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Dos: Cirugía de terror incómodo

Mar Targarona y Cuca Canals han creado un thriller efectivo al que se le perdonan sus fallos porque huye de lo típico

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En Dos, un hombre y una mujer desconocidos amanecen juntos en un hotel al que no recuerdan cómo han llegado. Drogados y desorientados, descubren que han sido cosidos por el abdomen, obligados a estar unidos. Mientras tratan de unir las pistas para averiguar que hacen allí, descubren que están rodeados por la simbología del dos, la dualidad, la complementación entre contrarios que ahora ellos mismos parecen encarnar.

Mar Targarona dirige un thriller de terror con toques, muy leves, de fantástico basado en la pura incomodidad carnal, si se permite la expresión, en el que sus dos protagonistas, Marina Gatell y Pablo Derqui, llevan todo el peso de transmitirla con sus interpretaciones. El guión de Cuca Canals intenta explotar al máximo la premisa, aunque se diluye un poco en el último tercio.

Dos es una película de terror con aires de futuro clásico de culto, que fascina por la ambientación que consigue crear alrededor de la situación de sus protagonistas pero que se pierde cuando intenta resultar verosímil. Con Netflix por medio, seguramente tenga mejor vida en streaming que en las salas, aunque acabará encontrando su público.

Crítica de Dos sin spoilers

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Es mejor, la verdad, llegar vírgenes a la sala y que lo que tenga que ser, sea. La resolución, en cualquier caso, uno se espera que vaya a resultar anticlimática conforme avanza la trama debido a todo el ambiente previo que se está creando. El interés está más en todas las etapas por las que pasan los dos personajes, enemigos y aliados por obligación, en su muy inquietante situación.

Recomendamos, también, no hacer caso a algunas promos torpes o análisis que parecen hechos sin ver la película. Dos no es ni porno ni gore. A los dos actores les hemos visto más partes del cuerpo al aire en series recientes o en el teatro, y no sale ninguna escena mucho más sangrienta o desagradable que en cualquier producción normal de Netflix. No es que sea para todos los públicos, para empezar porque un niño no la entendería del todo, pero no es especialmente cruel con el espectador.

No, la incomodidad de Dos es más psicológica, y una vez que se nos deja clara la situación en la que están los personajes, queda en manos de la puesta en escena y de los actores que sintamos cada momento de impotencia, dolor o incredulidad. De ahí que su virtud estética esté también en la creación de ese ambiente opresor, esa habitación imposible, demasiado genérica y demasiado de postal al mismo tiempo.

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Como decíamos más arriba, el bajón, tras un principio y una parte central impecables, viene con la resolución del misterio, que encaja temáticamente y es elegante -de hecho es una de esas de «claro, solo podía ser esto» que resulta completamente lógica-, pero al mismo tiempo le quita, de golpe, toda la gracia.

El final se precipita, de hecho, hacia los únicos momentos en que toda esa simbología en torno a la dualidad se le restriega al espectador por la cara, frente a momentos más sutiles como las vidas, ejem, privadas de ambos personajes que los han llevado allí. En otros, para ocultar la resolución, se nos ha hecho un poco de trampa ocultando información, pero digamos que no es nada fuera de la caracterización de los personajes que mientan así.

En resumen, Dos es una película efectiva, que sabe muy bien lo que quiere hacer y la mayor parte del tiempo lo consigue, posiblemente no para todos los paladares pero que sí apunta a cinta de culto en su ámbito y con dos protagonistas que lo dan todo para salvar a sus personajes. Sus fallos o bajones de ritmo se perdonan rápido porque los remonta, y además el resultado general nos da algo diferente a lo que se suele proponer en el cine actual. Y eso siempre se agradece.

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