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‘Dos’ cose las paradojas del cine español por el abdomen

El proyecto de Mar Targarona y Cuca Canals fue rechazado durante años hasta que apareció Netflix

Dos

Mar Targarona explicaba la tarde de este sábado desde Málaga que Dos, el largometraje de terror corporal que ha sido una ‘rara avis’ en lo que va de Festival, solo fue posible después de muchos rechazos y casi ocho años «porque aparecieron Netflix y las ventajas fiscales para las AIE«. La película, una idea original de la guionista Cuca Canals (La camarera del Titanic, Volavérunt) era «demasiado arriesgada» para las televisiones o el cine que habitualmente se hacen en España.

Con todo, Dos está lejos del «gore» del que se ha llegado bautizar, con no más sangre y carne -en más de un sentido- del que se vea en cualquier producción mainstream –si me apuran, a algún nivel la inofensiva Operación Camarón muestra más casquería que la que se ve aquí y a los actores se les ha visto más carne en sus trabajos para televisión- y quizás lo inquietante es la premisa y su asfixiante primer tercio. David y Sara, dos completos desconocidos, amanecen en una habitación de hotel unidos por el abdomen. No saben cómo han llegado allí, no tienen nada en común y apenas pueden moverse sin dolor.

Marina Gatell y Pablo Derqui han contado que se pasaron el rodaje pegados de verdad. Un arnés que incluía un imán los mantenía unidos y obligando a coreografiar bien cada movimiento para no acabar como les ocurre a sus personajes, doloridos y rodando por los suelos a la mínima. Permanecían «cosidos» todo el tiempo, incluso en los descansos entre toma y toma.

Para Derqui trabajar así fue «muy novedoso. Sobre todo, conforme íbamos avanzando, pensaba, ¿pero esto se podrá hacer o no?». Gatell explicó que fue una suerte «rodar cronológicamente, que no es lo normal» para ser consciente de en que punto estaba Sara, tanto mentalmente como a nivel de dolor.

Dos veces dos

dos

Presentada en la Sección ZonaZine del 24 Festival de Málaga, Dos fue una de las primeras películas en rodar tras el confinamiento de 2020. El pasado julio, en 15 días y con un equipo mínimo total de 30 personas, con «muchas PCRs» y mucho cuidado. Targarona confesaba que se pasó todo el tiempo «temiendo que apareciese alguien y me dijese que los actores tenían que estar a dos metros uno de otro, con lo cuál no habría habido película».

Dos funciona como un tiro cuando arranca y pierde algo de fuelle conforme va desvelando el misterio, pues es casi inevitable que al aclararse lo que ocurra se rompa algo de la inquietud que provoca su premisa. Los primeros minutos son de angustia y dolor absoluto, y como bien comentaba Targarona «es una película que funciona muy bien en una sala pequeña». El estreno será el 23 de julio, con entre 20 y 30 copias, y después de cuatro meses, el salto a Netflix. La cineasta, veterana productora, sabe lo que maneja: «no tenemos espíritu de blockbuster, sino de película que busque su público».

En Dos hay un juego metafórico, más de una vez tan explícito que casi se refriega por la cara del público, con la dualidad como concepto filosófico. Masculino y femenino, rico y pobre, bien y mal, principio y fin. En sí misma, la película termina siendo también una paradoja doble: proximidad «obligada», como bromeaban los protagonistas, en mitad de la época de la distancia social, cinta para cine y con aroma de terror de culto que nace -y vivirá- gracias a una plataforma de streaming, horror corporal y quirúrgico con menos sangre que un thriller de infantería…

En la rueda de prensa se comentaba que «huele a Sitges», y sin embargo se ha presentado en el Festival al que a veces se considera como el más comercial -aunque sea en la sección «rara» y no en la Oficial-. Derqui lo resumía muy bien: «ahora queda en manos del público, que decida y responda».

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