se produce detrás de bastidores y que además debe resolverse con la amenaza de los alemanes, que han decidido pasarse por la representación sin que nadie tenga muy claro quién su objetivo.

Rodrigo Cortés ha dirigido una película sencilla en su argumento pero extremadamente compleja en la puesta en escena, todo al servicio de un mensaje esperanzador para tiempos difíciles curiosamente rodado antes de la pandemia. El amor en su lugar es muy dura en lo que cuenta y su final es optimista en un sentido más metafórico que literal, pero de últimas invita a que el amor, el arte y la esperanza nos permitan seguir siendo humanos y, aunque sea fugazmente, felices, incluso en el mismísimo infierno.

El amor en su lugar es, además, una obra que se representó realmente en el ghetto de Varsovia en los 40. Su autor no era el Patryk que aparece en la cinta, sino Jerzy Jurandot, dramaturgo judío polaco escribió una comedia musical desde dentro del propio ghetto en la que se burlaba de las apreturas de la guerra. La melodia de las canciones se ha acabado perdiendo, de manera que Víctor Reyes ha recibido el encargo de musicarlas para la película, respetando el estilo del teatro musical europeo de la época.

Crítica de El amor en su lugar sin revelar demasiado

El amor en su lugar: La vida se abre camino 1

El semiderruido teatro Fémina de Varsovia, donde Jurandot estrenó su obra originalmente y que dirigió durante la guerra, es el escenario de la lucha por la supervivencia de un grupo de actores con sus propios dramas más allá de la obra. La comedia musical es un enredo de parejas obligadas a compartir habitación en una pensión por las estrecheces del ghetto y la guerra cuya convivencia se complica cuando maridos y esposas intercambian atracción por los del vecino.

La película, por otro lado, nos cuenta como una de las actrices debe decidir si aprovecha la oportunidad de escapar del ghetto junto a su antiguo novio y autor de la obra o permanece en el mismo junto al actual y actor protagonista. Amar o ser amada, es la dicotomía que le plantea otro de los personajes, y aunque la solución se va deslizando, previsible, la angustia de la protagonista, sus dudas y las posiciones del resto de personajes se transmiten con credibilidad. Contribuye que Clara Rugaard, que también produce, decida vaciarse en el papel.

La ambientación de El amor en su lugar está suficientemente cuidada como para que el reparto, sin dejar de lucir guapísimo, exhibe no ya ojeras y una fatiga evidente -y en el tramo final, después de llorar, tienen la cara hinchada- sino incluso los sabañones en la manos propios de un invierno en Varsovia sin calefacción. Cortés juega con la escasez de electricidad para convertir tanto los bastidores como el patio de butacas en un espacio opresivo a medio camino entre una cloaca y el ominoso campo de concentración que sabemos que espera a muchos de sus habitantes.

Plano secuencia, primer plano

El amor en su lugar: La vida se abre camino 2

Además la película se permite sus guiños al suspense clásico por la vía de la banda sonora y jugando con la amenaza, más que real, de los oficiales de la SS. Los subjetivos en los que acompañamos a la protagonista perdiéndose entre los pasillos del teatro intentando tomar una decisión a veces coquetean con ser la antesala de una decisión mucho más drástica de la que finalmente toma. Pero en El amor en su lugar, pese a ser tirabuzones narrativos, todo lo que ocurre es, por desgracia, más que verosímil.

Por otra parte, y como es evidente, la película es una defensa de la función del arte y la ficción como catarsis tanto personal como colectiva frente a la tragedia. Como Evasión o victoria, pero con actores y sin épica ni fugas imposibles, el teatro en este caso aparece como un arma capaz de pelear por la libertad aunque sea una libertad precaria y casi íntima, capaz de sostener la dignidad de quienes la defienden.

En resumen, El amor en su lugar es una película muy compleja en su construcción pero sencilla en lo que quiere contar y cómo lo cuenta. Con un final que, a pesar de su dureza, se puede percibir como excesivamente edulcorado, pero al que nos ha llevado mediante un viaje emocional que sirve para subrayar el mensaje tras ella, muy adecuado en los tiempos que corren: solo el arte y el amor, sin filtros ni negociaciones, nos pueden salvar, sean cuales sean las circunstancias.

Imágenes: Fotogramas de El amor en su lugar – A Contracorriente Films

1 Comentario. Dejar nuevo

  • Fernando del Castillo Martin
    03/12/2021 23:05

    El crítico encuentra muchos valores en la película: planos secuencia, realismo, connotaciones políticas, etc. pero yo como espectador normal me aburrí.

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