Suscríbete Iniciar sesión

Críticas

Viaje al país de los blancos: Las preguntas incómodas que plantea

Una cuidada producción, a la altura de la historia de migración de Ousman Umar, pero que no esquiva el síndrome del 'salvador blanco'
Crítica de 'Viaje al país de los blancos', película de Dani Sancho

Viaje al país de los blancos cuenta, de su propia voz, la historia de Ousman, un niño ghanés que se obsesiona con descubrir los lugares en los que se crean los aviones. Siendo un adolescente, Ousman emprende un viaje desde su pueblo que le llevará hasta España. El joven tendrá que cargar con las consecuencias del viaje y su llegada a un país del que no conoce nada.

Drama humanista basado en hechos reales, Viaje al país de los blancos lleva a la ficción la impactante historia de Ousman Umar, un hombre que consiguió llegar a Europa cinco años después de salir de Ghana y luego abrirse camino en Europa. Con guión de Guillem Clua, la dirige Dani Sancho, en su primera experiencia en largometraje de ficción.

Viaje al país de los blancos es una película con empaque, bien producida, que sabe cómo quiere contar su historia y tiene la legitimidad para contarla de la forma en la que la cuenta, integrando el inevitable recurso sentimental en una narración que no carga las tintas y se permite una cierta luz para lanzar su mensaje de denuncia. La hace mejor que películas de su cuerda como la denuncia algo estéril de El salto (2023) o el proselitismo de Te protegerán mis alas (2025).

Viaje al país de los blancos y la importancia de poder contar bien una historia

<strong>Viaje al país de los blancos</strong>: Las preguntas incómodas que plantea 1

Es un poco frustrante ver buenas ideas en el cine español que se quedan a medias por no haber tenido los recursos suficientes. No es el caso de Viaje al país de los blancos, que cuenta con unas posibilidades por encima de la media, y las aprovecha. Habría sido muy difícil poder contar la historia de Umar sin unas condiciones a la altura. El filme responde con un despliegue importante, liderado por Atresmedia (con Jaime Ortiz de Artiñano al frente) y Mundo Cero, la productora de Ibon Cormenzana especializada en cine de carácter humanitario.

La comodidad de una producción siempre se mide en tiempo, y aquí se nota que ha habido una cierta holgura para retratar ambientes y poder tomar decisiones creativas a la hora de plasmar ciertas ideas de guión y que hayan podido entrar en el metraje final. Hay una planificación bien llevada para las secuencias de acción y una combinación natural entre exteriores e interiores que permiten seguir su historia sin cortapisas y con la intensidad que requieren.

En general, Dani Sancho y su equipo han resuelto los distintos retos del guión para que la película luzca más donde tiene que lucir y poder entrar en su historia, pero también para que el trabajo de los actores, una de sus principales tareas como director, esté engrasado en la misma línea. Todos los intérpretes están bien: Emma Vilarasau le da fuerza dramática a la película y Benjamin Kakraba asume con naturalidad y cercanía el reto de cargar con buena parte de la historia. Hasta el propio Ousman Umar, un debutante interpretándose a sí mismo, está convincente.

El buen ejemplo para el blanco

<strong>Viaje al país de los blancos</strong>: Las preguntas incómodas que plantea 2

Dicho esto, hay una problemática lógica de fondo de la que Viaje al país de los blancos, pese a que sus intenciones son maravillosas y está bien contada, no puede salvarse. Por su mera existencia. Aceptando —una derrota en sí misma— que necesitamos películas de denuncia para alertar sobre el drama humanitario que se vive en los flujos migratorios que nos rodean, la increíble historia de Ousman Umar no deja de ser un ejemplo del migrante «modélico», que ha querido integrarse y ha logrado superarse.

Algunas secuencias entre el protagonista y Emma Vilarasau ilustran que seguimos necesitando que nos cercioren que esta persona es objetivamente buena, que se va a portar bien, para que merezca nuestra ayuda. El «salvador blanco» vuelve, y, pese a que haya pasado así de verdad, implica una forma de pensar menos humanista de la que parece. La perspectiva occidentalizada permanece.

¿Necesitamos este tipo de historias para ser empáticos y entender lo terrible y difícil que puede ser salir de tu país y enfrentarte a lo que se enfrentan miles de personas en busca de un futuro mejor? Parece que sí, pero no puedo dejar de considerarse un fracaso social. Ver este tipo de ejemplos edificantes y maravillosos, que «conciencian», pueden hasta hacernos creer que estamos haciendo algo por reconocer en una pantalla esas dolorosas realidades, invisibilizadas en nuestro día a día. Nos permite sentirnos mejor sabiendo que al final de la película nos reafirmaremos en lo indignante de la situación y que hay que aplaudir a personas como Ousman Umar. Seguramente ayude en mejorar algo, pero también puede significar un permiso para reforzar el no hacer nada.

En cualquier caso, eso no es un problema (solo) de Viaje al país de los blancos. Dani Sancho ha firmado una película que se permite contarse bien y con cariño, en los márgenes que necesita y con las hábiles líneas de guión de Clua para que, una historia que se sabe que acaba bien, mantenga sus pequeñas sorpresas y cierres emocionales. Debería de funcionar en salas.

Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.