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Fallecido a los 89 años

Cruz Novillo y los carteles que cambiaron la historia del cine español

El diseñador conquense, fallecido el pasado 2 de mayo, fue el autor de más de 60 carteles de películas a lo largo de su carrera, casi siempre de la mano de Elías Querejeta y el nuevo cine de autor que promovió como productor
Cruz Novillo

l pasado 2 de mayo fallecía el diseñador José María Cruz Novillo, a los 89 años de edad. Conocido por ser el creador de logos como el del Partido Socialista, la Policía Nacional o el diario El Mundo, además de los antiguos y muy icónicos de RENFE —de la que diseñó toda su imagen corporativa en su día— y Antena 3… o la bandera de la Comunidad de Madrid, una revolución en su día. Porque en plena Transición, el conquense fue uno de esos hombres que cambió el rostro de España.

Algo que también hizo respecto al cine español. Cruz Novillo fue el cartelista de una serie de films que cambiaron la idea que nuestras películas tenían de sí mismas de cara al giro que dio todo el país, unos carteles nuevos para un cine de autor, nuevo, más cercano al que existía en el resto de Europa, que rompía con el pasado y con su mismo diseño anunciaban que estaban ante algo diferente. Y que se construyó gracias a su amistad con dos figuras claves: Elías Querejeta y José Luis Borau.

Aunque el primer cartel de Cruz Novillo, de hecho, no llegó a buen puerto. El rapto de T.T. (1964), de José Luis Vitoria, un encargo que recibió vía Borau cuando aún trabajaba en la agencia Clarín, donde empezó su carrera. Más tarde, junto a su socio Fernando Olmos, firmaría el cartel de Nueve cartas a Berta (1966), de Basilio Martín Patino, aunque realmente fue Olmos el autor del trabajo. La novedad es que ya lo hicieron desde su propio estudio, y como paso previo a una década histórica.

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‘El desencanto’ (1976), de Jaime Chávarri, un cartel de Cruz Novillo.

Cruz Novillo y Elías Querejeta

Como cuenta El hombre que diseñó España (2019), el documental de Andrea G. Bermejo y Miguel Larraya, Elías Querejeta trabajaba en promover un nuevo cine de autor, uno que se identificase al primer vistazo como separado de todo lo anterior. Su amigo Cruz Novillo fue la clave en ese salto, en una relación que arranca con Peppermint Frappé (1967), de Carlos Saura, y llegará hasta bien mediados los 90 con Familia (1996), la ópera prima de Fernando León de Aranoa, y Barrio (1998), más la coda de Los lunes al sol (2002).

La fragmentación temática y la simplificación geométrica para llegar a esencia expresiva de las películas dio lugar a los célebres paneles que envuelven a Ana Torrent en el cartel de El espíritu de la colmena (1973), de Víctor Erice, o el juego con el joker de la baraja y los trucos del mago de A un dios desconocido (1977), de Jaime de Armiñán. En total, llegó a firmar unos 60 carteles (algunos más como «marca» de su estudio que por ser el autor directo), y contando guías, pressboks, títulos de crédito y otros aportes, trabajó en un total de 80 películas.

Del trabajo de Cruz Novillo se puede decir incluso que era tan bueno que murió de éxito: muchos de sus carteles no fueron la versión comercial, sino lo que hoy llamaríamos el teaser, una propuesta estilizada que se presentaba en festivales como San Sebastián o Cannes. El cartel comercial casi siempre era más convencional, mientras que el suyo servía de presentación internacional. El de La escopeta nacional (1977) incluso lo diseñó antes del rodaje y le sirvió a Luis García Berlanga de lo que hoy llamaríamos «concept art» para pedir financiación.

Las imágenes de Cruz Novillo

Cruz Novillo también fue un hombre de cine a través de Las secretas intenciones (1970), de Antonio Eceiza, película en la que el personaje principal, aunque es arquitecto, se basa en él, y que le ofrecieron interpretar, aunque finalmente fue encarnado por Jean-Louis Trintignant. La oficina en la que este trabaja es la del diseñador, y los proyectos que se ven desplegados en la misma son los que él tenía entre manos en aquel momento.

Eceiza le ofrecería también un papel en Último encuentro (1967), y otro amigo, Manuel Summers, quiso que apareciese en El juego de la oca (1978). Todos los rechazó, excepto el de figurante en Los ojos vendados (1965), de nuevo de Carlos Saura, y finalmente el mencionado documental que recorre su carrera, estrenado en 2020 y que puede verse tanto en Filmin como en RTVE Play.

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La escopeta nacional (1977), de Luis García Berlanga.

Sus trabajos fueron tan amplios que pueden llevarnos desde el Hay que matar a B. (1975) de su amigo Borau hasta el mencionado social de León de Aranoa. Ese viaje entre el arte, el diseño y el diálogo con la imagen en movimiento es también la historia de una España que se va, pero que fue posible, en la que los niños de un pueblo perdido de Cuenca pudieron rediseñar los uniformes de la Policía Nacional y contarle al mundo que en ese pequeño rincón olvidado de Europa estaba naciendo un cine vivo, como nunca se había visto antes.

Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.

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