1. Críticas
  2. Doctor Portuondo: No intelectualices tanto, compadre

Doctor Portuondo: No intelectualices tanto, compadre

La serie de Carlo Padial para Filmin es tanto un retrato de las neuras de su generación como una parodia del psicoanálisis y la terapia como remedio milagroso

doctor-portuondo-serie-cine-con-n-1

Doctor Portuondo cuenta la historia de una terapia, la del propio director y autor de la novela en la que se basa la serie, Carlo Padial, con el psicólogo cubano Eduardo Portuondo, un surrealista terapeuta capaz de desafiar a sus pacientes a combates de boxeo, insultarlos a media sesión o cambiarse por ellos en el diván por considerar que sus propios problemas son más interesantes que los de estos.

Una serie que intelectualiza mucho para decirnos que no intelectualicemos tanto, lo cual tiene bastante mérito tratándose de la primera serie de su autor y de Filmin y de un producto que trata, como ya hemos dicho, de un psicoanalista empeñado en rehabilitar a Freud y que anda bastante peor de la chaveta que cualquiera de sus pacientes. Las neurosis del paciente ni real ni ficticio que encarna Nacho Sánchez juegan en el límite entre ser reconocibles y saltar directamente al número de Monty Python.

Por otra parte, participar de la propuesta de Doctor Portuondo depende de la capacidad para conectar con el particular humor entre absurdo y meta del gusto de Padial y además tener unos referentes similares a los que maneja. Que van desde Berto Romero, del que ha sido colaborador habitual y que aquí hace un cameo, hasta saber qué significa «lacaniano» y que tal concepto te importe, aunque solo sea para desacreditarlo o reírnos de Slavoj Zizek.

Crítica de Doctor Portuondo con ligeros spoilers

Doctor Portuondo

La base de Doctor Portuondo, al final, es un consejo común en cualquier terapia y que también te puede dar tu madre: no pienses tanto. Es posible que si alguien viene a verte y te pide un abrazo no sea por ninguna asunción catártica de conflictos íntimos, sino porque necesita un abrazo. El problema es que a veces el mismo tratamiento se interpone entre el emparanoiado paciente y la incapacidad de pensar. Aunque el buen doctor nos comente que hasta las terapias «de mierda» tienen utilidad: servir de abono para las terapias buenas.

Carlo, el personaje trasunto del propio Padial que interpreta Sánchez, es nuestro narrador neurótico en el loco mundo del Doctor Portuondo pero también somos, un poco, los espectadores que prefigura la serie: al mismo tiempo necesitados de terapia y no siendo capaces de tomarla muy en serio. Dando por sentado que su incapacidad de enfrentarse a la vida adulta se debe a algún fallo por su parte cuando lo que necesitan es dejarse de tanto egocentrismo, asumir que casi nada está bajo su control y que ser adulto es navegarlo como se pueda.

Por la vía de un humor absurdo que se exagera hasta el ridículo, acaba desgranando todas las etapas posibles de una terapia, ya sea fallida o exitosa. Desde el paciente obsesionado con la transferencia intentando impresionar a su psicólogo inventándose patologías que en realidad no sufre hasta el susodicho que las intenta encajar en el diagnóstico que más le apetece tratar. El narrador y protagonista, en fin, es otro niño grande más en una serie moderna, pero al menos uno que intenta arreglarlo a su manera y que asume el absurdo de la existencia sin consejos de autoayuda.

Los psicoanalistas están todos locos

Doctor Portuondo

Por ejemplo. Digamos que hay un momento en que el Doctor Portuondo decide analizar el complejo de Edipo de su paciente y se acaba dirigiendo a él como «¡Edipo mierdoso! ¡Edipo mariquita!». También durante las terapias de grupo organizadas por el buen doctor nuestro protagonista se congratula de que haya un participante ciego porque «es impresionante, lacaniano». Por no hablar de la burla, explícita, de los psicodramas o movimientos artísticos subsecuentes tipo el Teatro Pánico.

La tragedia de Portuondo, además, es la de su exilio de Cuba, isla de la que lleva más tiempo fuera del que vivió en ella y que rememora a poco que sus pacientes le dan la oportunidad. La transferencia entre terapeuta y el neurótico Carlo es tan exagerada que hasta hace llorar al segundo cuando se pone a evocarla. La única obsesión que la supera es la ya mencionada de defender a Freud y el psicoanálisis, a los que tanto él como el guion saben más que desacreditados.

Como ya se nos cumple la hora, resumiremos que Doctor Portuondo es una serie en la que es complicado entrar pero que, al que le guste, le gustará mucho. Una mezcla del humor surrealista y retranca cruel que invita a su espectador a reírse, sobre todo, de una necesidad de supervisión para superar la neurosis que, en sí misma, es neurótica. Una historia, en fin, que te invita a no darle tanta vueltas a las cosas, carajo.

Imágenes: Fotogramas de Doctor Portuondo – Filmin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

Menú