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Críticas

Ariel: Contra viento y marea, Lois Patiño reclama la libertad de las musas

El cineasta gallego Lois Patiño realiza una película inesperada, teatral y magnética para enfrentarse a la razón del cine
Crítica de 'Ariel', película de Lois Patiño

Agustina Muñoz viaja a una isla de las Azores para interpretar a Ariel en La tempestad, obra de William Shakespeare, pero cuando llega allí todos los habitantes de la isla parece interpretar a los personajes del escritor inglés. En la isla conocerá a otra Ariel (Irene Escolar), a merced por completo del autor y los actores, permitiendo que cada día se termine y completen las obras antes de que se ponga el sol, y renunciando así al deseo de libertad, al juego y a la travesura casi infantil que caracteriza a su personaje. Ariel, deidad del aire, flexible, etérea, ahora queda anclada al suelo de la isla y puede que Agustina corra la misma suerte.

No es la primera vez que Patiño se adentra en La tempestad, habiendo realizado el cortometraje Sycorax (2021), codirigido por el argentino Matías Piñeiro, presente en Ariel literal y espiritualmente. Como Sycorax, Ariel también está atravesada por un componente espiritual y onírico, que la convierte en un cuento o fábula cinematográfica.

Después de matar y revivir el cine en Samsara (2023), Lois Patiño se rebela contra él en Ariel. El director se mantiene fiel a su propuesta cinematográfica, dentro de su heterogeneidad, en una estética sustentada en la poética audiovisual, de la repetición y la naturaleza.

Ariel, el mar y el tiempo

<strong>Ariel</strong>: Contra viento y marea, Lois Patiño reclama la libertad de las musas 1

Será el mar lo que empiece y termine la película, será en el mar donde los pasajeros que viajan a la isla en el ferry sean adormecidos. El mar, casi como trasunto del autor y cineasta, arrastra a los personajes a sus posiciones una y otra vez, atrapados en su corriente y borrando las huellas que limitan la ficción y la verdad. El diseño de sonido (labor de Xabier Erkizia), la fotografía (de Ion de Sosa) y la composición, en todo momento entre lo natural y artificial, son los responsables de ofrecer esta sensación de Ariel como un ciclo, repleta de repeticiones que alimentan su componente más ritual

Se crea un ritmo propio de la película: en la reiteración de los planos del mar y el oleaje como recordatorio de los límites de la libertad, pero cuyo zarandeo suave y dulce realza su belleza, o en el lento vagar de Agustina Muñoz, que se adentra en los planos donde los personajes interpretan sus obras como si estuvieran atrapados en los límites de la pantalla en sus particulares tableau vivants, y es solo ella, casi flotando, fuese capaz de atravesarlos.

Contrasta la poesía de los monólogos y diálogos interpretados con la presencia pop de los actores y la naturaleza que les envuelve, una naturaleza violenta que se impone al arte e interrumpe, como hacen los planos del agua cuando se insertan, la vida y el teatro. En Ariel no existe el tiempo, se suceden en bucle las acciones, las palabras y los gestos; solo el mar y la vegetación salvaje son una especie de recordatorio de un movimiento, de una vida que sigue su curso. 

Ariel desobedece al cineasta

<strong>Ariel</strong>: Contra viento y marea, Lois Patiño reclama la libertad de las musas 2

En Ariel, película, las interpretaciones se perciben como una especie de Stepford Wives (Bryan Forbes, 1975) shakesperiano, robóticas y mecanizadas. Y Ariel, personaje de La tempestad, es sirviente del mago Próspero. Será la Ariel a la que dan vida Irene Escolar y Agustina Muñoz, interpretándose así mismas como actrices de películas de Jonás Trueba yMatías Piñeiro respectivamente, la que desobedezca y ponga en cuestión el propósito que cumple. Ariel, como personaje y película, duda con valentía de su razón de ser, se pregunta cuál es la naturaleza del cine, del teatro y de las artes, duda de los directores, guionistas y espectadores, cuyas miradas dominan y guían a los personajes en la pantalla.

Negándose a satisfacerlos, Ariel no quiere terminar, como el incesante mar y sus olas. Solo una pequeña ruptura en la imagen morada del mar, a modo de telón, desvela la naturaleza más ficcional de las imágenes y recuerda la verdad que ocultan. La película de Patiño se configura como un palimpsesto, con capas sobre capas, ficciones, mentiras y verdades acumuladas, aun pese a la transparencia y carencia de ambigüedad discursiva, pues los personajes se encargarán de enumerar el conflicto entre ficción y realidad múltiples veces.

Si Samsara mataba el cine para darle otro sentido, la inesperada, teatral y magnética Ariel «mata» al cineasta no pronunciando las palabras que se han escrito o que el espectador espera. El silencio se convierte en una revolución, y hace el cine un poco más eterno.

Ana Jiménez Pita

Ana Jiménez Pita

Crítica y programadora de cine, ha formado parte del equipo de programación de Filmoteca Española, y colabora en medios como Revista Mutaciones, Cine Divergente, Caimán. Cuadernos de cine o en programas como Tarde de Perros.