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» No se están dando soluciones legales y pautadas a los pedófilos, y eso hace que se escondan cada vez más»

El director y guionista Álex Montoya estrena en cines ‘Lucas’, una película sobre un joven que acepta coloborar con una persona con comportamientos pedófilos

" No se están dando soluciones legales y pautadas a los pedófilos, y eso hace que se escondan cada vez más" 1

Tras más de 15 años haciendo cortos, los dos primeros largos de Álex Montoya (Valencia, 1973) llegan en años consecutivos. Después de sumarse al proyecto de Asamblea, primera película española que se atrevió a estrenar online durante el confinamiento, Montoya llega a los cines poco más de un año después con un proyecto más personal, la que en principio iba a ser su ópera prima: Lucas, filme que retrata la vida de un joven que empieza a colaborar con un pedófilo por dinero y que acaba de ganar la sección Zonazine del Festival de Málaga.

El director y guionista atiende a Cine con Ñ para hablar sobre su última película. Desde el origen de los personajes hasta de lo complicado que es mantener la ilusión sobre un proyecto, Álex Montoya se lanza a tratar sin reticencias y con naturalidad los temas que pueden surgir a partir de Lucas.

Da la impresión que el planteamiento de Lucas nace más a partir del personaje del pedófilo, Álvaro, que del propio Lucas. ¿Fue así en el proceso de creación?

Es interesante la pregunta porque sí, el planteamiento inicial viene de Álvaro. De hecho sobre él tengo varias páginas escritas sobre lo que le pasa antes y cómo llega a esa situación, muy al estilo de Lolita de Nabokov. Lucas nace de las necesidades que planteaba el mecanismo del thriller, el de ponerte en la piel del malo y preguntarte «si yo tuviera tendencias pedófilas, ¿cómo accedería a estas chicas por redes sociales?». Lo que se me ocurrió fue que Álvaro podía contratar a un chaval un poco aislado, fuera del grupo, que no tuviera acceso a redes sociales, para tener fotos suyas y así poder avanzar en las relaciones con las chicas con las que quisiera contactar. A partir de ahí nació Lucas. Un chaval con esas características, que además había perdido al padre, que permitía jugar también con esa figura paterna.

La película no plantea un discurso de «abracemos a los pederastas»


Y de Álvaro viene también esa manera de tratar el gran tema de fondo de la película, la pedofilia. El personaje plantea rasgos y comportamientos que no son en absoluto negativos. ¿Cómo os planteasteis tratar el asunto?

El comportamiento pedófilo o pederasta tiene distintas ramificaciones, como explica la sexóloga Loola Pérez (@DoctoraGlas). Los casos más peligrosos en estos casos ni siquiera son de personas realmente interesadas en niños, son de sádicos que buscan la víctima más débil y hacerles el mayor daño posible. Luego están los que realmente tienen inclinaciones por prepúberes, entre los cuales también hay diferentes tipos. El caso de Álvaro es otro particular, el de una persona con unas características y una historia por detrás muy específica, por la que entendemos también que no es sexualmente peligroso. Al final, Lucas no es una película sobre la pedofilia, sino una película con un pedófilo muy concreto que está bordeando zonas muy grises y con el que es posible empatizar.

Y así se plantean esas contradicciones clave sobre qué pensar de él como persona mientras ves la película.

Está claro que la película no plantea un discurso de «abracemos a los pederastas». Hay un personaje que pelea consigo mismo, que tiene problemas internos muy importantes y que sale como puede. Lo que plantea Loola Pérez es que a estas personas hay que tratarlas. Demonizándolas y aportándolas de la sociedad totalmente lo que hacemos es evitar que se integren y provocando muchas veces que vuelvan a reincidir. Hay unos pedófilos que compraban mangas porque no podían acceder a material pornográfico infantil. Y ahora se les está prohibiendo. No se están dando soluciones legales y pautadas a estas personas, y eso hace que se escondan cada vez más y no sepamos quiénes son.


¿Para construir a Álvaro hablastéis con algún centro o con alguien en concreto?

No, pero sí que es verdad que está basado en una persona que conozco. Una persona muy amable, mayor, que había hecho cosas que bordeaban lo criminal. Y ahí se me planteaba el dilema de con qué parte me quedaba de esa persona. Es algo que refleja en parte también lo que vivimos como sociedad. ¿Louis C.K. ha dejado de ser un cómico estupendo por lo que hizo? Los seremos humanos tenemos muchas facetas, algunas excelentes y otras execrables, y hay que valorar cómo tratarlas. Es complicado. Creo que lo mejor es intentar comprender lo que pasa en la cabeza de una persona e intentar reconducirla.

Imagínate VOX si se abriese una iniciativa gubernamental que planteara que hay que ofrecer tratamiento psicológico a estas personas


En redes sociales se suele acusar precisamente a discursos como el de Pérez de justificar o incentivar la pederastia. ¿Qué te parecería si la película levantara una polémica entorno a este tema?

Imagínate VOX si se abriese una iniciativa gubernamental que planteara que hay que ofrecer tratamiento psicológico a estas personas. Es complicado. Espero que mi película no destape esta conversación porque creo que el ambiente está demasiado crispado para tenerlo de manera razonada. Si ahora estamos hablando de introducir la salud mental dentro de la Seguridad Social, y aún así hay polémica. Si eso es aún tabú, pues imagínate esto.

El otro tema de la película es el duelo por el que pasa Lucas por la muerte de su padre. ¿Cómo quisisteis tratar esto?

Pasar el duelo por la muerte es algo muy complicado. Hace poco perdimos a la directora de producción de la película, muy joven, por un cáncer. Iba a ser una grande del cine, era una mente privilegiada. Y también se fue mi madrina, que era como una segunda madre para mí. Y de repente estás como un tiempo parado y te vienen como oleadas. El otro día, por ejemplo, me eché a llorar de una manera incontrolable por lo de mi madrina. Lucas, como pasa en casi todas las películas, tiene ese esquema de salir del «atontamiento»: estás en una vida con el piloto automático, en relativa zona de confort, y de repente hay un evento que te obliga a pensar y tomar decisiones. Aunque te duela, la realidad te obliga a tomar decisiones nuevas. Por eso también la estructura de la película funciona, porque trata sobre un personaje que trae un duelo que no ha sabido solucionar todavía.


¿El tema de pasar del corto al largo era una idea que ya estaba encima de la mesa desde el inicio?

Yo he escrito como 10 largos, de los cuales creo que 4 o 5 son rodables. Esta película ha ido evolucionando y cambiando con los años. Cuando llevas mucho con un proyecto, el problema en realidad es que te acabas aburriendo de él. Lo que tienes que hacer es tener un guión, imprimirlo, encuadernarlo, y no tocarlo más. Yo no soy capaz, y he ido sacándolo y cambiándolo. Al final, cuando te llega la pasta, dices «voy a hacerlo» e intentas recuperar el entusiasmo del principio. Es complicado porque los proyectos se alargan, y necesitas mucho trabajo y mucha cabeza para mantener la ilusión en el rodaje. Es una pelea contigo mismo para mantener esas ganas, con muchas idas y venidas. Cuando tenerminé la película estaba horrorizado, pero luego he podido coger las partes buenas y hacerla coherente, quitarle la grasa. Y creo que ha quedado bien.

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