Suscríbete Iniciar sesión

Críticas

Aro berria: Las nuevas eras

La gran ópera prima de Irati Gorostidi relee la Transición desde el desencanto, la comunidad y el cuerpo, y conecta aquella crisis de época con la nuestra
Crítica de 'Aro berria', película de Irati Gorostidi

Aro berria (Nuevo orden) nos sitúa en la San Sebastián del año 1978. Un grupo de jóvenes, obreros de fábrica, busca organizar una gran huelga para frenar la firma de un nuevo convenio colectivo. Su fracaso lleva a la disgregación del grupo. Algunos de ellos deciden abandonar la fábrica, irse a la montaña e integrarse en una comunidad llamada Arco Iris, donde se practican formas de vida distintas y experiencias catárticas.

La reciente ola de cine español centrado en relatos político-sociales alternativos de la Transición (Te estoy amando locamente, Alumbramiento, Las buenas compañías, Modelo 77, El 47…) suma una nueva película. La ópera prima de Irati Gorostidi Agirretxe, que consiguió una Mención Especial en el Festival de San Sebastián (New Directors), recoge y ficcionaliza lo que fue la lucha obrera de los años 70 en el País Vasco y, especialmente, la experiencia de esta gran comuna surgida en la montaña navarra.

Inspirada por la biografía de sus padres, la historia que plantea Gorostidi ya es en sí muy interesante. Pero lo que la hace realmente especial es cómo la cuenta: Aro berria es una película que se sale del canon del cine sobre la época —incluso del citado, que tira más hacia determinadas fórmulas o construcciones de género— y propone una mirada formal y narrativa diferente.

El umbral crítico de Aro berria

<strong>Aro berria</strong>: Las nuevas eras 1

La película recoge un tránsito emotivo concreto que vivieron distintas capas de la sociedad española durante los años de la Transición (1975-1982): el que va de la ilusión de cambio social y político al desencanto. Es un sentimiento que, con más o menos graduación y distancia cronológica, ha impregnado muchas películas o series españolas (por ejemplo, desde el cine de Eloy de la Iglesia hasta el de Alberto Rodríguez).

Lo que hace Aro berria es introducirte en esta sensación de decepción de época y recanalizarla en la utopía comunitaria, encarnándola en unos personajes que renuncian al cambio sistémico y construyen —o intentan construir, con todas sus contradicciones— una opción alternativa en una pequeña sociedad esotérica. Gorostidi plantea que no es solo que algunos sucesos y oportunidades de la Transición no se trataran o cerraran correctamente, sino que el país que arrancaba (estamos en 1978, año de la aprobación de la Constitución) venía ya de una pérdida de oportunidad.

Este enfoque crítico, muy vinculado al obrerismo, se complementa bien con la estructura de la película, que en sí misma ya propone una reflexión sobre la Transición como período histórico. Como diría Koselleck, esos años fueron «un umbral de época», una zona de transformación acelerada de la Historia de España. Ahí, experiencia y expectativa se desacoplaron porque el pasado ya no servía para anticipar el futuro. La extensa y fundamental introducción de Aro berria (su título no aparece hasta los 20 minutos), que acaba en vacío, sugiere algo parecido: la «nueva era» venía ya con una carga dentro.

El cuerpo hacia el presente

<strong>Aro berria</strong>: Las nuevas eras 2

Después, lo más valioso de la película viene en la forma de reproducir la época al detalle—las fotos de Arco Iris evidencian la intención de réplica— y, a la vez, salirse de las imágenes preconcebidas que tenemos de esos años y que, más o menos, se han ido solidificando en nuestro cine de ficción. Desde la fotografía hasta el vestuario, la reconstrucción de lo que era el País Vasco y Navarra de aquel 1978 es distinta al diseño de producción habitual. Está desnudada de algunos de sus artificios habituales, parece más natural, y, a la vez, el efecto es de una cierta atemporalidad.

Acompaña a esa sensación todo el trabajo sobre lo físico que plantea la película, plasmado en las secuencias de prácticas tántricas que nos acercan Gorostidi y de Sosa (director de fotografía). Estas escenas explícitas, de varios minutos, nos llevan directamente del pasado a nuestro presente más inmediato: pocas cosas están tan ligadas al presente como la conciencia de nuestra propia corporalidad frente a la pantalla.

Así, Aro berria es capaz de conectar también con la crisis de época actual. La incesante búsqueda de una experiencia auténtica, esta tendencia cultural que vivimos de querer trascender el momento a través de refugios místicos, se queda en un gesto que no perdura si no se acompaña de una transformación real. ¿Estamos ya en una «nueva era» de la renuncia?

Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.