Reportajes
‘Buffet Paraíso’, el inquietante corto animado de glotones, entre Ghibli y Botero, que nos enfrenta a nuestros propios excesos

'Buffet paraíso' (2024), de Santi Amézqueta y Héctor Zafra. ©Hampa Studio
Buffet Paraíso es un cortometraje animado de apenas ocho minutos en el que una serie de variopintos personajes, entre caricaturas de animación francesa clásica, gordos de Botero y personajes de Ghibli pasados por un filtro grotesco, acuden al local del título y se entregan a la glotonería hasta extremos que rozan la depravación, avanzando hacia un final entre simbólico y terrorífico en el que acaban por enfrentarse a las consecuencias de sus excesos.
«Mucha gente, cuando ve Buffet Paraíso, tiene reacciones extremas. Le gusta, pero no le deja buen cuerpo. Se encuentran con ese efecto de que es un poco repugnante, dándole vueltas a lo que acaban de ver, sin tener claro qué conclusión sacar», explican Santi Amézqueta y Héctor Zafra, directores de este corto en el que un grupo de personajes devoran hasta lo indecible en el buffet libre que le da título.
«Ves el cartel y la comida es extraña, es una especie de salmón con pasas y gambas encima. Esa sensación de que es apetitosa y al mismo tiempo repugnante», añaden. «Es comida en el ‘valle inquietante’, que parece de verdad y al mismo tiempo no lo suficiente, y por eso te provoca desasosiego».
Visto en certámenes como Sitges o Málaga, Buffet Paraíso lleva casi dos años de recorrido por festivales en los que ha sumado más de 120 selecciones y casi 20 premios. Un recorrido que podría redondear a finales de este mes con el Goya, al que aspira nominado en la categoría de Mejor Cortometraje de Animación. El corto es una producción de Hampa Studio y el productor Álex Cervantes, responsable también de El tesoro de Barracuda (2025), de Adrià García, nominada en la categoría de Largometraje.
Comida en el «valle inquietante»
«En Buffet Paraíso hay muchas referencias, de animación o de pintura, pero también de videojuego, que es de donde venimos nosotros», explican los directores, creadores del estudio de animación Ciervo Alto. «Al desarrollar el guión lo que hicimos fue más una especie de storyboard y un animatic, que es un medio más visual en el que nos sentimos cómodos. Más parecido a un cómic puesto en una línea de tiempo».
Mudo y elíptico, Buffet Paraíso juega con imágenes entre el Infierno de Dante y la pesadilla de un gourmet con mala digestión. Para el extrañamiento que buscan, Amézqueta destaca que, a la hora de diseñar el arte, su compañero Zafra «decidió dibujar sin referencias, intentando recordar cómo era una gamba sin comprobarlo. Creo que de ahí viene esa sensación extraña que parezca comida y no lo sea al mismo tiempo, que crea el desasosiego que buscamos».
En sus tragones hiperbólicos que asustan a los pobres camareros, una suerte de Oompa Loompas con modos y bigotitos de maître francés, los animadores ven «una crítica social a los excesos del siglo XXI. Vivimos rodeados de exceso: de entretenimiento, de opiniones, de citas exprés… Todo se ha vuelto una especie de abundancia, como si hubiésemos soltado el freno de mano y estuviésemos en caída libre».
Sus gorditos hiperbólicos tienen algo de los humanos de Wall-E (2008), aunque «aquello es más futurista y nosotros queríamos un buffet elegante y como un poco anacrónico y también confuso, caótico, donde no ves realmente bien el fondo de las paredes. Sí que tienen en común que ni nuestros personajes ni los de esa película perciben a los otros, son gente que va a lo suyo y está como cegada, no están pendientes de lo que a los demás les pase».
Buffet Paraíso y el «instinto»
Zafra tenía presente siempre una referencia: su abuelo contándole que antes se comían cabezas de cordero. «Es algo de otra época, una sensación que quería que estuviese en el corto. La gente que se comía los sesos del cordero abriendo la cabeza por la mitad. Siempre me ha impactado eso, había algo bárbaro ahí. No creo que eso pase en ningún restaurante actual, pero para alguna gente mayor era algo normal hasta hace no tanto».
El impacto emocional de Buffet Paraíso se acumula en menos de 10 minutos, una decisión económica —»la primera versión era de 13 minutos y nos pidieron bajarlo de tiempo»—, pero finalmente también creativa: «Nos gustaba la idea de experimentar con el simbolismo, que el espectador llegase a la conclusión de que no debía entenderlo como algo literal y no darle margen de maniobra. A alguna gente el final le parece abrupto, pero nosotros creemos que ese extrañamiento funciona».
Un corto que para Zafra y Amézqueta «es mudo porque no pedía diálogo. La parte principal es casi el ruido que hacen los personajes masticando, eso es lo que queríamos mostrar». Cuando les preguntamos si al final ha quedado como un producto muy internacional, cuya mezcla de influencias haría entendible el corto en cualquier lugar, nos responde: «No es algo buscado, pero, al apelar a instintos tan básicos, es algo que se puede entender de una punta a otra del mundo».


Jose A. Cano


