CRÍTICAS
Cada día nace un listo: Una divertidísima comedia negra de estafadores

Stills de 'Cada día nace un listo'. Montaje: ©Cine con Ñ
Cada día nace un listo es una historia de estafadores un poco torpes. Toni Lomas, antigua gloria de un concurso de cantantes televisivo, ahora reconvertido en medio gigolo medio buscavidas adicto un poco a todo. Junior, heredero de una gran fortuna fruto de la corrupción y con un pie en la cárcel. El Gallego, anticuario que se dedica a «antiguar» muebles modernos para revenderlos. La Mari, una abuela con más negocios turbios en marcha que nietas. Y entre todos ellos, un cuadro. Un cuadro que no existe oficialmente, pero vale millones.
La primera película de Arantxa Echevarría tras el triunfo en taquilla y premios de La infiltrada (2024) es una comedia negra, negrísima, muy cafre y disfrutona, sobre personajes con menos conciencia que luces y la corrupción como motor de la sociedad. Con más elementos de la versión gringa de este tipo de historia, pero el toquecito ibérico del esperpento que incluye no tener personajes con redención o que sean mínimamente cómodos para el espectador. Y huevos de avestruz.
El reparto de Cada día nace un listo es coral, aunque engañe y parezca que Hugo Silva o Susi Sánchez son algo más protagonistas, cada uno más o menos con el papel que estamos acostumbrado a verle —Dafne Fernández de pija, Diego Anido de señor turbio, Ginés García Millán de turbio pero rico, Pedro Casablanc de más turbio y más rico, Belén Rueda de gran señora—, pero elevado al cubo en mamarrachismo. El caso de partida mezcla Caja Madrid con el Fórum Filatélico, pero es un poco la excusa para el desparrame.
Cada día nace un listo y dos palman para hacerle sitio

Cada día nace un listo arranca con el suicidio del banquero corrupto «dueño» del cuadro, que da inicio a la trama, y luego nos presenta al personaje de Silva, el tal Lomas, un trasunto pasadísimo de vueltas de David Bustamente y similares, en una escena que está rodada como si fuese en Las Vegas y no Biarritz, y hasta te lo confirman con un guiñito al final. Es una declaración de intenciones y una definición perfecta del supuesto protagonista, que te mete en el tono de forma orgánica.
A partir de ahí Echevarría se lo pasa en grande con un in crescendo en presentación de personajes llena de escenas locas, como la que introduce a El Gallego (Anido) o Lomas huyendo de unos y otros por las razones más oligofrénicas. Aprovechan y hacen un recorrido turístico por San Sebastián, porque así es el cine actual, pero en este caso está tan bien integrado, o lo que pasa es tan cafre, que no molesta, sino todo lo contrario.
De fondo hay cierta crítica, muy leve, a la corrupción no ya de estos personajes, sino del sistema que los ampara —emparentando los pelotazos de la crisis de 2008 con los nazis, algo que últimamente es tendencia—. El pijo Junior (Jaime Olías, también en el tipo de papel que le suelen dar) es aún más personaje punch-ball que Toni, que al fin y al cabo es un imbécil pero quieres que le vaya bien. Sobre el heredero caen todas las desgracias y el rencor de clase que se puedan ustedes imaginar, e incluso sabe a poco.
El que nace lechón, muere cochino

La moraleja de Cada día nace un listo, si la hubiere, que tampoco la necesita, viene a ser la de El mundo es vuestro (2022): el que nace lechón, muere cochino. Al final solo dos personajes consiguen sus objetivos, más o menos: el de Ginés García Millán —a corrupto muerto, corrupto puesto— y el de Belén Rueda —al menos a nivel simbólico—. La conclusión de la película es que la mayor estafa está en pensar que se le puede ganar a los ricos en su propio juego, si precisamente son ricos por vivir a base de chanchullos.
Pero esto son temas más de fondo, la gracia está en la manera en que el guión te da vueltas y revueltas y, como público estás deseando la próximo explosión de gamberrismo. Aunque hay algún momento en que flojea —cuando se dan el relevo Toni y La Mari como personajes conductores, o en el parón antes de al traca final— y no explica algunas cosas que harían que funcionase mejor el final, en general te has hartado de reír, con risa de esa de la que te sale con mala leche, durante una hora y media.
Recogiendo las fichas de la ruleta: Cada día nace un listo es una estupenda comedia negra de enredo y estafas. Un retrato psicológico social y económico al que no le interesa tanto que te des cuenta de esa crítica soterrada como que te lo pases como un gorrino en una charca con las imbecilidades de sus miserables protagonistas. Y con un reparto que da la impresión de que lo está gozando más que tú, que ya es decir.

Jose A. Cano