Críticas
Qui som: Ser a la vista

Stills de 'Qui som'. Montaje: ©Cine con Ñ
Qui som es la nueva obra que está preparando una compañía llamada Baro d’evel. La compañía la llevan Camille Decourtye y Blaï Mateu, que, además de pareja creativa, son también pareja sentimental al compartir su vida y la de sus dos hijas. El camino hasta definir lo que será Qui som, con el importante Festival de Aviñón como objetivo, será todo un reto.
Primera película en largo de Salvador Sunyer, Qui som es, en su esencia, un documental inmersivo sobre una compañía multidisciplinar y una obra que busca nuevos caminos. Pero también es una película sobre una familia, una pareja y, juntas y por separado, las dos personas que la forman: Camille y Blaï, Blaï y Camille.
Lo valioso de Qui som, la película, es ser capaz de mimetizarse con la filosofía abierta de Baro d’evel y conectar todos sus elementos desde la exposición del proceso artístico. Sin idealizar el colectivo, presentando sus contradicciones y dificultades, Sunyer ha conseguido meterlo todo dentro de un espacio que con naturalidad y elegancia puede ser tan trascendente como cercano.
Función de familia

Es interesante ver cómo cada cineasta se toma el reto de filmar directamente las artes escénicas y ponerlas en relación con el cine desde el documental o la no ficción. En España, en el terreno de las referencias clásicas: ahí está todo lo que hizo Carlos Saura en torno a la música y el baile, casi siempre poniendo las herramientas cinematográficas al servicio del ‘otro’ arte retratado, o la fundamental Función de noche (1981), de Josefina Molina, que usaba el reflejo del personaje de Lola Herrera en la obra Cinco horas con Mario para llegar a confesiones ocultas de su propia vida.
Lo que ha hecho Sunyer se podría acercar más a la tarea inmersiva y de creación de espacios de Saura, abrazando la heterogeneidad a pecho descubierto de Baro d’evel, en la que cabe danza, circo, teatro u ópera en un mismo concepto. Pero el director también mantiene una cierta distancia que le permite adoptar la posición del público frente a la fragilidad de la preparación y las dudas de la creación —algo que hizo bien, por ejemplo, Arantxa Aguirre en la rigurosa Dancing Beethoven (2016)—.
Por otro lado, hay un componente íntimo que también cruza la relación de Qui som con la escena. Al intercalarse la preparación del espectáculo con varias secuencias intrafamiliares, las dos se van entrelazando: la manera en que Camille y Blaï tienen de vivir se retroalimenta con su visión del arte como sincerísima comunicación entre unos y otros, lo que acaba también involucrando a sus hijas y su forma de ver el mundo.
Qui són, qui som

La dificultad añadida, y que hace aún más valiosa la película, es que el espectáculo no es una traslación directa de una experiencia íntima o, en un giro clásico de la relación del audiovisual con el teatro, con una forma terapéutica de tratar algo personal. Qui som está lejos de la narrativa visceral de, por ejemplo reciente, Sucia. ¿Por qué no hiciste nada? (2026) —con la que comparte la potente fotografía de las tablas de Toni Vidal, por cierto—. Y aún así, se transmite que la obra que se prepara representa, sin explicarla, la personalidad y las ideas de sus directores.
Las líneas narrativas que elige Sunyer son más sutiles pero también mucho más ilustrativas que si alguien nos detallara a cámara que Qui som (la obra) trata sobre «qué hacer después del colapso del mundo». Un acierto del documental es, por ejemplo, incorporar lo sucedido con Oriol Pla, que termina por salirse de la compañía. Lo que pasa con el actor sintetiza perfectamente lo frágil y vulnerable del proceso, que también tiene que ver con una conexión emotiva entre las partes que forman el todo.
Por ir echando el telón: Qui som es una película que consigue eso que hacen las buenas películas: que una experiencia concreta, en este caso la de Baro d’evel, consiga trascender el caso particular. Ya sea por oposición, aspiración, semblanza o empatía compartida, al entender ‘qui són’ Camille Decourtye y Blaï Mateu y su familia entendemos también un poco más quiénes somos nosotros. No hay aspiración más grande para el arte.

Arturo Tena