Industria
El cine independiente a nivel mundial (pero sobre todo europeo) pide «mantenerse firme» frente a Trump

Donald Trump en una foto de archivo.
Las españolas ACCIÓN, ALMA, AECINE, FAGA, PATE y PROA se han unido la petición mundial de organizaciones de más de 100 países para «proteger el cine y el audiovisual independientes» frente a medidas que lo ponen en peligro como los aranceles al cine producido fuera de Estados Unidos anunciados por Donald Trump. Estas entidades del sector se dirigen a los gobiernos de sus países u organizaciones supranacionales como la Unión Europea para que «se mantengan firmes y salvaguarden los sistemas que apoyan la creación cinematográfica y audiovisual independiente» que vinculan a democracias sanas y con pluralidad y libertad de expresión.
El manifiesto, titulado en inglés ‘Our Stories, our Voices. A Global Declaration for Artistic Freedom, Cultural Diversity and cultural sovereignty‘ (‘Nuestras historias, nuestras voces. Una declaración global por la libertad artística y la diversidad y soberanía cultural’) que se puede firmar vía change.org. Las organizaciones que lo respaldan son tanto asociaciones profesionales como de productores, guionistas o directores, procedentes de países como Alemania, Canadá, Australia, Francia, Eslovenia o Bulgaria, entre muchos otros.
Entre las aseveraciones del texto se puede leer como las mismas consideran que «hoy en día, el apoyo al cine independiente y a la narración audiovisual está cada vez más amenazado. Estamos siendo testigos de intentos cada vez más agresivos por parte de poderosos actores políticos y corporativos para desmantelar las protecciones regulatorias que han apoyado durante mucho tiempo la diversidad y la accesibilidad de la expresión cultural».
En ese sentido, el anuncio aún por concretar de Trump «no hace sino agravar esta amenaza. Subraya la importancia de proteger nuestra capacidad de contar historias arraigadas en culturas, lenguas e identidades locales, y de garantizar que las personas de todo el mundo puedan seguir accediendo a ellas y disfrutándolas. Sin estas protecciones e incentivos, perderemos una industria cinematográfica y audiovisual vibrante, diversa y culturalmente rica, y todos, en todas partes, saldremos perdiendo».

De hecho, recuerdan, «estas acciones se producen en paralelo a ataques más amplios contra el pluralismo y la libertad de expresión. Si tienen éxito, será cada vez más difícil que se escuchen voces diversas, que todo el ecosistema pueda crear, producir, distribuir, promover y exhibir con éxito películas y obras audiovisuales, y que prosperen las culturas locales».
Por una parte, se podría decir que las organizaciones detrás del manifiesto, tan diversas como el sector en sus enfoques e intereses, están defendiendo el actual sistema de protección en países como Francia o España, con medidas muy diferentes tal que ayudas directas, incentivos fiscales, cuotas de pantalla y demás, que varían según el territorio. Pero también, dado el peso fundamentalmente europeo de los firmantes —aunque incluya países como Australia, Canadá o alguno asiático— a peticiones de una mayor cohesión y la coordinación en el seno de la UE que ya se vienen dando los últimos años, y con amplia participación española.
Cine independiente y soberanía cultural
Las organizaciones del cine independiente insisten en el peso cultural, identitario y de soberanía del papel que cumplen: «las películas y las obras audiovisuales no sólo alimentan el crecimiento económico y la circulación mundial de talentos, sino que reflejan quiénes somos como sociedades y vislumbran quiénes podríamos llegar a ser. Más que enriquecer nuestra vida cultural, son esenciales para una democracia sana: apoyan la libertad de expresión y dan voz a las diversas historias y perspectivas de la humanidad».
Sin olvidar que, defienden, «las películas y las obras audiovisuales no sólo alimentan el crecimiento económico y la circulación mundial de talentos, sino que reflejan quiénes somos como sociedades y vislumbran quiénes podríamos llegar a ser. Más que enriquecer nuestra vida cultural, son esenciales para una democracia sana: apoyan la libertad de expresión y dan voz a las diversas historias y perspectivas de la humanidad».
Por ello insisten en el derecho de los diferentes países «a crear y mantener sus propias políticas culturales y sistemas reguladores, que reconozcan la importancia de poseer, controlar y monetizar la propiedad intelectual de nuestras obras. Tales medidas constituyen la base de un ecosistema audiovisual saludable, permitiendo que el valor económico generado por las obras creativas beneficie a los titulares de derechos nacionales, reforzando la soberanía cultural de los sectores cinematográficos y audiovisuales locales en todo el mundo, y apoyando la circulación internacional de obras cinematográficas y audiovisuales diversas e independientes».


Redacción Cine con Ñ