Reportajes
La situación del cine de terror español: «De cara a financiar películas, hay quien recomienda venderlas como thrillers psicológicos»

Ester Expósito en 'El llanto' (2024), de Pedro Martín-Calero. ©Manolo Pavón
Backrooms (2026), de Kane Parsons, arrasa en la taquilla mundial y solo en España en su primer fin de semana firmó más de 1,6 millones de euros. Sinners (2025), de Ryan Coogler, estuvo nominada al Óscar a Mejor Película —batiendo récords en número de nominaciones— e incluso le valió el premio a Mejor Actor a Michael B. Jordan. Weapons (2025) de Zach Cregger, siguió el mismo camino de furor crítico y Obsession (2026), de Curry Barker —otro creador llegado de YouTube como Parsons—, ya arrasa en EEUU y promete hacer lo mismo en la taquilla española.
Mientras el terror internacional —o el estadounidense a nivel internacional, más bien, con otros títulos como La sustancia (2024) o Heretic (2024)— solo cosecha parabienes y rentabilidad en la sala, el género en España parece renquear, con ejemplos contados con gran resonancia más allá de sus círculos dedicados. La abuela (2021), de Paco Plaza, y La niña de la comunión (2022), de Víctor García, fueron las últimas en superar el millón de euros en taquilla tras la pandemia. Cerdita (2022), de Carlota Pereda, le valió un Goya a Laura Galán y otras cinco nominaciones. Después, El llanto (2024), ópera prima de Pedro Martín-Calero, logró otra nominación a los Goya (Mejor Dirección Novel) y la Concha de Plata a la Mejor Dirección en el Festival de San Sebastián.
Desde la publicación Cinespain abrieron el debate: ¿Es mucho o es poco? ¿Adolece el terror español de una falta de impulso como la que está recibiendo el anglosajón, que no solo está alcanzando la excelencia artística —sino también e imprescindible, la económica—, e incluso reflejando el momento social y político mejor que propuestas más ‘realistas’?


Jose A. Cano