Suscríbete Iniciar sesión

Críticas | Movistar Plus+

Desmontando a Lucía: Contacto con tacto con la realidad

Una de esas películas que se atreve a salirse de los tres o cuatro registros habituales y proponer un tono propio. No le sale todo siempre, pero en eso consiste tomar riesgos
<strong>Desmontando a Lucía</strong>: Contacto con tacto con la realidad 2

Desmontando a Lucía es la historia de una investigación. En concreto, la de si la susodicha Lucía ha asesinado a su novio y su mejor amiga por engañarla y por eso ha aparecido amnésica, conduciendo el coche de él a 200 kilómetros por hora en mitad de la nada, además de llena de sangre, mientras de ellos no queda ni rastro. Simón, un «perito judicial» bastante especial recibe el encargo de su socio, Óliver, un abogado ludópata, de investigar que ha ocurrido y no informar a la Policía ni a nadie de lo que descubra. Todo se complica cuando Simón conoce a Lucía y, claro, se enamora. Sin saber si ella es culpable o no y quién narices tiene tanto interés en taparlo todo.

Alberto Utrera dirige el que es su tercer largometraje, segundo de ficción tras Smoking Club (2017) y además del documental Impuros (2021), curiosamente con mucho en común con su serie Yrreal (2021), estrenada en RTVE Play. La diferencia principal es que aquella quería llegar a un público juvenil y esto aspira a llegar a gente más talludita, de hecho, probablemente para que lo pillen todo necesitarán ir rozando ya la cuarentena y unos gustos muy determinados. Por lo demás, hablamos de una comedia negra llena de referencias pop que funciona como una historia de suspense entre paródica y absurda.

La estética y el tono están entre los hermanos Coen y el cómic, aunque el vehículo de escapada y/o interpretación de la realidad de su protagonista (que no es exactamente Lucía) sea el noir. Las disociaciones de Simón son además noir estrictamente clásico también. El formato se achata al 3:4, pasamos a blanco y negro y la moderna de Lucía que va en chanclas por la calle como si el centro de Madrid fuese el paseo marítimo de El Rincón de la Victoria, Málaga, de repente se convierte en una femme fatale que fuma evocadoramente mirando por la ventana y lleva taconazo hasta a una fiesta de pijamas. En realidad, tiene gracia. Porque la historia va de eso, de inventarse la realidad.

Crítica de Desmontando a Lucía

Desmontando a Lucía es la historia de una tipa que no anda muy bien de la cabeza y no sabemos si lo trae de fábrica o es producto de un trauma (como pueda ser haber asesinado de forma particularmente sangrienta a dos de tus seres queridos por liarse a tus espaldas). Lucía (Susana Abaitúa) tiene todos los tics y todos los TOCs del genio loco en fuga, y Simón (Hugo Silva) se da cuenta, pero al mismo tiempo él vive con sus propias estrategias para negar la sórdida realidad, refugiándose en un mundo de ficción donde las reglas del blanco y negro (y no los colores saturados y opresivos de la realidad) son más fáciles de digerir.

El único «realista» del trío protagónico de Desmontando a Lucía es Óliver (Julián Villagrán), el abogado cínico y endeudado que vale más por lo que calla que por lo que cuenta, y que pese a contarse alguna mentirijilla a sí mismo —a los demás son gajes del oficio—, no se engaña demasiado. Eso sí, es el más antipático y el que tiene todos los papeles para acabar mal parado, aunque sepamos que no tiene mal fondo, ni siquiera cuando juega a las cartas con menores de edad. En fin, que los chistes son bestias, pero transitables, la violencia lo suficientemente burra para tener su aire de irrealidad y en general todo está deslocalizado en el tiempo. Podría ser ayer o hace 30 años.

Ayuda aquí que Abaitua se trabaje un registro más artificioso para su interpretación, subrayando la sensación de estar ida o disociada de su personaje, y Villagrán y Silva opten por el humor más naturalista y físico que se les da bien. En general toda la película transmite cierta sensación de irrealidad, regresando a lo que comentábamos de los Coen o a títulos más outsider de nuestro audiovisual reciente como la mencionada Yrreal o Honeymoon (2023), de Enrique Otero. En Desmontando a Lucía el humor absurdo con remates inesperados prima sobre todo lo demás, eso sí.

Desmontando a Lucía, Simón dice

<strong>Desmontando a Lucía</strong>: Contacto con tacto con la realidad 1

Quizás se le pueda reprochar a Desmontando a Lucía que a veces se pasa de tópica y que su presunta protagonista en realidad ni es protagonista ni es nada, es un dispositivo de humor negro para que a los demás les pasen cosas particularmente absurdas, la tía buena que engatusa, de una forma u otra, en su parodia de noir, al en el fondo buenintencionado detective. Que sí, que se trata de llevar al absurdo los elementos del suspense clásico, pero este lo hace tan bien que acaba cayendo en la misma misoginia, y precisamente el director y guionista se ha destacado por hacer en otros productos, precisamente, lo contrario.

Por otro lado la trama se embrolla innecesariamente. El misterio más o menos principal, si Lucía ha finiquitado a su novio y su amiga, funciona, todos los misterios intermedios no, aunque te imagines que cualquier solución que tengan va a ser o tópica o tramposilla. Algunas cosas las salva por la vía del humor, aunque a veces sea uno muy sutil. Cualquier pasada de rosca se puede sostener, supongo, si uno deja claro que no se la toma demasiado en serio.

Archivando el caso: Desmontando a Lucía es una de esas películas que se atreve a salirse de los tres o cuatro registros habituales y proponer un tono propio, así que merece la pena solo por esa valentía. No le sale todo siempre, porque en eso consiste tomar riesgos, pero a su favor juega que te deja decidir cómo quieres recibir lo que te está dando. Puede ser un drama, un thriller o festival de humor negro y absurdo, pero no te lo impone ni te lo refriega. Y si luego decides filtrarlo a un mundo de fantasía u olvidarlo todo, es tu decisión.

Disponible en

Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.