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A diente de perro: Thriller levantino en combustión

El alicantino José Luis Estañ ha levantado una ópera prima nerviosa y segura de sí misma, aunque lastrada por algunas lagunas y clichés narrativos

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A diente de perro, el debut en el largo de José Luis Estañ, arranca tan arriba y tan disparada que no cuesta adivinar lo mucho que dolerá la dura caída que le espera a Darío cuando su subidón se estampe contra la realidad. El cóctel de ese prólogo no deja lugar a dudas –rayas de cocaína en el trabajo, sexo fortuito con la hija del jefe y un golpe criminal que no ha salido bien–, pero la cinta de Estañ ofrece más que un inicio de nervio e impacto. 

Avalada por la productora de Rodrigo Sorogoyen, Caballo Films, A diente de perro nos sitúa en uno de los mejores escenarios para el thriller patrio, ese Levante de polígonos industriales, páramo humano y pasto para tejemanejes delincuentes. Estañ se aferra a ese locus y consigue, que no es poco, dotarle de toda la potencia que se echaba de menos en anteriores thrillers levantinos, en tanto que topografía en la que escasean las oportunidades y su único horizonte es la huida hacia delante.

Ese será el destino de Darío Manzano, el protagonista de A diente de perro, un Miguel Ángel Puro en proceso de combustión, cuando tras descubrir que sus amigos le han birlado una buena suma a los traficantes con los que trabaja acabe casi en punto muerto. La recuperación de Darío, cuando aún se encuentra en el ojo del huracán, es justamente la trama que le interesa a Estañ. De nuevo a contrarreloj y de nuevo el ritmo del suspense in crescendo.  

El ritmo asfixiante en A diente de perro

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El manejo del tempo cinematográfico de Estañ en A diente de perro es, a todas luces, una de sus mejores virtudes. Montada por el propio cineasta junto con Regino Hernández, la dupla consigue imprimir el brío y el agobio que una historia así necesitaba. Su montaje logra que, poco a poco, la película vaya cerrándose en sí misma hasta transmitir al espectador la asfixia emocional que siente su protagonista.

Una virtud de la película que es al mismo tiempo un talón de Aquiles es su capacidad de síntesis. En estas líneas somos de los que celebramos las películas mal llamadas cortas, aunque en el caso de A diente de perro, ese énfasis por contar lo máximo con lo mínimo tapona algunas líneas narrativas, que se parecen quedarse en giros en falso. 

Carta de presentación de José Luis Estañ

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Escrita a seis manos junto con Miguel Ángel Puro e Iván ‘Oggi’ Emery, tal vez algunas decisiones de su guion sean cuestionables -las idas y venidas de algunos secundarios o, muy especialmente, un desenlace excesivo e incongruente con el desarrollo del protagonista-, pero no hay duda de que el debut de Estañ se alza por sí solo en el terreno del thriller patrio. 

Producida, dirigida, co-escrita y también co-editada por él, A diente de perro es una estupenda carta de presentación para un nuevo cineasta que parece asumir riesgos y defenderse bien de estos a pesar de las limitaciones. Todavía es pronto para hacer cábalas, pero queda claro que, de ímpetu para contar historias, Estañ va sobrado. 

Imágenes: A diente de perro – Begin Again Films.

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